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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La psiquiatra de Harvard Ashwini Nadkarni advirtió que comparar seguidores y “me gusta” en redes sociales puede afectar la autoestima y el bienestar emocional. Aunque compararse es natural, las plataformas amplifican esta práctica al exponer a los usuarios a indicadores de aprobación constantes. Estudios la asocian con menor satisfacción vital y más síntomas de ansiedad, depresión e ira, aunque usar redes no causa necesariamente estos problemas. Ocultar las reacciones podría reducir la competencia numérica.

Revisar cuántos “me gusta” recibió una fotografía, comparar seguidores o descubrir que otra persona consiguió más reacciones en Instagram parece una actividad cotidiana e inofensiva. Sin embargo, detrás de estos comportamientos existe un mecanismo psicológico que puede influir en nuestra autoestima y bienestar emocional. Nuestro cerebro no evolucionó para enfrentar tantas comparaciones en redes sociales como las que experimentamos actualmente.

Así lo explica a Time Ashwini Nadkarni, psiquiatra y profesora adjunta de la Facultad de Medicina de Harvard, quien analizó cómo las redes sociales transformaron nuestra necesidad de aprobación en una competencia permanente, donde los números pueden determinar cómo nos sentimos respecto de nosotros mismos.

La especialista sostiene que compararnos con otras personas forma parte de nuestra naturaleza. Durante miles de años, este comportamiento permitió identificar qué conductas aceptaba un grupo, comprender las jerarquías sociales y fortalecer nuestro sentido de pertenencia. Sin embargo, las plataformas digitales cambiaron radicalmente las condiciones en que ocurren estas comparaciones.

Antes, las personas evaluaban sus logros frente a círculos relativamente pequeños. Hoy, basta con abrir una aplicación para conocer los éxitos, experiencias y reconocimiento que reciben cientos de conocidos y desconocidos. Además, los seguidores, visualizaciones y reacciones permiten cuantificar esa aprobación.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos comparamos en redes sociales?

La explicación está relacionada con la forma en que nuestro cerebro interpreta las diferencias sociales. Según Nadkarni, estudios de neuroimagen muestran que las comparaciones pueden activar distintos circuitos neuronales dependiendo de si percibimos que estamos mejor o peor que otras personas.

Cuando descubrimos que alguien obtuvo peores resultados que nosotros, pueden intervenir circuitos relacionados con la recompensa. En cambio, cuando observamos que otra persona alcanza mayores logros, pueden activarse regiones vinculadas con el procesamiento de emociones desagradables.

El problema aparece cuando estas evaluaciones ocurren constantemente, porque las redes sociales ofrecen oportunidades prácticamente ilimitadas para medir nuestra popularidad, apariencia o éxito frente a los demás.

Una investigación publicada en Annual Review of Psychology también explica que los indicadores digitales facilitan estas comparaciones. El trabajo recoge evidencia de que los adolescentes reaccionan de manera diferente ante fotografías dependiendo de cuántos “me gusta” acumulan, incluso cuando observan las mismas imágenes.

Cómo afectan los “me gusta” a la autoestima y la salud mental

Las consecuencias no se limitan a una sensación momentánea de incomodidad. Investigaciones sobre adultos encontraron asociaciones entre las comparaciones frecuentes con personas aparentemente más exitosas y una disminución de la autoestima y satisfacción con la vida.

Otro estudio, publicado en Scientific Reports en 2026, analizó a 1.707 usuarios de redes sociales de distintas generaciones. Los investigadores encontraron que una mayor tendencia a compararse, junto con estrategias poco adaptativas para gestionar las emociones, se relacionaba con más síntomas de ansiedad, depresión e ira.

Esto no significa que utilizar Instagram o Facebook provoque necesariamente problemas psicológicos. La comparación social tampoco resulta perjudicial en todos los casos. Lo relevante es comprender cómo su frecuencia, intensidad y relación con nuestra autoestima pueden influir en el bienestar emocional.

¿Ocultar los “me gusta” podría ayudar?

En este contexto, Nadkarni destaca las nuevas medidas de protección para menores de 18 años que contempla un acuerdo de Meta con distintos estados estadounidenses, entre ellas ocultar por defecto las reacciones de las publicaciones.

Aunque eliminar estos indicadores no hará desaparecer nuestra necesidad de compararnos, podría reducir una de las herramientas que permiten transformar la aprobación social en una competencia numérica.

La especialista concluye que el desafío va más allá de modificar las plataformas: también implica aprender a reconocer nuestro valor personal sin depender de cuántos seguidores, comentarios o “me gusta” recibimos.