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La cobertura del rescate en Cajón del Maipo tras las lluvias en Chile acaparó la atención mediática y de las redes sociales, pasando de la emergencia a la farándula. Los protagonistas buscaron visibilidad y beneficios económicos, generando debate sobre la influencia de las redes en la percepción colectiva. Estos fenómenos reflejan la importancia de regular y educar sobre el uso problemático de las redes sociales, y la urgencia de reflexionar sobre la construcción de la visibilidad como capital social. La sociedad reacciona al caos y busca simplificar narrativas, aunque esto pueda deshumanizar a los implicados.
Todos se enteraron. La cobertura del rescate en el Cajón del Maipo — en plena emergencia por la saga de sistemas frontales que afectó el centro sur de Chile semanas atrás — copó portadas, pantallas, redes sociales y programas de farándula en cuestión de días, aun cuando la emergencia seguía desarrollándose. De un momento a otro, la atención pasó de los ríos desbocados a las biografías de los tres involucrados en la maniobra (y las primeras imágenes que se utilizaron para encontrarlos).
Lo que comenzó como motivo de preocupación, terminó en motivo de jolgorio colectivo. Y al mismo tiempo en que abundaron los memes, chistes y comentarios, también lo hizo la plusvalía de sus protagonistas.
‘El Chino’, previo pago, recaló en el programa de farándula ‘Plan Perfecto’ para “contar su verdad”, misma situación que sus acompañantes en la lluviosa excursión. Luego, intentó inscribir su apodo en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi). Este fin de semana será su primer evento discotequero.
“La atención se da por la inmediatez y liviandad propias de las redes sociales”, plantea en diálogo con BioBioChile Alberto López-Hermida, director de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae.
“Es necesario saber distinguir la visibilidad que a ambos casos le dan las redes sociales de la visibilidad de los medios de comunicación periodísticos. Son distintos y la responsabilidad es distinta”, sintetiza.
El tema, como era de esperar, rápidamente se convirtió en alimento de matinales: al principio, con la emergencia aún en curso, el foco se situó en los recursos públicos gastados en la maniobra de rescate (alrededor de 100 millones de pesos). Cuando las lluvias amainaron, el acento estuvo en las nimiedades: qué llevaron, qué pretendían, cómo sobrevivieron. “¿En qué andaban?”, fue una pregunta que se repitió en paneles televisivos que abordaron el tema.
“Las redes sociales no solo difunden los hechos, sino que participan activamente en la construcción de su significado”
Pero ese es solo un ejemplo de particulares. Días atrás, la influencer Josefa Sáez hizo lo propio cuando publicó un video de su perro comiendo wabasi, aunque con un resultado adverso: la viralización de la secuencia le valió la cancelación de un contrato con Falabella y una ola de mensajes de repudio en las mismas plataformas que antes le dieron ingresos monetarios y poder.
Para la psicóloga y docente universitaria Rocío Almendras Reyes, “estos casos parecen muy distintos, sin embargo, ambos reflejan un mismo fenómeno: las redes sociales no solo difunden los hechos, sino que participan activamente en la construcción de su significado”, explica a BioBioChile.
“Desde la psicología social sabemos que las personas no reaccionamos únicamente frente a lo que ocurre, sino frente a la interpretación colectiva que construimos sobre esos acontecimientos. En pocas horas, miles de comentarios, reacciones y publicaciones pueden instalar una narrativa compartida que transforma a alguien en héroe, villano o celebridad”, acota.
Según Almendras, se trata de un fenómeno conocido como “influencia social”. “Cuando vemos que una opinión es ampliamente respaldada, tendemos a validarla con mayor facilidad”, resume. “No siempre porque la hayamos reflexionado profundamente, sino porque el consenso aparente genera una sensación de certeza. Así, las redes amplifican emociones y posiciones que rápidamente se vuelven dominantes”.
Almendras desarrolla el punto y complementa con otros conceptos de la rama: “Paralelamente ocurre un proceso de ‘desindividuación’. El anonimato y la distancia que ofrecen las plataformas reducen la sensación de responsabilidad de las personas, facilitando comentarios que probablemente no haríamos cara a cara. Además, los algoritmos privilegian los contenidos que generan mayor interacción y sabemos que emociones como la indignación, la rabia o el miedo movilizan mucho más que la reflexión. Esto hace que las posturas más extremas sean las que logran tomar partido de inmediato”.
