Para muchas personas, el Día de la Madre llega acompañado de flores, almuerzos familiares, regalos y mensajes de cariño.
Sin embargo, para quienes perdieron a su mamá —o a una figura materna importante— esta fecha puede abrir una herida difícil de explicar.
Entre vitrinas llenas de promociones, publicaciones en redes sociales y saludos que parecen estar en todas partes, la ausencia puede sentirse con más fuerza.
Y aunque haya pasado poco o mucho tiempo desde la pérdida, es normal que ese día despierte tristeza, nostalgia, incomodidad o incluso ganas de aislarse.
Según explica Constanza Vidal, psicóloga especialista en duelo de Acoger, red de cementerios católicos, estas fechas tienen una carga emocional especial.
“Fechas como el Día de la Madre son profundamente simbólicas, ya que conectan directamente con los vínculos más significativos. Por lo mismo, las ausencias se hacen más evidentes. No es un retroceso sentir más tristeza o nostalgia; es una respuesta humana y natural frente al amor que existió”, señaló.
Por eso, vivir el Día de la Madre desde el duelo no significa “volver atrás” en el proceso. Más bien, puede reflejar que ese vínculo sigue presente, aunque la persona ya no esté físicamente.
Por qué el Día de la Madre puede ser tan difícil en un duelo
El Día de la Madre puede remover recuerdos, tradiciones y momentos que antes formaban parte de una rutina familiar: una llamada, una visita, una comida especial o incluso un gesto sencillo que ahora se extraña.
De acuerdo con Vidal, uno de los factores que más influye es la activación de la memoria emocional. Es decir, los recuerdos asociados a la figura materna pueden intensificar la sensación de ausencia.
A eso se suma la presión social por celebrar. Mientras el entorno parece vivir la fecha con alegría, quienes están en duelo pueden sentir culpa por no querer participar, incomodidad ante los saludos o una sensación de desconexión con el ambiente festivo.
El doctor Mauricio Droguett, psiquiatra de Clínica Las Condes, indicó que el duelo forma parte de una experiencia humana esperable. “El duelo es un proceso normal y natural por el que casi con total seguridad todos pasaremos en algún momento de nuestras vidas”, explicó.
En ese sentido, el especialista advierte que conviene mirar estas emociones con cuidado, sin tratarlas como algo necesariamente patológico.
“Es importante conocer las manifestaciones normales del mismo y ser prudentes en su interpretación, pues de lo contrario podemos caer en el error de considerar patológicas manifestaciones completamente naturales y adaptativas en este proceso”, agregó.
No hay una sola forma correcta de vivir la fecha
Una de las recomendaciones más importantes es no obligarse a celebrar si no se tiene ánimo. Validar lo que se siente puede ser el primer paso para atravesar el día de una manera más amable.
La tristeza, la nostalgia o incluso la ambivalencia pueden aparecer juntas. También puede ocurrir que una persona quiera recordar a su madre con cariño durante un momento y, al rato, necesite tomar distancia de la fecha. Todo eso puede formar parte del duelo.
Vidal recomienda anticipar cómo se quiere vivir ese día. Pensar con quién estar, qué actividades evitar o qué espacios pueden resultar más contenidos ayuda a disminuir la ansiedad previa.
También puede servir crear nuevos rituales. Encender una vela, escribir una carta, mirar fotografías, cocinar algo que le gustaba a la madre fallecida o visitar un lugar significativo pueden convertirse en formas personales de honrar el vínculo.
Droguett coincide en que compartir con otros puede ayudar a transitar la fecha. “Puede ayudar a sobrellevar estas fechas el reunirse con familiares o amigos a conmemorar la ocasión, recordar a la madre fallecida, destacando los momentos gratos que se compartieron, más que lamentar su ausencia”, indicó.
Eso sí, no todas las familias viven el duelo de la misma manera. Algunas preferirán reunirse; otras, pasar el día en silencio o hacer algo íntimo.
No existe una actividad única que sirva para todos. Lo importante es encontrar una forma que tenga sentido para quienes están viviendo la pérdida.
Respetar los propios límites también ayuda
Durante el Día de la Madre, las redes sociales pueden transformarse en un espacio especialmente doloroso al ver fotografías, saludos y celebraciones que pueden intensificar la pena de quienes viven un duelo.
Por eso, tomar distancia de estas plataformas durante algunas horas o incluso durante todo el día puede ser una decisión sana.
También resulta válido evitar compromisos sociales, reducir reuniones o pedirle al entorno que no insista con celebraciones que no se desean. El duelo necesita espacio, y respetar los propios límites no significa dejar de querer ni olvidar a quien murió.
En este proceso, el apoyo de otras personas puede marcar una diferencia. Hablar con familiares, amigos, grupos de apoyo o profesionales de salud mental puede aliviar la carga emocional, sobre todo cuando la fecha se vuelve muy difícil de enfrentar.
Vidal destaca que quienes acompañan a una persona en duelo no necesitan entregar grandes discursos. “Acompañar no significa tener las palabras perfectas. Muchas veces basta con estar disponible, escuchar y validar lo que la otra persona está sintiendo”, afirmó.