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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La chinche hematófaga, transmisora del parásito Trypanosoma cruzi que causa la enfermedad de Chagas, afecta a millones en América Latina. La detección de la infección es baja, y el desarrollo silencioso de la enfermedad la hace difícil de diagnosticar, causando daños irreversibles en el corazón y el sistema digestivo. Argentina, Brasil y Bolivia son los países más afectados. Chile eliminó la vinchuca como vector en 1999, pero aún hay casos de Chagas. La transmisión vertical es la vía activa en Chile. El diagnóstico es clave, pero la falta de inversión farmacéutica limita nuevas terapias.

Vinchuca en Argentina y Chile, chirimacha en Ecuador, pito en Colombia y Venezuela, chinche besucona en México. La chinche hematófaga es un insecto que se alimenta de sangre humana y, al defecar sobre la picadura, transmite el parásito Trypanosoma cruzi, más conocido como la enfermedad o mal de Chagas, que afecta a entre 7 y 10 millones de personas en América Latina.

“El gran problema es que menos del 10% de las personas que se estima que tienen la infección se diagnostican, y menos del 1% se tratan”, alerta a BioBioChile María Jesús Pinazo, médica especialista y responsable del programa de Chagas de la iniciativa Drugs for Neglected Diseases (DNDi).

Una enfermedad que puede pasar décadas escondida

El mayor problema del Chagas es su desarrollo silencioso. La enfermedad puede convivir con una persona durante décadas sin dar señales claras, mientras el parásito daña lentamente el corazón o el sistema digestivo.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre el 30 y el 40% de las personas infectadas desarrollan alguna forma de daño orgánico —en general, en el intestino y el corazón—, pero los síntomas aparecen tan gradualmente que la mayoría no los asocia con una enfermedad.

“Si hay afectación del corazón, puedes tener una arritmia, pero que sea una arritmia tan leve que ni la notes. La enfermedad va progresando sin que tú sepas ni que tienes la infección, ni que esa infección está produciendo un daño que termina siendo irreversible”, explica Pinazo.

“El problema es que cuando ya da síntomas importantes, el daño está hecho, y ahí sí que el tratamiento no es efectivo”, agrega. Los síntomas más severos pueden incluir mareos, pérdida de conocimiento, dificultad para respirar y, en los casos más avanzados, muerte súbita.

A nivel digestivo, el parásito daña las células y puede generar un megacolon con un músculo intestinal que pierde fuerza para retirar las heces.

“He tenido pacientes que iban al baño una vez por semana y solo me lo dijeron cuando les pregunté, porque para ellos era algo normal”, relató la especialista.

Héctor Daniel Coto, asesor regional de Chagas de la OPS, lo resume con una comparación que ilustra el drama del diagnóstico tardío: “Si vas a hablar de dengue, el mosquito pica a la persona, la persona se infecta, se siente mal y va al médico. Esa progresión lineal en Chagas no se produce porque la vinchuca infecta a la persona y la persona puede tener síntomas 15 o 20 años después. Eso dificulta muchísimo su detección por parte de los sistemas de salud”, cuenta a BioBioChile.

Argentina: miles de casos, décadas de programa

Los datos que este año publicó la OPS, con información hasta 2018, muestran que Brasil concentra el mayor número absoluto de personas infectadas en la región: más de 3,9 millones. Le siguen Bolivia, con 774.397 casos y la prevalencia más alta proporcionalmente —6,85%, casi una de cada catorce personas—, y Argentina, con 706.112 casos estimados según esa misma fuente.

El Programa Nacional de Chagas tiene en Argentina más de seis décadas de historia. Coto lo describe como uno de los más identitarios de toda la cartera sanitaria del país: “Es el programa con más mística y más identidad de toda la cartera sanitaria. Comenzó a finales de la década del 50, con operarios que se iban a las viviendas al lomo de mula”.

Hoy, sin embargo, los recortes presupuestarios del gobierno de Javier Milei plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de esos avances. “Si tomamos la intervención del Estado como única variable, cuanto menos participe el Estado, más dificultades tienes para controlarla”, reconoció Coto.

Sin embargo, aclaró que hay otros factores que operan en sentido contrario, como la sojización (expansión intensiva del cultivo de soja) del campo, que ha desplazado a comunidades rurales hacia las ciudades, y con ellas han desaparecido parte de los ranchos donde vivía la vinchuca.

