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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Estudios de la Universidad de Stanford sugieren que la ibogaína, una droga alucinógena, podría aliviar el trastorno de estrés postraumático. Investigaciones revelaron mejoras en veteranos de guerra tras consumirla. Aunque su uso es peligroso, se estudia su potencial terapéutico desde los años 60.

Estudios recientes liderados por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford mostraron que la ibogaína, una peligrosa droga alucinógena, podría ayudar a aliviar los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Se trata de un potente alcaloide psicoactivo, que se obtiene de la iboga (Tabernanthe iboga), una planta africana conocida por sus diversos usos, por ejemplo, que puede aplacar la sed y el hambre en condiciones de trabajo extremas.

Pero es más conocida por su raíz, que tiene efectos estimulantes y alucinógenos, y se utiliza incluso para rituales espirituales de tribus del centro de África, ya que estimula el sistema nervioso central y, en mayores dosis, causa alucinaciones.

También puede provocar convulsiones, arritmias graves o paros cardiorrespiratorios, razón por la que en muchos países figura como sustancia controlada o ilegal.

Sin embargo, la ciencia ha estado estudiando su uso terapéutico. Previamente, la ibogaína ya hizo noticia por su potencial para tratar las adicciones, especialmente los síntomas de abstinencia. Pero los científicos ahora creen que puede hacer más.

La ibogaína y el TEPT

Los investigadores de Stanford han presentado dos estudios sobre los efectos de la ibogaína en el TEPT. El primero se publicó en 2024 en la revista Nature y consistió en un ensayo con 30 veteranos de las fuerzas especiales estadounidenses.

Los participantes viajaron a una clínica en México, donde esta droga no está regulada, para poder realizar el procedimiento. Allí tomaron pastillas de ibogaína de hasta máximo 14 miligramos por kilogramo de peso corporal y fueron supervisados en todo momento por personal médico.

Tras el tratamiento, los científicos hicieron una encuesta a los sujetos de estudio y concluyeron que hubo mejoras en el trastorno de estrés postraumático, la depresión y la ansiedad.

En tanto, el otro estudio de 2026 publicado en Journal of Affective Disorders, basado en el mismo ensayo, identificó un vínculo directo entre la intensidad de las experiencias que tuvieron los veteranos con la droga y una mayor mejoría en sus síntomas de TEPT. Esto ocurrió inmediatamente y continuó un mes después del tratamiento.

“Las experiencias místicas más intensas se asociaron con una mayor mejoría del trastorno de estrés postraumático (TEPT)”, dice el nuevo paper.

Elias Kfoury, veterano diagnosticado con TEPT en 2012, dijo a BBC News que tuvo una experiencia lúcida, personal y profundamente desafiante. Según relató, mientras estuvo bajo los efectos de la ibogaína, incluso tuvo una conversación consigo mismo, cuando era niño.

“Física, intelectual, emocional y espiritualmente, cada parte de mí se vio afectada por ese medicamento… es como si mi vida fuera completamente diferente ahora“, aseguró, “sentí que mi mente estaba tranquila… me di cuenta de que había sufrido durante mucho tiempo y necesitaba ser amable conmigo mismo”.

¿Una peligrosa droga para tratar la adicción?

El potencial médico de esta droga no es nuevo; desde los años 60 se vienen estudiando sus efectos para tratar la abstinencia, pero sigue sin considerarse un tratamiento seguro.

José Carlos Bouso, psicólogo clínico y farmacólogo que lleva 30 años estudiando los psicodélicos, dijo al medio citado que “cuando lo ves por primera vez, es como magia: toman ibogaína y su síndrome de abstinencia desaparece por completo“.

Sin embargo, queda mucho por investigar. Clayton Olash, por su parte, investigador del Laboratorio de Estimulación Cerebral de la Universidad de Stanford que participó de los estudios recientes, dijo que los resultados hay que tomarlos con cautela.

No tenemos un mecanismo claro, ni mucho menos tan bien como el que tenemos para otros psicodélicos”, advirtió. Además, la ibogaína no funciona como otras drogas.

Olash explica que no actúa sobre 5-HT2A, el receptor de serotonina excitatorio más abundante en el sistema nervioso central (SNC), como otros psicodélicos. En cambio, su efecto podría estar enfocado en restaurar la mielina, que es la capa protectora que recubre las fibras nerviosas en el cerebro.

Si su eficacia se debe a esto, señala, entonces la droga también podría usarse para tratar el daño físico causado por trastornos por consumo de opioides o las lesiones cerebrales traumáticas.

Pero no es una cura. Otros expertos remarcan que faltarían estudios de seguimiento más prolongado y que no tendría el mismo efecto en todos los pacientes.

Alan Davis, profesor del Centro de Investigación y Educación sobre Drogas Psicodélicas de la Universidad Estatal de Ohio, dijo a BBC News que “hay personas que no responden al tratamiento” y que hasta ahora tampoco se ha observado una evolución uniforme.

Por ahora, advierten los expertos, la mayor parte de los estudios que existen al respecto son observacionales y han tenido que llevarse a cabo en los pocos países donde la ibogaína no está regulada.

Para resultados más claros, habría que realizar más ensayos a gran escala y obtener más datos sobre cómo funcionaría un posible fármaco de esta droga.

Referencias:

Kirsten N. Cherian y otros autores. Magnesium–ibogaine therapy in veterans with traumatic brain injuries. Revista Nature Medicine, 2024.

Randi E. Brown y otros autores. Mystical experiences during magnesium-Ibogaine are associated with improvements in PTSD symptoms in veterans. Revista Journal of Affective Disorders, 2026.