Este año es un año electoral, qué duda cabe. Han sido elecciones de constituyentes, gobernadores, concejales, alcaldes y primarias presidenciales, todo un frenesí electoral. Las sorpresas han sido muchas, como la renovación de alcaldes, incorporación de nuevos referentes en los concejos municipales, gobernadores de movimientos sociales, el resultado de la constituyente y especialmente de la lista del pueblo y, finalmente, los triunfos de Boric y Sichel. Ahora, una de las sorpresas que no nos hemos detenido a observar, es el cambio etario de los electores y la elección de los mismos, es decir, los y las jóvenes irrumpen a dirigir y participar.

Boric podría ser el presidente más joven del último tiempo, los municipios de Ñuñoa, Santiago, Viña, Lo Espejo, eligieron alcaldes cuyas edades no superan los 35 años, así también, alcaldes como el de Valparaíso y Macul fueron reelectos.

Además de lo anterior, es importante mencionar que la participación en el plebiscito los y las jóvenes menores de 29 años creció casi 20 puntos en razón a elecciones anteriores, superando con creces el porcentaje de participación del padrón electoral general.

Esto es una buena noticia desde la perspectiva estratégica, pues permite proyectar al menos ciudadanos interesados y participantes en el futuro y evitar el envejecimiento de la participación electoral por razones de abstención. Esta buena noticia, debiera aventurarnos en buscar explicaciones y proponiendo posibles respuestas, podríamos mencionar las siguientes: una mayor competencia real en los procesos electorales, la ampliación de las ofertas políticas con mecanismos que facilitan la inscripción y financiamiento de nuevas coaliciones, el término del binominal, la ampliación de cargos a elegir, el financiamiento público de las campañas y límites a los gastos. En definitiva, los y las jóvenes participan más y postulan a dirigir, lo que habla -al menos- de un buen síntoma en nuestra democracia.