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La chilena Angie Figueroa y su esposo Alberto Zenteno emigraron a Países Bajos en el 2022, aprovechando una oferta laboral. Angie explica la adaptación a la cultura neerlandesa y la organización de los holandeses en su vida personal y laboral. Destaca también la prioridad de la bicicleta como medio de transporte y los aspectos únicos de la sociedad neerlandesa.
A veces la vida puede traer oportunidades que uno puede aprovechar, como le ocurrió a Angie Figueroa, quien emigró junto a su esposo, Alberto Zenteno a Países Bajos.
En la ciudad de Roermond, que se ubica a dos horas de la cápital Ámsterdam, la pareja de chilenos vive desde el 2022.
Desde que a Alberto le llegó una oferta laboral, ambos han aprovechado esta oportunidad que representa la inmigración. Así lo explica Angie en conversación con BioBioChile. “Nos conocimos en el 2021 y él estaba buscando trabajo en el extranjero. Entonces, mientras nosotros empezamos a salir en ese periodo, él encontró este trabajo acá. Y así fue como me vine, me invitó, me dijo: ´Oye, ya, pues tenemos una relación, ¿qué es lo que va a pasar con nosotros? Tenemos esta posibilidad de irnos´ Y yo la verdad es que ni siquiera lo pensé”.
Sin dimensionar mucho el cambio de vida, Angie decidió mudarse al país de los tulipanes y aventurarse. “Nunca caí en cuenta de lo que significaba vivir fuera del país, cuando llegué a Países Bajos, fue cuando caí en cuenta de lo que significaba emigrar”, comenta Figueroa a BioBioChile.
La oportunidad de vivir en Países Bajos
Ambos viven en Roermond, que es una ciudad chiquita en palabras de Angie, que está entre dos ciudades más grandes, una es Maastricht, que es una ciudad universitaria, donde está la Universidad de Maastricht, y está entre otra ciudad, que se llama Eindhoven, que es la ciudad tecnológica más importante, después de Ámsterdam. “En Eindhoven, está la empresa Philips, que mueve al país en la parte tecnológica, entonces nosotros vivimos justo en el medio, a 30 minutos de estas dos ciudades grandes”, relata Figueroa.
“Cuesta mucho encontrar casa, pero también porque yo trabajo en Maastricht, Alberto trabaja en Eindhoven y ninguna de las dos ciudades era una opción, por lo difícil que es encontrar casa, por lo caro que es encontrar”.
“Al inicio fue superdifícil, igual yo soy supercercana con mi familia de Concepción, entonces también me costó mucho el tema del apego. Pero ahora, ya después de casi 5 años que llevo viviendo acá, ahora estoy disfrutando el momento”, detalla Angie.

En relación a los residentes extranjeros, en 2024, más de 1,5 millones de personas en los Países Bajos tenían nacionalidad extranjera, según las cifras de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, lo que representa el 8,5% de la población total.
“Yo diría que hoy en día se sigue fomentando la inmigración al país, porque de verdad se necesitan inmigrantes para seguir desarrollándose, por ejemplo, en el área tecnológica, hay muchos inmigrantes trabajando, porque las empresas son supergrandes y necesitan personal de afuera, que fue el caso de Alberto”, puntualiza Angie Figueroa a la presente redacción.
“La gente recibe muy bien a los extranjeros, pero obviamente también uno como extranjero, tiene que acostumbrarse a la cultura. Uno no puede venir al país y creer que por uno, el país tiene que cambiar. Al final, uno se tiene que ajustar, así la gente te va aceptando en ese sentido”, complementa.
Por otra parte, Angie cuenta que hay un detalle que le llama la atención del país, donde cada ciudadano tiene acceso a un médico que monitorea a un grupo de pacientes, así la consulta se focaliza en realizar un seguimiento al historial clínico. “Supongamos tú necesitas, un tratamiento para la vista, entonces tienes que ir a tu doctor de cabecera y él te hará los exámenes pertinentes para decir si te derivan a un especialista o no”, explica Figueroa a BBCL.
El país de las bicicletas
En Países Bajos, a inicios de 1970, había 100 autos por cada 500 habitantes, lo que generó un caos vial en las históricas calles del país, que habían sido construidas en el medioevo, lo que originó que más de 3.000 personas murieran atropelladas, entre ellas, 500 niños.
A raíz de esta catástrofe, el país inició un movimiento ciudadano que promovió el uso de la bicicleta como método de transporte. De hecho, la reacción de la opinión pública contra estas elevadas tasas de mortalidad, coincidió con la crisis del petróleo de 1973, lo que redujo la producción y las exportaciones de los modelos de automóviles, informó EuroNews.
La combinación de estos dos acontecimientos motivó al estado neerlandés, a construir más de 35.000 km de ciclovías. “Aquí el uso de la bicicleta es algo supernatural. Para ellos, no es una salida recreacional, sino que es un medio de transporte. Es un medio de transporte mucho más económico, además mucha gente lo prefiere. También los neerlandeses prefieren los autos pequeños porque en algunas ciudades, las calles son pequeñas. Entonces, no vas a ver autos como las camionetas gigantes 4×4”, explica Figueroa.
“En las calles, las ciclovías están superbien delimitadas, y cuando la ciclovía se junta con la calle normal de autos, los autos son cuidadosos, porque la bicicleta tiene la prioridad por sobre el peatón”, enfatiza Angie a BBCL.

