Una práctica conocida como “Hobby Dogging” -personas salen a la calle a pasear y entrenar perros que no existen- se ha convertido en el nuevo fenómeno que llama la atención en redes sociales.
Esta práctica se popularizó a finales del 2024 en Europa y Asia, y quienes la realizan simulan actividades propias de dueños de mascotas, como caminar, correr o entrenar a sus canes imaginarios.
Resulta que estas dinámicas asociadas al mundo animal comenzaron a ganar visibilidad, despertando curiosidad y preocupación, de manera similar a lo que ocurre hoy en distintos países con los Therian.
El auge del “Hobby Dogging” en Europa
A finales del último año, medios alemanes como Zeit, dieron cuenta del auge del “Hobby Dogging” en Europa, y destacaron las ventajas que los jóvenes ven en esta práctica: “Sin impuestos para perros. Sin costosas facturas veterinarias. Sin alfombras peludas. Sin ladridos, babeos ni gruñidos. Y, sobre todo: sin suciedad que embolsar”.
A su vez, el medio alemán destaca que todo parece una “broma del infierno de la IA”, pero es real. Incluso, añaden que en la ciudad de Heilbronn, en el estado de Baden-Württemberg, ahora se pueden pasear perros imaginarios en un parque con obstáculos, con guía profesional.
¿Qué hay detrás del “Hobby Dogging”?
Según explicó Carolina Cáceres, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, “esta práctica (“Hobby Dogging”) puede verse como algo recreacional y lúdico, que sí sale de las normas de lo convencional, pero que permite a sus participantes desarrollar actividad física, tener contacto con el exterior y gestar una comunidad a través del uso de la imaginación, lo que puede obviamente impactar positivamente en el sujeto”.
La especialista agregó que “no corresponde a ningún tipo de psicopatología y, hasta el momento, no se relaciona con ninguna tampoco, ya que los participantes de esta actividad manifiestan estar conscientes de la ausencia del perro”.
Muy diferente sería si la persona pierde contacto con la realidad y comienza a pensar que efectivamente está en compañía de un perro en el desarrollo de estas actividades, agrega la especialista.
Respecto a las motivaciones detrás del “Hobby Dogging”, la profesional indicó que son variadas y a veces se combinan: algunos lo hacen por moda o ironía, otros buscan estimular la creatividad, mientras que hay quienes lo usan como incentivo para caminar a diario o acercarse a deportes como el agility sin asumir la responsabilidad de tener una mascota, ya sea por tiempo, recursos o espacios.
¿Tiene relación con los Therians?
Sobre los factores que explican la masificación de estas prácticas en redes sociales, señaló que “lo que se sale de lo común suele llamar nuestra atención, por eso no sorprende que este tipo de prácticas se vuelvan virales. A algunas personas les parece ridículo, a otras les causa gracia, y a otras simplemente les despierta curiosidad. Esa diversidad de opiniones hace que se comente, se comparta, y se popularice aún más”.
Además, agregó que cuando alguien se siente identificado con estas actividades, “puede comenzar a construir cierta identidad digital en torno a ellas y nuevamente generar comunidades que comparten este sentir, de atreverse a hacer algo que otros consideran extraño, porque también dice algo sobre uno mismo, una autoexploración y asimilación sobre cómo nos relacionamos con el juicio ajeno, con el humor y con lo convencional”.
En cuanto a las posibles similitudes con el fenómeno de los Therian, la docente destacó las diferencias: “Mientras ese grupo se asocia a reconocerse personalmente con un animal de forma parcial, en el “Hobby Dogging” se trata de imaginar, específicamente, a un perro para satisfacer necesidades personales”.
Obviamente, añade, se comparte el factor animal en ambos, y en ambos procesos el sujeto debe explorar quién es y cómo se relaciona consigo mismo para participar en una actividad poco común.
Sobre las necesidades emocionales que podría satisfacer esta práctica, aclaró que “no sé si necesariamente se trate de buscar la compañía de un animal al hacerlo ‘invisible’, sobre todo cuando la persona sabe que no está ahí. Más bien parece un ejercicio de imaginación llevado al espacio público, pero algunas personas pueden involucrarse emocionalmente bastante en esa experiencia”.