Pero este fenómeno, señala la psicóloga, no ocurre aisladamente, y también refleja un contexto social y cultural “donde la atención se ha convertido en un recurso económico”.
“Hoy la visibilidad es una forma de capital, puede abrir oportunidades, generar ingresos o instalar una figura pública en cuestión de días. Al mismo tiempo, vivimos en una sociedad marcada por la inmediatez y sobreinformación, donde buscamos explicaciones rápidas para fenómenos complejos. Eso favorece que construyamos relatos simples con héroes y villanos claramente definidos, antes incluso de conocer todos los antecedentes. La psicología denomina a este proceso como categorización social, que es cuando necesitamos simplificar la realidad para comprenderla rápidamente. Sin embargo, esa simplificación suele terminar deshumanizando”, advierte.
“Una regulación clara y una psicoeducación ciudadana en torno a los riesgos del uso problemático de redes sociales e internet, podría prevenir problemas de salud mental social, psicológica y emocional de manera relevante”
Para Nicolás Núñez Fernández, psicólogo y magíster en Neurociencia y docente en la Universidad Andrés Bello (UNAB), esta tendencia de anónimos “famosos” por acciones o decisiones de repudio general, es un signo de preocupación.
“Hay dos aspectos que pueden ser particularmente complejos. Uno que tiene que ver con la masificación de estos casos, que se hacen públicos en segundos, y que exponen a los afectados a un juicio social que en ocasiones puede ser extremadamente duro, parcial y carente de empatía. Por otro lado, esta exposición, paradójicamente, puede beneficiar a quienes realizan estos actos moral, ética o legalmente cuestionables, cuando esta mayor atención mediática es valorada por ellos, ya sea en si misma (mayor atención o reconocimiento) o como un recurso que da acceso a otras oportunidades y beneficios, como una mayor cantidad de seguidores, patrocinio por publicidad, o ganancias por participación en medios, etc”, detalla a BioBioChile.
En la misma línea, para Núñez, un aspecto llamativo de la cobertura mediática del rescate en Cajón del Maipo fue “el debate que se generó en torno a voces que llamaban a no dar cobertura a este tipo de eventos y sus protagonistas, para no incentivar o premiar a sus protagonistas dándoles atención y otros beneficios asociados. Creo que nos habla de una sociedad que reacciona a la anomia (ausencia de normas sociales) que ella misma produce, y se orienta al orden, en medio del caos, y eso me parece particularmente interesante de estudiar”.
(P): Se percibe cierta ansiedad en la audiencia con respecto al consumo de estas noticias. ¿Ve en esto síntomas del actual problema de salud mental en el país?
(Nicolás Núéz, psicólogo y magíster en Neurociencia): Este tipo de noticias activa dos mecanismos emocionales que tienen una base en nuestro sistema nervioso. Por un lado, activan un sentido de alarma, que se relaciona con la percepción de una amenaza social, que activa respuestas automáticas orientadas a detectar transgresiones a las normas sociales, y reaccionar frente a ellas con una actitud de repudio y rechazo. Por otro lado, este mismo fenómeno, activa una sensación de recompensa, mediada por la acción de un neurotransmisor llamado dopamina. Esta respuesta se activa en relación con la percepción de poder traer orden a un mundo en caos, por medio de la denuncia, y el ajusticiamiento de los responsables.
El hecho de que estas respuestas se generen no habla de por si de una mala salud mental individual, sino más bien de un malestar social que reflejan este tipo de casos, y que se puede observar en indicadores como: un bajo nivel de coherencia social (la sociedad no practica lo que promueve en su discurso); contribución social (cada individuo contribuye a una mejor sociedad) y crecimiento social, componentes que han sido investigados por autores como Corey Keyes, siendo identificados como factores claves para una salud mental positiva. La sociedad percibe estos casos como amenaza a un sentido de bienestar social, y reacciona frente a ellos.
(P): ¿Cómo cree que debería ser el tratamiento de los usuarios de redes sociales con respecto a temas como el comentado rescate en Cajón del Maipo, teniendo en consideración aspectos como la ansiedad?
