Más allá de las conclusiones específicas que arroje la auditoría interna de Codelco, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un tema ampliamente estudiado en gobierno corporativo: los incentivos importan.

La producción reportada por Codelco en diciembre de 2025 ha abierto una discusión que va mucho más allá de una simple diferencia operacional o administrativa. El debate de fondo apunta a cómo las empresas intensivas en activos fijos pueden verse incentivadas a reconocer anticipadamente producción para mejorar temporalmente indicadores clave como costos unitarios, productividad y cumplimiento de metas.

Según información difundida en distintos medios, una auditoría interna preliminar habría identificado cerca de 20 mil toneladas métricas de cobre fino cuyo reconocimiento como producción terminada estaría siendo cuestionado. La discusión no es sobre la inexistencia física de las toneladas reportadas, sino en si esas toneladas cumplían las condiciones técnicas y procedimientos para ser reconocidas como producción terminada al cierre del ejercicio 2025.

Esta diferencia es relevante, porque desde una perspectiva contable no es lo mismo tener inventarios en proceso con un grado alto de avance que productos terminados disponibles para su comercialización.

Algunas empresas tienen el incentivo de aumentar la producción para distribuir sus costos fijos entre un mayor número de unidades. El resultado es una reducción artificial del costo unitario y una mejora transitoria de indicadores financieros y operacionales. Cuando aumenta el volumen de producción, los costos fijos se diluyen entre más toneladas.

En industrias mineras, donde depreciación, mantenimiento, supervisión y costos de planta representan montos significativos, este efecto puede ser particularmente relevante sobre el cálculo de costos.

Al respecto, la literatura académica distingue entre manipulación contable y manipulación vía actividades reales. Esta última puede ocurrir incluso dentro del cumplimiento de la normativa, mediante decisiones operacionales, como aumentar la producción, que modifican indicadores financieros temporalmente, aunque muchas veces a costa de deteriorar la rentabilidad y eficiencia de largo plazo.

Sin embargo, el análisis del caso Codelco requiere ciertos matices técnicos que han estado ausentes en parte de la discusión pública. Si las toneladas cuestionadas ya se encontraba en etapas muy avanzadas de procesamiento gran parte de los costos ya habrían estado acumulado como inventario. En ese escenario, el impacto económico real sobre los costos podría ser más acotado que lo sugerido inicialmente.

Por ello, el eventual efecto no necesariamente estaría en una alteración significativa del Ebitda, sino principalmente en indicadores operacionales y de desempeño, especialmente aquellos asociados al volumen de producción. Esto es particularmente sensible considerando que parte importante de la evaluación de desempeño de la industria minera se concentra precisamente en métricas como producción, costos y cumplimiento de metas presupuestarias.

Más allá de las conclusiones específicas que arroje la auditoría interna de Codelco, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un tema ampliamente estudiado en gobierno corporativo: los incentivos importan. Cuando bonos, reputación gerencial y percepción del mercado dependen fuertemente de ciertas métricas operacionales, las organizaciones pueden enfrentar presiones para anticipar reconocimientos de producción con el fin de maximizar indicadores de corto plazo.

En definitiva, el principal riesgo para Codelco podría no ser únicamente financiero, sino reputacional. Los mercados exigen transparencia y calidad de información, por tanto, la credibilidad de las cifras operacionales se transforma en un activo tan relevante como la propia producción minera. Así, este posible hecho también abre una discusión más amplia sobre cómo las organizaciones diseñan sus sistemas de medición de desempeño y los incentivos asociados al cumplimiento de metas operacionales y financieras, evitando que las empresas terminen gestionando aquello que deciden medir.

Francisco Sánchez
Académico del Departamento de Administración
Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile

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