Cuando se habla de listas de espera en salud para acceder a una atención por problemas de columna, la conversación casi siempre apunta a lo mismo: escasez de especialistas, pabellones insuficientes y falta de camas. Esa mirada, sin embargo, se queda en el último eslabón de un problema que parte mucho antes de llegar al pabellón.
Nace en la prevención que no se hizo, en el sedentarismo, en la obesidad, en la poca educación sobre autocuidado y en una atención primaria de salud (APS) que, pese al enorme esfuerzo de sus equipos, muchas veces no tiene las herramientas para resolver a tiempo el dolor lumbar. Una situación clave, ya que esta molestia es la principal causa de años vividos con discapacidad en el mundo y uno de los motivos de consulta más frecuentes en la APS.
En términos globales, cerca del 20% de todas las consultas de atención primaria corresponden a dolor musculoesquelético y entre el 85% y el 95% de los pacientes que consultan en APS tienen un dolor lumbar inespecífico, sin una causa estructural grave; y solo alrededor del 1% corresponde a patologías serias que requieren estudio urgente o resolución quirúrgica.
Chile tiene, además, altos niveles de sedentarismo y obesidad. Según el Ministerio de Salud, más del 86% de los adultos presenta conductas sedentarias y siete de cada diez chilenos viven con sobrepeso u obesidad. Algo se ha avanzado: el año pasado se promulgó una ley que establece 60 minutos diarios de actividad física en los establecimientos educacionales. Pero una norma legal, por sí sola, no revierte dos décadas de inactividad en una población ya adulta.
Un kinesiólogo por cada 400 habitantes
Este año, The Lancet Rheumatology publicó una revisión de las principales guías clínicas del mundo, y el consenso es claro: la gran mayoría de los pacientes debe manejarse en atención primaria. El ejercicio y la educación son el tratamiento inicial; las imágenes y las derivaciones deben restringirse; y la cirugía corresponde a un grupo reducido y bien seleccionado.
Chile cuenta solamente con un kinesiólogo por cada 400 habitantes, y a pesar de que no existe una cifra oficial consolidada, distintos estudios de recursos humanos estiman que menos de la mitad de los kinesiólogos tiene su empleo principal en el sistema público de salud. La atención primaria tiene una capacidad limitada para incorporar kinesiólogos, precisamente donde podrían tener mayor impacto en el manejo precoz del dolor lumbar y en la prevención de la discapacidad.
Por eso, aunque muchos CESFAM cuenten con kinesiólogos, la disponibilidad real para pacientes con dolor lumbar suele ser insuficiente frente a la demanda. Los tiempos de espera y el número de sesiones disponibles no alcanzan para hacer programas de rehabilitación intensivos y oportunos.
La consecuencia la conoce cualquier especialista en columna. Pacientes que podrían haber mejorado con tratamiento conservador llegan meses después con dolor persistente, varias consultas encima, licencias prolongadas y una calidad de vida deteriorada. Muchos son derivados sin haber recibido una rehabilitación suficiente. Y cada una de esas derivaciones utiliza el cupo de un paciente que sí necesita pabellón.
Una APS más resolutiva
Formar a un cirujano de columna competente requiere entre 11 y 13 años de formación —sumando medicina, la especialidad en ortopedia y traumatología o en neurocirugía, y la subespecialidad en cirugía de columna—, además de varios años de práctica. Esa experiencia se desaprovecha cuando su agenda se llena de pacientes cuyo dolor lumbar podría haberse resuelto en la atención primaria.
Fortalecer la capacidad resolutiva de la atención primaria es, probablemente, una de las intervenciones más costo-efectivas para bajar las listas de espera en columna. No se trata de reemplazar al especialista, sino de dejar que haga aquello para lo que se formó: resolver la patología compleja.
Eso significa invertir antes y no solo después: promover actividad física desde la infancia, combatir la obesidad, enseñar higiene postural sin caer en mitos, fomentar el ejercicio de fuerza durante toda la vida y darle a la atención primaria más capacidad de rehabilitación. También significa medir mejor, porque no se puede gestionar lo que no se cuantifica.
Las listas de espera en columna no se van a resolver solo formando más cirujanos o construyendo más pabellones. Esa estrategia seguirá siendo necesaria, pero siempre llegará tarde si el flujo de pacientes sigue creciendo desde una base mal resuelta. La cirugía de columna debe ser el final de un proceso asistencial eficiente y no la puerta de entrada a un problema que pudo abordarse mucho antes.
Dra. Karen Weissmann
Jefa del equipo de Columna de Clínica MEDS.
Presidenta de la Sociedad Chilena de Columna.
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