Investigadores de la Universidad de Chile analizaron los efectos de los edulcorantes, como la sucralosa y la stevia, en el organismo y descubrieron efectos que pueden heredarse a hijos e incluso a nietos.
De acuerdo con un comunicado de la casa de estudios, estos sustitutos del azúcar pueden generar cambios genéticos relacionados con la microbiota y el metabolismo.
El estudio se publicó este mes en la revista Frontiers in Nutrition y pone bajo la lupa a estos edulcorantes que miles de personas consumen para evitar los problemáticos efectos del azúcar.
¿Qué pasa con la sucralosa y la stevia?
El hallazgo clave fue a partir de un experimento con ratones, que demostró que la sucralosa mostró efectos más intensos y persistentes que la stevia, incluso en las generaciones que no tuvieron exposición directa.
En concreto, los investigadores analizaron en modelos murinos (en ratones) cómo el consumo parental de estos edulcorantes puede impactar a la microbiota intestinal, la producción de ácidos grasos de cadena corta y la expresión de genes asociados a inflamación y metabolismo.
Para el experimento, le dieron a los ratones agua normal, agua con sucralosa y agua con stevia. Luego, estos grupos tuvieron crías y las crías tuvieron otra generación de crías, pero estos hijos no consumieron edulcorantes.
Así, comprobaron que los efectos sí se transmiten en la genética. En el caso de la microbiota, por ejemplo, la sucralosa cambió mucho más las bacterias del intestino que la stevia. De hecho, algunas bacterias “buenas” disminuyeron, mientras que otras asociadas a inflamación aumentaron.
Francisca Concha Celume, profesora asistente de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile y autora del estudio, explica que “la microbiota intestinal participa en la digestión, produce vitaminas y metabolitos beneficiosos, regula el sistema inmunológico y actúa como barrera frente a patógenos. Cuando su composición se altera, estas funciones pueden verse comprometidas“.
Los edulcorantes también activaron genes relacionados con la inflamación y la respuesta inmune. Especialmente con la sucralosa, estos cambios persistieron en las siguientes generaciones.
Lo más alarmante, apunta la experta, es que el experimento se hizo con cantidades seguras de edulcorantes: “observamos los efectos frente a un consumo habitual, sin superar la ingesta diaria admisible (IDA). Es decir, no estamos hablando de un consumo excesivo, sino de cantidades que están dentro de lo que actualmente se considera seguro”, plantea.
Además, también hay que considerar que los edulcorantes no nutritivos como estos, no solo están en las gotas, pastillas o sobres que agregamos a las bebidas calientes, como el té o café, sino que también están presentes en productos como bebidas zero o light, jugos, yogures, cereales, entre otros.
“La cantidad total que una persona consume corresponde a la suma de todas estas fuentes”, advierte la experta.
Sobre la diferencia entre sucralosa y stevia, los científicos sostienen que una causa mayores efectos que la otra porque sus vías de metabolización son distintas, lo que podría explicar por qué la sucralosa persiste en los ratones.
¿No son buenos los edulcorantes?
Esto significa que los edulcorantes no serían completamente neutrales. Pero advierten que estos hallazgos deben tomarse con cautela, ya que faltan más investigaciones para llegar a conclusiones definitivas sobre su uso y cantidades.
Martin Gotteland, profesor titular del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina e investigador del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la U. de Chile, también autor del estudio, destacó dos puntos claves: el contexto actual y las decisiones alimentarias.
“Este estudio se enmarca en el uso creciente de edulcorantes no calóricos en alimentos y bebidas, en reemplazo parcial o total de la sacarosa, y, en consecuencia, en el mayor consumo de estos aditivos en la población chilena“, puntualiza.
Sobre la persistencia de los edulcorantes, también dijo que “puede ocurrir a través de la epigenética, es decir, la modificación de la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Dietas altas en azúcar, alimentos ultraprocesados y edulcorantes no calóricos pueden modificar la expresión de ciertos genes relacionados con el metabolismo, la inflamación o la regulación del apetito”.
Similar ocurre con la microbiota, añade; “es moldeada por la dieta y por el consumo de ultraprocesados y de edulcorantes no calóricos. Padres con una microbiota alterada pueden transmitir una comunidad microbiana menos diversa a su descendencia. Esto influye en los procesos de digestión, la inmunidad y el riesgo metabólico del niño“.
El experto también adelantó otro hallazgo importante. En un estudio todavía no publicado, también encontraron que en mujeres embarazadas que consumían edulcorantes no calóricos “era posible encontrar sucralosa en su líquido amniótico y/o leche materna”.
Referencia:
Francisca Concha Celume, Francisco Pérez-Bravo, Fabien Magne, Ricardo Olivares y Martin Gotteland. Artificial and natural non-nutritive sweeteners drive divergent gut and genetic responses across generations. Revista Frontiers in Nutrition, 2026.