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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La "pregorexia", una preocupación extrema por no subir de peso durante el embarazo, afecta a mujeres que restringen alimentos, hacen ejercicio en exceso o cuentan calorías obsesivamente. Este trastorno pone en riesgo la salud materna y fetal. Expertos señalan que el aumento de peso es fisiológico y necesario para el desarrollo del bebé. Detectar señales durante los controles prenatales es crucial, ya que la restricción puede provocar anemia, deficiencias nutricionales y parto prematuro. El embarazo, vulnerable en sí, puede agravar este trastorno, especialmente en personas con antecedentes de trastornos alimentarios o problemas de imagen corporal. Familiares deben evitar críticas y presiones, optando por conversaciones empáticas y apoyo profesional.

El embarazo trae cambios físicos, emocionales y hormonales que muchas mujeres viven con ilusión, pero también con ansiedad. En ese contexto, el aumento de peso suele instalarse como una preocupación frecuente. Sin embargo, cuando ese temor se vuelve intenso, restrictivo u obsesivo, puede transformarse en una pregorexia.

La palabra viene del término que mezcla las palabras pregnancy —embarazo en inglés— y anorexia. Aunque no siempre aparece como un diagnóstico clínico formal, se utiliza para describir un trastorno de la conducta alimentaria que afecta a mujeres embarazadas y que se caracteriza por el miedo extremo a subir de peso durante la gestación.

Quienes lo experimentan pueden restringir alimentos, saltarse comidas, ejercitarse en exceso, contar calorías de forma obsesiva o incluso inducirse vómitos. El problema no solo compromete la salud de la madre, sino también el desarrollo del bebé.

Pregorexia: el terror a subir de peso

La doctora Nathali Angel Pereira, psiquiatra de Clínica Indisa, explica que existe una diferencia clara entre cuidar la alimentación durante el embarazo y desarrollar una relación ansiosa con la comida o el peso.

“Efectivamente hay una diferencia entre cuidarse, comer saludable y relacionarse obsesivamente con el peso o la alimentación. En la pregorexia o la anorexia del embarazo, en realidad hay un terror por subir de peso”, señala la especialista.

Según la psiquiatra, ese miedo puede llevar a conductas similares a las que aparecen en otros trastornos alimentarios. “La persona a veces hace mucho ejercicio, a veces se restringe en la alimentación, a veces incluso puede haber conductas como inducirse vómitos. Durante el embarazo claramente se pone en riesgo la salud materna y la salud fetal”, advierte.

La profesional agrega que las consecuencias pueden llegar a ser graves. “Si una mamá, por ejemplo, pasa mucho tiempo sin comer, puede hacer una hipoglicemia, puede tener una convulsión producto de esto, la guagua puede tener restricción del crecimiento intrauterino y otras complicaciones que se podrían dar en el posparto”, detalla.

¿Por qué subir de peso no significa descuidarse?

Desde la nutrición, el aumento de peso durante el embarazo no se entiende como un descuido, sino como parte esperada del proceso. Así lo plantea Dana Bortnick, nutricionista de la misma clínica, quien recalca que el cuerpo materno atraviesa cambios necesarios para sostener la gestación.

“Durante el embarazo, la verdad es que subir de peso es una respuesta fisiológica y esperada, porque no solamente es por el peso del bebé, sino que también por todas las adaptaciones que tiene el cuerpo de la mujer, el desarrollo de la placenta, el líquido amniótico, el aumento del volumen sanguíneo. Entonces, de alguna forma es propio de este proceso el aumento de peso”, explica.

Por eso, la especialista advierte que iniciar pautas de alimentación sin supervisión profesional puede resultar riesgoso. “No es recomendable iniciar dietas restrictivas porque es un proceso de mayores demandas energéticas y nutritivas. También porque es un momento de alta vulnerabilidad física y emocional, y entonces restringirse, prohibirse, puede desencadenar conductas poco saludables con la comida y con la alimentación”, afirma.

Bortnick también derriba una idea frecuente: que el bebé “absorbe todo” y que la madre puede restringirse sin mayores consecuencias. “Finalmente, quien no se queda sin nutrientes es el bebé y quien presenta luego todas las deficiencias es la mamá”, señala.

Respecto al peso recomendado, la nutricionista aclara que no existe una cifra única para todas las embarazadas. “La recomendación de aumento de peso durante el embarazo varía de acuerdo al estado nutricional preconcepcional de la mujer. Hay varias orientaciones, tanto del Minsal como de organizaciones internacionales que dan rangos, pero la verdad que esos rangos son orientativos y cada caso se tiene que ir evaluando de manera individualizada”, indica.

Más que fijarse solo en la balanza, Bortnick llama a mirar el cuadro completo. “Más que centrarse en la cantidad de peso, en un número, es importante evaluar que la calidad nutricional sea suficiente para suplir las necesidades propias de la mamá, del proceso y también del desarrollo fetal”, plantea.