La vida con los neerlandeses
De los cinco años que lleva viviendo en Países Bajos, Angie en su trabajo como bibliotecaria en la Universidad de Maastricht, entiende por qué se les ha creado fama de que los neerlandeses son “superfríos”. Para ella, cree que se trata de otra cosa, de que son sumamente francos. “Yo diría que son más directos y eso en nuestra cultura latinoamericana puede chocar”.
“Yo por lo menos, soy mucho de abrazar, del contacto más físico, etcétera. Y aquí ellos no están acostumbrados a eso. Hay un choque cultural con los latinos ahí, por eso se dice que los holandeses son pesados. Nosotros somos mucho de abrazar o de saludar con beso en la cara; aquí son de darte la mano y eso está bien”, reflexiona.
“Yo no he tenido, por ejemplo, nunca ningún problema con un holandés o nunca me he sentido discriminada. He tenido muy buenas experiencias con compañeros holandeses”, afirma Figueroa.

También cree que una cualidad que los define, es que son bastante organizados y estructurados. “Creo que todo el mundo que venga de países más cálidos, sabe que si quieres hacer una cita imprevista con un holandés para ir a tomarte un café no va a resultar. Porque como mínimo tienes que avisarle con días de antelación”, explica Angie.
“Son superorganizados y superestructurados, eso también los hace ver más fríos, pero a su vez, se ve reflejado en cómo tienen organizado el país. Ellos tienen todo planificado con antelación, aunque a veces le dan como estos cortos circuitos, cuando propones algo que no estaba”, añade.
Al respecto, esto se puede percibir hasta en los cumpleaños. “Los cumpleaños holandeses también son superdiferentes a cómo los celebramos, por ejemplo, te dicen: ´Ya, te invito a mi cumpleaños el 20 de mayo, empieza a las 5 de la tarde y termina a las 9´ Entonces, olvídate del asado o el bajativo”, asegura Figueroa a BioBioChile.
Finalmente, Angie cree que al ser estructurados, logran balancear su vida personal y laboral a la perfección. “Aquí son superresponsables con el trabajo; ellos llegan a la hora y se van a la hora, pues trabajan lo que tienen que trabajar. Por ejemplo, si salen a las 5, media hora antes la oficina está casi vacía, porque ya terminaron su trabajo y si no alcanzan, saben que lo pueden avanzar al día siguiente, pero no están pensando en el trabajo todo el tiempo”.
“Ellos no viven para trabajar, sino que su trabajo es parte de su vida, no es lo principal. Ahora que estamos en primavera, ya a las 4:30, no hay nadie en la oficina, porque como hay sol, está todo el mundo en las terrazas, bebiendo algo o disfrutando de un café. Entonces, hay vida después del trabajo”, indica.
“Los neerlandeses tienen una vida superbalanceada”, opina la chilena.
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