El reciente aluvión que afectó el sector de San Carlos de Apoquindo en Las Condes ha vuelto a poner en evidencia que la naturaleza no se adapta a las ciudades; son las ciudades las que deben aprender a convivir con su entorno. Este evento extremo nos muestra la realidad sobre cómo planificamos, construimos y gestionamos el territorio urbano precordillerano.

Durante décadas, la expansión urbana en la precordillera se ha desarrollado bajo la premisa de que cualquier construcción basta para contener el entorno. Sin embargo, cuando la vegetación de las laderas se degrada —frecuentemente tras incendios forestales— y precipita agua en zonas altas con isotermas elevadas, el desborde de las cuencas se impone.

La prevención urbana efectiva exige una mirada integrada. Requiere una actualización rigurosa de los planes reguladores para restringir la edificación en zonas de alto riesgo de remoción en masa, una reforestación sistemática de las cabeceras de cuenca con especies nativas que fijen el suelo y la implementación de sistemas de alerta temprana basados en redes de monitoreo pluviométrico en tiempo real.

Aquí cobra relevancia el concepto de resiliencia urbana: la capacidad de una ciudad no solo para resistir un impacto, sino para adaptarse, recuperarse y transformarse a partir de él.

Una urbe resiliente reconoce sus vulnerabilidades e invierte en infraestructura. Esto implica construir piscinas aluvionales, colectores de mayor capacidad y parques inundables que actúen como amortiguadores naturales ante crecidas.

Invertir en infraestructura preventiva siempre tendrá beneficios antes que financiar la reconstrucción tras el desastre, lo que ha sido la tónica en el país en los últimos años.

¿De quién es la responsabilidad? Sin duda, debe haber una institucionalidad amplia que integre a las municipalidades, gobiernos regionales y ministerios en coordinación con los privados como una alianza.

La catástrofe en la zona oriente debe marcar un punto de inflexión en la gestión territorial de Santiago.

Carlos Aguirre
Consejero
Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).
Académico de la U. San Sebastián.

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