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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio de Frontiers in Psychology reveló que los adolescentes cuyos padres se distraen frecuentemente con sus celulares tienen más probabilidades de desarrollar un estilo de apego inseguro. Esto puede afectar la formación de vínculos saludables y la salud mental. La investigación se enfocó en la percepción de los jóvenes sobre el uso de dispositivos por parte de sus cuidadores. Se señaló a los padres millennials, nativos digitales, como un grupo especialmente vulnerable. Aunque no se puede confirmar causalidad, se destaca la importancia de estar presentes y disponibles para los hijos, sin embargo, no implica abandonar por completo el uso de dispositivos.

La discusión sobre el uso de celulares suele centrarse en niños y adolescentes. Sin embargo, una nueva investigación puso el foco en otro punto clave: qué ocurre cuando son los padres o cuidadores quienes pasan demasiado pendientes del teléfono.

Un estudio publicado en Frontiers in Psychology analizó cómo perciben los adolescentes el uso de dispositivos por parte de sus cuidadores y encontró un dato preocupante. Los jóvenes que sienten que sus padres se distraen con frecuencia con el celular muestran más probabilidades de desarrollar un estilo de apego inseguro.

Este tipo de apego puede dificultar la formación de vínculos sanos y se asocia con una peor salud mental y física. En algunos casos, las personas con apego inseguro buscan seguridad de manera ansiosa en otros; en otros, evitan las relaciones para protegerse de posibles daños emocionales.

Padres pegados al celular: hijos que preguntan a quién quieren más

El Dr. Don Grant, del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare y uno de los autores principales del estudio, explicó que comenzó a notar este fenómeno hace cerca de una década.

“Hace unos 10 años comencé a notar algunos comportamientos preocupantes en el uso de dispositivos por parte de los cuidadores principales”, dijo Grant. “Además, mis pacientes adolescentes comenzaron a compartir sus sentimientos negativos sobre esos mismos comportamientos. Estos también fueron presentados por los niños durante nuestras sesiones de terapia familiar”.

El especialista recordó también el caso de una colega psicóloga clínica, cuya hija le hizo una pregunta que la impactó profundamente: si quería más a su teléfono que a ella. “Mi brillante colega quedó estupefacta y devastada”, relató.

Para medir este fenómeno, los investigadores desarrollaron la llamada “escala de interferencia del apego a los dispositivos”. Con ella, pidieron a adolescentes que evaluaran cómo percibían el uso de celulares por parte de sus cuidadores y cómo este afectaba la atención, disponibilidad e interacción con ellos.

Luego, el equipo encuestó a 600 adolescentes de entre 12 y 17 años, representativos de la población general de Estados Unidos. Los resultados mostraron que, mientras más alta era la percepción de interferencia del teléfono, mayores eran también los niveles de apego inseguro, tanto ansioso como evitativo.

“El hecho de que nuestros resultados fueran tan significativos en todos los ámbitos significa que este problema parece ser mucho más frecuente de lo que yo pensaba”, afirmó Grant.

Padres millennials en el celular

El investigador apuntó especialmente a los padres millennials, a quienes describió como parte de la primera generación considerada “nativa digital”. Según explicó, este grupo pudo desarrollar una relación más dependiente con sus dispositivos y hoy enfrenta el desafío de criar hijos en medio de esa conexión permanente.

De todos modos, los autores aclararon que el estudio encontró una fuerte correlación, pero no permite confirmar causalidad. Es decir, no prueba que el uso del teléfono de los padres cause directamente el apego inseguro. También podría ocurrir que adolescentes con ese tipo de apego perciban a sus cuidadores como menos disponibles, sin importar sus hábitos digitales.

Aun así, los investigadores llamaron a tomar el tema con cautela. En un mundo donde los smartphones acompañan cada momento de la vida cotidiana, incluso pequeñas distracciones podrían tener efectos importantes en el bienestar futuro de los adolescentes.

“No estamos diciendo que cada vez que un niño solicite atención, un padre deba dejar todo lo que esté haciendo, incluso lo que esté haciendo en sus dispositivos, y responder”, explicó Grant. “Recomendamos que, cuando se produzcan esas solicitudes, un padre las reconozca y responda de alguna manera”.