Un nuevo 7 de octubre. Una pausa de silencio y de las actividades en todo Israel. Un amanecer distinto que recuerda un ataque salvaje y el atentado más grande y letal tras el Holocausto nazi. A las 6:29, todo cambió ese octubre del año 2023. Más de mil muertos y 251 secuestrados y capturados, vivos y muertos llevados a Gaza, convertidos en rehenes y piezas intercambiables bajo una lógica de chantaje internacional.

Ese amanecer los kibutz del sur fueron invadidos, saqueados y destruidos. Los cohetes lanzados fueron la primera señal del terror y las alarmas se activaron. La invasión utilizó distintos medios de transporte. Una masacre planificada y festejada en Gaza y otras zonas del mundo. El objetivo al cruzar la frontera se resume en tres verbos: matar, torturar y destruir al enemigo material y espiritualmente.

Lee también...
A tres años del 7 de octubre: Yo, ¿sionista? Martes 06 Octubre, 2026 | 12:05

El ataque consideró las casas y refugios de las comunidades fronterizas. Los terroristas revisaron cada casa y recinto comunitario. Utilizaron explosivos, fuego y torturas psicológicas para atrapar a los residentes ocultos. En los ataques murieron ancianos, mujeres y niños.

Los terroristas se encontraron con un recinto y un festival de música e ideales humanos. En ese lugar, NOVA, se inició una cacería humana en un ambiente campestre. Correr y esconderse permitió a algunos sobrevivientes contar lo sucedido. Los árboles y los cuerpos de otros muertos fueron refugios transitorios para vivir y contarlo. Más de 300 jóvenes fueron masacrados bajo las burlas y jactancias de los terroristas.

Hoy NOVA es un espacio de memoria y reflexión visitado diariamente por delegaciones locales e internacionales. El espacio actual recrea la masacre con los escenarios del festival. Hay marcas indelebles, irracionalidad y reflexiones que son ineludibles al recorrer y recrear lo sucedido. Es una masacre reciente en un mundo interconectado y egoísta. Aquí fueron asesinados ciudadanos extranjeros e indefensos.

En paralelo, los fundamentalistas bloquearon accesos y carreteras. Todos los autos atrapados en la congestión, con sus conductores y ocupantes, recibieron disparos con armas automáticas, ráfagas de balas. Y los autos fueron incendiados. Hamás y otros grupos violentos mataron con ensañamiento mediante acciones salvajes, que grabaron en sus teléfonos y difundieron como trofeos de guerra. El terrorista siempre busca difundir sus actos y generar miedo en la población civil.

En Israel, “tres años después, toda una nación inclina la cabeza y llora su perdida”. Un ataque transfronterizo, por aire y tierra, con miles de heridos y traumas sociales e individuales. Los extremistas documentaron la ofensiva letal. Grabaron el terror y sus festejos sangrientos. La danza de la muerte ejecutada no tiene justificación. No pocos apoyaron y apoyan el ataque del 7 de octubre, olvidando que relativizar el fundamentalismo en Medio Oriente es un riesgo para las libertades locales y mundiales.

El ataque de Hamás y sus secuaces fue ejecutado en vivo y en directo. Es una herida abierta para las sociedades libres, es “el progrom más cruento y brutal que ha sufrido el pueblo judío desde el Holocausto”, en palabras de Pilar Rahola.

Lee también...
La sororidad con asterisco Miércoles 07 Octubre, 2026 | 09:54

Tras la masacre reapareció la relativización del odio, la deshumanización del otro y el antisemitismo en dichos y hechos. Israel fue y es culpada por ser Israel. Hemos tropezado con la misma piedra. Algunos olvidan convenientemente que Hamás y sus aliados quieren eliminar a la población y al Estado de Israel, no quieren la paz en la región.

El terrorismo nunca tiene justificación, “cabe recordar quienes idearon y protagonizaron la masacre, quienes motivaron una guerra y quienes son los responsables del sufrimiento de ambos pueblos”, según Rahola. Una parte del mundo apoyó el ataque de Hamás y a la llamada “causa palestina” invirtiendo los roles, los argumentos y la necesaria racionalidad. Las muertes de los inocentes de ambos pueblos duelen e importan. La complejidad histórica y actual en Medio Oriente no necesita ideologismos, marchas identitarias ni fundamentalismos. El terrorismo es incompatible con la democracia liberal y la paz.