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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un ACV es una emergencia que puede provocar la pérdida de 1,9 millones de neuronas por minuto y cuyo tratamiento trombolítico debe administrarse dentro de las primeras 4,5 horas. Ante señales repentinas como rostro caído, debilidad, dificultad para hablar, dolor de cabeza intenso o pérdida de visión, se recomienda acudir de inmediato a urgencias, sin esperar que desaparezcan. El control de la presión, la diabetes y el colesterol, junto con hábitos saludables, puede prevenir cerca del 80% de los casos.

Según la Organización Mundial del Ictus, 1 de cada 4 personas sufrirá un ataque cerebrovascular (ACV) a lo largo de su vida. En Chile, este se posiciona como uno de los principales motivos de urgencias de salud en el país.

Se trata de una emergencia médica que se desencadena cuando el flujo sanguíneo hacia una arteria cerebral se interrumpe de forma súbita por la presencia de un coágulo, deteniendo por completo el aporte de oxígeno y nutrientes necesarios para el tejido nervioso. A nivel celular, la respuesta es inmediata y crítica: por cada minuto que transcurre sin irrigación sanguínea, se pierden aproximadamente 1,9 millones de neuronas.

Por ello, el reloj empieza a correr desde el minuto cero. En esta carrera contra el tiempo, la primera hora es crucial para resguardar el área en riesgo, existiendo un límite estricto de 4,5 horas —la ventana terapéutica— para administrar el tratamiento trombolítico intravenoso que disuelve la obstrucción y restablece la circulación antes de que las lesiones sean irreversibles.

Identificación clínica mediante la regla “RAPIDO”

La velocidad para acceder a la atención médica depende por completo de un reconocimiento temprano de los síntomas en el hogar o la vía pública. Para facilitar esta evaluación sin perder segundos valiosos, el Dr. Cristián Rodríguez Castillo, jefe del Departamento de Enfermedades del Sistema Nervioso de RedSalud, recomienda utilizar la mnemotecnia “RAPIDO”:

● R (Rostro): Un lado de la cara se ve caído o asimétrico al sonreír.

● A (Arm / Brazo): Debilidad o pérdida de fuerza súbita para levantar un brazo o una pierna.

● P (Palabra): Dificultad para articular palabras, hablar con claridad o comprender.

● I (Inmediato): Acudir sin demora al centro de urgencia más cercano.

● D (Dolor): Dolor de cabeza repentino, de máxima intensidad y distinto al habitual.

● O (Ojos): Pérdida súbita de la visión en uno o ambos ojos.

“Lo más importante es que estos síntomas aparecen de forma brusca. Una persona que estaba realizando normalmente sus actividades puede presentarlos de un momento a otro. Basta con uno de estos signos para que exista un 72% de probabilidad de estar sufriendo un ACV, cifra que sube al 85% cuando se presentan varios. Por eso, no hay que esperar a que desaparezcan ni atribuirlos al cansancio o al estrés, sino acudir de inmediato a la urgencia más cercana”, explica el Dr. Rodríguez.

Control de factores de riesgo para la prevención

El control riguroso de la hipertensión arterial se mantiene como la medida preventiva de mayor impacto, acompañada por la supervisión adecuada de la diabetes y del perfil de colesterol para evitar el deterioro de la pared arterial.

Asimismo, la adopción de hábitos de vida saludables —como erradicar el tabaquismo, combatir la obesidad y mantener una actividad física regular— permite proteger la estructura vascular, reduciendo drásticamente el riesgo de sufrir tanto un accidente cerebrovascular como un infarto cardiaco.

“Si bien el 90% de los eventos ocurre en personas mayores de 55 años, este ataque puede impactar a cualquier edad. Lo positivo es que cerca del 80% de los casos se puede prevenir mediante el manejo oportuno de las condiciones de salud de base”, concluye el Dr. Rodríguez.