En ese terreno, no todos participan bajo las mismas reglas. Hay quienes opinan, deliberan, argumentan. Pero también hay quienes operan. Y esta distinción no es menor.

Estoy seguro de que le ha pasado. Abre su celular, revisa comentarios, observa una tendencia y, en cuestión de minutos, todo parece claro: hay una opinión dominante, una mayoría evidente, un consenso que se impone.

Pero hay una pregunta más útil que conviene hacerse antes de sacar conclusiones: ¿eso que estoy viendo es realmente opinión…o es presión?

Porque hoy, en redes sociales, no solo circula información. Circula influencia. Y muchas veces, esa influencia no es espontánea, sino diseñada.

Durante años entendimos que la opinión pública se formaba en tres grandes espacios: la calle, los medios de comunicación y las instituciones. Hoy, sin embargo, hay un cuarto espacio que ha alterado profundamente esa ecuación: las redes sociales. Un espacio que no es neutro, sino un verdadero campo de disputa.

En ese terreno, no todos participan bajo las mismas reglas. Hay quienes opinan, deliberan, argumentan. Pero también hay quienes operan. Y esta distinción no es menor.

Quienes operan no necesariamente buscan convencerlo a usted mediante mejores argumentos. Su objetivo es más sofisticado: modificar el entorno en el que usted forma su opinión. No le dicen directamente qué pensar. Le hacen sentir qué es lo que “todos piensan”. Y ahí es donde se activa uno de los mecanismos más profundos del comportamiento humano: la necesidad de pertenecer, de no quedar fuera, de alinearse con lo que parece mayoritario.

Así emerge lo que podríamos llamar una “barra brava digital”. No se trata de una conversación genuina, sino de un patrón reconocible. Ideas que se repiten con sorprendente similitud entre múltiples cuentas, respuestas coordinadas que aparecen en cuestión de minutos frente a cualquier disidencia, una sensación de mayoría que, fuera del entorno digital, simplemente no existe.

Predomina la emoción por sobre el argumento. Se instalan frases, tonos y conceptos que se replican mecánicamente. No es espontaneidad. Es coordinación.

Y lo relevante es que funciona. No porque logre persuadir racionalmente, sino porque actúa en un nivel más primario: el instinto. Genera duda, inhibe la expresión, empuja a bajar el perfil. Hace que muchas personas prefieran no exponerse.

Y cuando eso ocurre, el objetivo ya está cumplido. No porque haya ganado la mejor idea, sino porque alguien logró ocupar el espacio.

Esto no es una hipótesis teórica. Existen antecedentes documentados, como el caso de los llamados “Peñabots” en México, que evidenciaron cómo una conversación digital puede ser intervenida mediante cuentas coordinadas, tendencias inducidas y ataques dirigidos. Más allá de las herramientas tecnológicas, lo central es que había una operación detrás. Una intención clara de moldear percepciones.

Desde entonces, algo cambió para siempre: entendimos que la percepción también se puede construir.

Frente a este escenario, el desafío no es retirarse del espacio digital, sino aprender a habitarlo con mayor conciencia. No confundir volumen con verdad. Entender que mucho ruido no necesariamente representa una mayoría real. Contrastar siempre con la experiencia concreta, con lo que ocurre fuera de la pantalla.

También implica desarrollar una habilidad clave: detectar patrones. Un comentario aislado no dice demasiado, pero la repetición sistemática sí. Y, sobre todo, aprender a bajar la velocidad. La urgencia es el terreno ideal para la manipulación.

En un entorno donde la presión se disfraza de consenso, mantener criterio propio se vuelve un acto de autonomía. Porque hoy ya no basta con informarse. Hay que saber interpretar.

En esta nueva plaza pública, no siempre se impone la mejor idea. Se impone, muchas veces, aquella que logra parecer mayoría.

Y esa mayoría, no pocas veces, no está en la calle. Está en la red: coordinada, repetida y amplificada. Entenderlo no lo aleja de la realidad. Le devuelve algo mucho más valioso: el control.

Pablo Cantero
Licenciado en Comunicación Audiovisual
Asesor Comunicacional

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