Este 23 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Rehabilitación que tiene como objetivo generar conciencia en la población sobre el derecho de todas y todos a tener acceso a tratamientos y diagnósticos en el caso de cualquier tipo de enfermedad o discapacidad.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mundo hay más de mil millones de personas que viven con algún tipo de discapacidad, en que la mayoría no tiene acceso a una atención médica y a servicios de rehabilitación apropiados, especialmente en países de ingresos bajos y medianos.

Tal cual es la realidad que se vive en Chile, donde muchas personas con discapacidad (PcD) tienen dificultades para acceder a tratamientos médicos que permitan una rehabilitación adecuada y que los lleva a no ser personas que se devuelvan con autonomía.

Ante esto, la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad establece que los países deben garantizar que las PcD tengan acceso a servicios de salud apropiados, incluida la atención sanitaria general y servicios de habilitación y rehabilitación, y no sufran discriminación en la prestación de servicios de salud. De esta manera, estaremos en el camino correcto, ese que les permita desarrollarse de forma independiente, tanto física, mental y socialmente, y estar profesionalmente habilitados de acuerdo a sus necesidades, sin discriminación alguna.

Sin embargo, en nuestro país, y tras la llegada de la pandemia, vimos cómo los derechos fundamentales relacionados a la salud y la educación de estas personas se vieron vulnerados. Muchas de estas personas no recibieron atención oportuna en algunos centros de salud producto del COVID-19, hecho que derivó en que las autoridades tuvieran que trabajar en un protocolo de atención para personas con discapacidad.

La misma OMS asegura que en los próximos años la discapacidad será un motivo de preocupación, debido a que la población mundial estaría envejeciendo y por tanto el riesgo de discapacidad es superior entre los adultos mayores, además del aumento de enfermedades crónicas tales como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, entre otros.

De acuerdo a estas consideraciones, es importante que el Estado trabajé las políticas de salud y discapacidad y que puedan concretarlas y llevarlas a la realidad desde la edad temprana generando un impacto positivo para el resto de la vida de las personas, al igual que en la edad intermedia para un ingreso exitoso a estudios y trabajo y en edad adulta mejorando así la calidad de vida con el objetivo de que puedan desenvolverse de manera autónoma. Junto con esto, también se hace fundamental que desde organizaciones que representamos a las PcD continuemos trabajando para reforzar la participación en la toma de decisiones y en el diseño de estrategias de prevención.

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