Mientras la mayoría de las personas privadas de libertad espera con ansias el día en que pueda abandonar la cárcel, un interno argentino tomó el camino opuesto. Augusto Pacicco, un preso de 39 años, rechazó la posibilidad de acceder a la libertad condicional y pidió a la Justicia que lo dejara cumplir íntegramente su condena de dos años en prisión, una decisión motivada por su temor a reinsertarse en la sociedad y por la relación que mantiene con otro recluso.
Pacicco permanece en la Unidad Penitenciaria N° 5 de Villa María, en la provincia de Córdoba, Argentina, donde cumple una condena por microtráfico. Aunque su abogado buscaba que obtuviera el beneficio de la libertad condicional, él presentó una carta de puño y letra ante el Tribunal Oral Federal N° 3 para solicitar exactamente lo contrario.
En el escrito explicó su postura con claridad: “No me siento apto para reinsertarme en la sociedad”. Además, manifestó que desea completar el tratamiento psicológico y psiquiátrico antes de recuperar la libertad.
“Quiero cumplir con el debido tratamiento psicológico y psiquiátrico para así poder, al término de la condena, salir sin el tormento de ir y firmar todos los meses, ya sea en tribunal o en la sede del patronato de presos liberados. Primero, porque sé que no voy a cumplir con esos requisitos, y segundo, sé que voy a estar con captura por no cumplir con el reglamento y disposiciones de este Tribunal. Salir y no deber ni un día me parece apropiado”, escribió, según recoge Infobae.
Durante una entrevista con el programa Telenoche de la televisión argentina, el interno reconoció que incluso otros presos no comprenden su decisión. “Todos los presos me dicen que estoy loco, que les gustaría estar en mi lugar. No hay nadie que no quiera irse de acá. ¡Soy el único!”, afirmó.
Augusto Pacicco, el preso que rechazó la libertad en Argentina
La historia de Pacicco también está marcada por un duro pasado. Según relató, trabajó durante años como técnico en emergencias médicas y atendía pacientes del PAMI, hasta que la muerte de su madre desencadenó un grave consumo de drogas. “Me vine abajo. Se me presentó la oportunidad de la droga y caí”, recordó.
Con el tiempo perdió su empleo, quedó en situación de calle durante una década y terminó integrándose a una banda dedicada al microtráfico para sostener su adicción. “Compraba cinco gramos, vendía uno y consumía cuatro”, contó.
Sin embargo, el miedo a recaer no es la única razón que explica su decisión. En la cárcel conoció a Roy, otro interno condenado por una causa similar, con quien mantiene una relación hace poco más de un año.
“Pedí no salir por dos motivos: no me siento apto para enfrentar la libertad y, también, quiero quedarme al lado de mi pareja, que me necesita”, explicó.
Pacicco aseguró que la cárcel se transformó en un lugar de estabilidad después de años viviendo en la calle. Allí cuenta con un lugar donde dormir, comida y acceso a tratamientos, mientras que fuera del penal no tiene vivienda ni trabajo.
“Me preocupa retomar la libertad, no sé dónde voy a vivir, qué voy a hacer el segundo día. Y tengo miedo de recaer si salgo antes de tiempo”, sostuvo.
Pese a que su abogado intentó convencerlo de aceptar la libertad y ofreció gestionar un alojamiento transitorio, Pacicco ratificó su decisión ante los jueces. Finalmente, el tribunal respetó su voluntad y lo condenó a dos años de prisión de cumplimiento efectivo, por lo que permanecerá tras las rejas hasta completar los 10 meses que aún le restan de condena.