“Eso que en términos sociales es muy opinable y merece otra lupa, en términos de Chagas es un factor netamente favorecedor”, cuenta.

Vinchuca hematófaga o Triatoma infestans
Vinchuca hematófaga o Triatoma infestans | Wikipedia

Chile eliminó la vinchuca, pero no el Chagas

La situación chilena es, en palabras de Pinazo, “bien curiosa”. Y también la más útil para desmontar el mito más peligroso que rodea a esta enfermedad: que acá no hay Chagas.

“En Chile no hay transmisión activa de la infección. Pero hay muchas personas que tienen la infección crónica; por tanto, deben ser también diagnosticadas y tratadas”, afirmó la especialista. Chile fue certificado como libre de transmisión vectorial en 1999, lo que significa que no hay registros de contagios recientes por picadura del insecto.

Pero eso no significa que la enfermedad haya desaparecido, sino que quienes se infectaron antes de esa fecha conviven hoy con el parásito en su cuerpo, muchos sin saberlo. Según los datos de la OPS, en 2018 había en Chile 157.512 personas estimadas con infección, y 31.502 con cardiopatía chagásica ya desarrollada.

La vía de transmisión activa que persiste en Chile es la vertical: de madre a hijo durante el embarazo.

Coto señala que la OPS trabaja para incorporar el tamizaje de Chagas en los controles prenatales: “Agregar la detección a las embarazadas que concurran a sus controles prenatales, algo que sucede en todos los países y estratos sociales”. De esta manera, si se detecta que una madre tiene Chagas durante el embarazo, el recién nacido puede ser tratado de inmediato. “Cuando se trata en los primeros años de vida, se cura”, dice Coto”.

El éxito chileno en el control vectorial, reconocen ambos especialistas, se explica por la sostenibilidad de sus políticas sanitarias.

“Chile ha tenido un sistema de salud más reactivo a la hora de tomar decisiones de manera sostenible. Ha habido campañas de control vectorial sostenidas en el tiempo hasta que hubo una certificación de Chile como libre de transmisión vectorial”, dice Pinazo.

Una enfermedad olvidada

¿Por qué se llama “olvidada”? La OMS incluye al Chagas en su lista de enfermedades tropicales desatendidas. Es una categoría técnica que implica que no existen herramientas diagnósticas y terapéuticas adecuadas, o que quienes las necesitan no pueden acceder a ellas. “El Chagas cumple ambas condiciones”, asegura Pinazo.

El diagnóstico, en sí mismo, es una serología simple. El tratamiento no es caro, y en todos los países de la región está financiado por el Estado, con un mecanismo adicional de donación de medicamentos de la OPS a costo cero para los países que lo solicitan. “Para la persona el costo es cero”, aclara Coto.

A eso se suma la ausencia de inversión farmacéutica. “Registrar un medicamento en un país no es gratuito, y si los enfermos no se diagnostican y no se tratan, la industria no tiene incentivo para desarrollar ni registrar nuevas drogas. Tampoco hay investigación para nuevos medicamentos para el Chagas, por eso de las enfermedades consideradas olvidadas”, dice Pinazo.

Los dos fármacos disponibles —el benznidazol y el nifurtimox— llevan más de cincuenta años sin competencia. Y no porque sean perfectos: una parte importante de los pacientes no puede completar el tratamiento por los efectos secundarios, que pueden incluir erupciones cutáneas, náuseas, vómitos, dolor abdominal, pérdida de apetito, insomnio, mareos y alteraciones neurológicas, especialmente en adultos mayores.

El contagio que sigue activo: de madre a hijo durante el embarazo

Según los datos de la OPS, la transmisión vectorial cayó un 75,9% entre 2010 y 2018, lo que marca un progreso real en el control del insecto.

En ese mismo período, los casos de transmisión congénita crecieron levemente, y por primera vez en la historia de las estimaciones regionales, los nuevos casos por vía materna superaron a los de transmisión por la vinchuca. El Chagas ya no es solo una enfermedad del campo. Es también una enfermedad de las ciudades y de las maternidades.

El desafío hacia adelante, coinciden los especialistas, es político y presupuestario: sostener los programas de control vectorial, incorporar el tamizaje prenatal universal, y garantizar que el 1% que hoy recibe tratamiento deje de ser una minoría tan escandalosa.