Las alertas durante el control prenatal para detectar pregorexia

El doctor Andrés Freire, gineco-obstetra de clínica Indisa, explica que detectar estos casos durante los controles prenatales puede resultar complejo, pero existen señales que deben levantar sospechas.

“Es muy difícil y muy desafiante a veces identificar a estas pacientes. Muchas veces tienen el antecedente que uno puede pesquisar desde los controles preconcepcionales de algún trastorno alimentario durante su juventud, una anorexia, bulimia”, comenta.

Una de las alertas aparece cuando la embarazada no aumenta de peso de manera esperada. “Uno puede detectarlo básicamente porque ve que una paciente llega al segundo trimestre y sigue sin aumentar significativamente de peso. Durante una gestación, una mujer que pesa normal debería tener un incremento de peso entre 8 y 12 kilos. Y si eso no se va viendo en los sucesivos controles, es una alarma que hay que tomar”, advierte.

El especialista también destaca el rol de la familia, porque muchas señales ocurren fuera de la consulta. “Muchas veces estas mujeres se esconden para no comer o no quieren comer con la familia. Entonces, por ahí uno puede ir pesquisando las pacientes que puedan tener esta alteración”, agrega.

Sobre las consecuencias, Freire recalca que la alimentación cumple un rol central durante todo el embarazo, el parto y el posparto. “Para el desarrollo normal de una gestación y para vivir el proceso de trabajo de parto y parto, es fundamental que la mujer tenga un consumo de alimentos de forma saludable y que consuma todos los nutrientes necesarios para alimentar de buena forma a su bebé y alimentarse ella”, sostiene.

El gineco-obstetra advierte que una restricción importante puede provocar complicaciones maternas. “Se pueden producir casos de anemia, casos de otros déficit nutricionales que, en el contexto de una gestación y posteriormente viviendo un parto, cualquiera sea el tipo de parto que ella viva, puede tener consecuencias nefastas como anemia severa, déficit proteico y vitamínico importante”, señala.

En el caso del bebé, el riesgo también preocupa. “Para el feto, primero está el riesgo de no tener un crecimiento adecuado. En los casos más extremos pueden llegar a tener restricción de crecimiento, incluso llegar a tener un parto prematuro debido a la mala alimentación”, explica.

Embarazo, vulnerabilidad y presión social

La pregorexia no aparece de la nada. De acuerdo con la psiquiatra Nathali Angel Pereira, el embarazo representa un periodo especialmente vulnerable, porque combina cambios corporales, emocionales y sociales.

“El embarazo de por sí es un periodo vulnerable de la vida, donde hay cambio en la imagen corporal, donde en general hay una presión social también. A una mamá siempre le están diciendo que tiene que comer por dos, y obviamente eso es una presión extra a la que la mamá de por sí tiene”, sostiene.

La especialista explica que ciertos antecedentes pueden aumentar el riesgo de pregorexia. “Hay condiciones de vulnerabilidad que generan que gatille esto en el embarazo, y eso justamente son personas que han tenido sobre todo trastorno alimentario en la adolescencia y en la adultez temprana, que de pronto hayan tenido alteración de la imagen corporal, que no necesariamente llega a un trastorno alimentario, pero hay gente que es muy obsesionada con la imagen corporal”, plantea.

También menciona la ansiedad y la depresión como factores que pueden hacer más frágil este periodo. “Alguien que tiene una depresión es más vulnerable a que le pase esto, trastornos de ansiedad también. Entonces, hay ciertos factores que se juntan para que pueda desarrollarse esta condición”, afirma.

Frente a las señales de alerta, la psiquiatra recomienda que la familia o la pareja eviten la crítica y la presión directa para comer. En cambio, aconseja abrir una conversación desde la preocupación y el acompañamiento.

“La idea es primero hablar con ella, preguntarle si siente que le pasa algo, si siente que necesita ayuda, si está preocupada como en extremo por esto y que les llama la atención. Entonces, la idea es poder conversarlo con el médico, el ginecobstetra, para que puedan llegar a diagnosticarlo”, recomienda.

La doctora Angel enfatiza que insistir de mala manera puede aumentar la angustia. “La familia cae en ‘come, tienes que comer’, insisten, y el presionar para comer genera mucha angustia. Entonces, es más bien acompañar y ofrecer ayuda, pero no necesariamente criticar”, dice.

Finalmente, la especialista llama a cuidar los comentarios sobre el cuerpo de las embarazadas, incluso cuando parecen inofensivos. “Siempre evitar, porque la gente además hace críticas respecto a eso: ‘cómo estás de gorda’, ‘cómo te has subido’, ‘cómo te ves de bien’ o ‘cómo te ves de cansada’. Cualquier comentario, uno siempre agradece que no lo hagan, porque es una presión más”, concluye.