Aunque las fuentes de información son diversas y no siempre comparables, un análisis minucioso permite desmitificar la idea de una presencia masiva de "aprovechadores".

El aumento de los operativos de desalojo de campamentos ha capturado una notable atención pública. Las imágenes de autoridades entregando declaraciones durante amplios despliegues policiales, retroexcavadoras derribando estructuras y familias trasladando sus pertenencias se han convertido en una suerte de “nuevo folklore” de los medios de comunicación, desde los noticieros centrales hasta los matinales.

Sin embargo, más allá de la evidencia anecdótica, es imperativo preguntarse qué nos dicen los datos concretos sobre las familias que viven en los 1.428 campamentos registrados por el Catastro Nacional de Campamentos 2024-2025 de TECHO.

Aunque las fuentes de información son diversas y no siempre comparables, un análisis minucioso permite desmitificar la idea de una presencia masiva de “aprovechadores”.

Si tomamos el Catastro de Campamentos del MINVU 2022, que abarcó a 1.091 campamentos, y aplicamos la nueva metodología de medición de la pobreza, encontramos que un 66% de los hogares vive bajo la línea de la pobreza y un 18% bajo la línea de la pobreza extrema.

Por su parte, la encuesta Casen 2024 —que trajo noticias positivas de reducción de la pobreza a nivel nacional- nos permite observar la realidad de quienes viven en “tenencia irregular”, categoría que funciona como un proxy o indicador cercano a la realidad de los campamentos.

En este grupo, la pobreza por ingresos alcanza un 57,8%, una cifra tres veces superior al promedio nacional. Lo más preocupante es que, mientras la pobreza general disminuyó en el país, en este segmento la incidencia apenas varió entre 2022 y 2024, y la pobreza extrema incluso aumentó en tres puntos porcentuales, llegando al 34,9%.

Es relevante mencionar que la vulnerabilidad en este grupo es significativamente mayor que en otras formas de déficit habitacional, superando con creces a la de hogares en situación de allegamiento externo (37,2%) o allegamiento interno (23,6%).

Estos hallazgos son consistentes con nuestro Catastro Nacional de Campamentos 2024-2025, donde se indica que la gran mayoría de las familias que llegan a vivir a un campamento lo hace por motivos principalmente socioeconómicos, como el alto costo de los arriendos o la falta de empleo, muy por sobre motivaciones “estratégicas” como la intención de acelerar la obtención de una vivienda definitiva.

La evidencia es contundente: contrario a lo que se ha intentado instalar en el debate público, los campamentos siguen siendo uno de los núcleos donde se concentra y se estanca la pobreza en Chile.

Si bien uno de cada tres hogares de campamentos no está bajo la línea de la pobreza, esto solo refleja la mayor heterogeneidad que hoy presentan estos asentamientos. Obviar la evidencia disponible para construir una imagen pública basada en casos estridentes, no solo nos aleja de soluciones habitacionales efectivas, sino que perpetúa un trato injusto hacia miles de personas que siguen excluidas.

Javiera Moncada Díaz
Directora Centro de Estudios TECHO – CHILE

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