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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio demostró que cenar en lugar de "tomar once", reduce los riesgos cardiovasculares, ya que quienes cenan consumen más frutas y verduras, consideradas alimentos cardioprotectores.

Según la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario (ENCA), en Chile, el 80% de la población prefiere “tomar once” y solo un 27% cena, pese a que la segunda opción parece ser la más saludable.

De hecho, un estudio hecho por la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile en 2024, demostró que cenar en lugar de tomar once reduce los riesgos cardiovasculares, ya que quienes cenan comen más frutas y verduras, que son consideradas alimentos cardioprotectores.

La investigación, que se publicó entonces en la Revista Chilena de Nutrición, se llevó a cabo a partir de datos de 3.587 adultos mayores de 19 años y aportó importante evidencia para los hábitos alimenticios.

Según el análisis, “el consumo de cena en reemplazo de las once se asoció con mayor consumo diario de frutas y verduras y un mayor cumplimiento del consumo de legumbres”.

¿Por qué es mejor cenar que tomar once?

El hábito de cenar se asocia a patrones alimentarios más saludables, según la evidencia científica, pero este estudio encontró resultados más concretos.

Por ejemplo, los que cenaban consumían en promedio 41 gramos más de frutas y verduras en comparación con el grupo que tomaba once.

También se observó, aunque no de manera significativa, que este grupo consume más pescado, mariscos y legumbres.

“Estos hallazgos podrían contribuir al diseño de estrategias efectivas enfocadas en promover hábitos que favorezcan el consumo de alimentos cardioprotectores en la población chilena”, sugiere el estudio.

El estudio recomienda que el pan deje de ser el protagonista. De hecho, la once tradicional puede implicar un mayor consumo de alimentos procesados, lo que favorece la probabilidad de desarrollar síndrome metabólico o enfermedades cardiovasculares.

Los autores recomendaron incorporar fuentes de proteína, lácteos (descremados o semidescremados), huevo, pastas de legumbres o carnes magras, como pollo y atún. Además, se deben sumar verduras frescas como acompañamiento.

Referencia:

Giovanna Valentino-Peirano y otros autores. Asociación entre el patrón de consumo del último tiempo de comida y el consumo de alimentos cardioprotectores en adultos chilenos. Revista Chilena de Nutrición, 2024.