(N.N): Me parece que desde una perspectiva comprensiva. Este tipo de casos nos habla de una forma en que la sociedad resuelve sus problemas y necesidades. Un gran problema de coherencia que amenaza nuestro bienestar tiene que ver con la distancia que hay entre los intereses del mercado de las redes sociales, que no necesariamente están alineados con los valores sociales, éticos y morales de nuestra sociedad. De esta forma, en las redes sociales las interacciones son valoradas por sobre el contenido y su calidad moral o ética. Así es como personas pueden buscar mayor atención e interacción en redes a costa de transgredir los límites de una sana convivencia social.
(P): ¿Está pendiente en Chile una conversación sobre el uso general de redes sociales, tanto en menores como adultos?
(Nicolás Núñez): Me parece que sí. La legislación lamentablemente avanza mucho más lento que la tecnología y su difusión, por lo que actualmente tenemos una serie de problemas derivados del uso problemático del internet y las redes sociales, como lo son el uso compulsivo de internet, el bullying digital, el vamping, a los cuales no estamos reaccionando, y estamos llegando tarde. Una regulación clara y una psico educación ciudadana en torno a los riesgos de este y otros fenómenos asociados al uso problemático de redes sociales e internet podría prevenir problemas de salud mental social, psicológica y emocional de manera relevante.
Redes sociales e influencera por accidente: ¿Está todo perdido?
Este fin de semana, “El Chino” debutará como ‘entertainer’ discotequero en un club de Bellavista, uno de los barrios más populares de la noche santiaguina. La cita fue bautizada como “La leyenda nos visita”.
Para Alberto López-Hermida, director de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae, la audiencia actual de medios de comunicación masivos carece de conciencia sobre cómo el interés en estos personajes puede ir en directo beneficio de sus intereses.
“No creo que haya consciencia, pero el beneficio para alguien como ‘El Chino’ será tan volátil como su llegada a la figuración pública. Son casos (como el de Josefa Sáez) de gente que adquiere una visibilidad que puede adquirirse tan rápido como perderse de manera inmediata. El problema es que al perderla puede ir acompañado de una condena desmedida hacia la persona, como en el caso de Sáez”, plantea.
“Lo que hizo su padre es repudiable, condenable y, ojalá, juzgable, pero distinto es atacar a la persona y quedarse en eso. No he visto, por el momento, una nota periodística que explique qué alimentos son perjudiciales y beneficiosos para un animal. Estas son oportunidades para hacer buen periodismo y, hasta el momento, no lo he visto”, recalca.
Sobre este punto, agrega: “Me preocupa, particularmente, el que los medios se hagan parte de la mirada burlesca en el caso del Chino. Creo que los medios tienen una responsabilidad en el respeto a la dignidad de las personas y eso nos diferencia a los periodistas de los comentaristas de redes sociales. Que un medio les dé difusión sin más contenido que la burla en sí, me parece preocupante en lo ético”.
Para la psicóloga y académica Rocío Almendras Reyes, casos como estos esconden un fenómeno mucho más profundo: “Durante mucho tiempo, el reconocimiento social era el resultado de una trayectoria, una persona se hacía conocida por años de trabajo, por desarrollar un oficio o por realizar un aporte sostenido a la sociedad. Hoy las redes sociales han modificado esa lógica”.
“En la llamada economía de la atención, la visibilidad se convierte en un capital por sí mismo. Un acontecimiento inesperado puede transformar a una persona anónima en una figura pública de un día para otro, abriendo oportunidades económicas, laborales o mediáticas que antes parecían impensadas. La fama deja de estar necesariamente asociada al mérito y comienza a depender de la capacidad de atención colectiva. Esto no solo cambia la vida de quienes se vuelven virales, sino también nuestra manera de entender el éxito, el reconocimiento y el valor social”.
“Quizás la reflexión más importante es que, cuando comentamos estos casos, creemos estar hablando de otras personas, pero también estamos mostrando que tipo de sociedad estamos construyendo. Cada reacción colectiva define qué conductas premiamos, cuáles sancionamos y hasta dónde estamos dispuestos a llegar cuando emitimos un juicio desde una pantalla. Porque al final, estos fenómenos hablan menos de quienes se vuelven virales y mucho más de nosotros como espectadores y de la forma en que hoy construimos la vida social en el espacio digital”.
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