A propósito de las lluvias torrenciales y el aluvión en Santiago, sorprende que estos eventos se utilicen para desacreditar el cambio climático, argumentando que contradicen las advertencias sobre sequías prolongadas.

Sin embargo, el IPCC ha advertido que el calentamiento global altera el ciclo hidrológico y aumenta el riesgo de eventos extremos, como sequías y lluvias intensas.

No existe tal contradicción: un territorio puede volverse más seco a largo plazo y, simultáneamente, enfrentar episodios de lluvias extremas.

Estas tendencias y eventos extremos coexisten con la variabilidad natural del clima, particularmente con eventos como El Niño, históricamente asociado en Chile central a años con lluvias y temperaturas más altas de lo habitual. El cambio climático altera las condiciones en que se manifiesta esta variabilidad natural y puede amplificar sus impactos.

Tampoco se trata de controlar el clima mediante impuestos. En Chile, donde coexisten estas amenazas naturales y climáticas que aumentan el riesgo de desastres, el desafío es desarrollar estrategias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarnos al cambio climático, fortaleciendo nuestra capacidad colectiva de prevención y respuesta.

Mientras algunos confunden una lluvia con la refutación de décadas de evidencia científica, conviene recordar que la naturaleza no necesita popularidad mediática ni compartir nuestras opiniones para demostrar cómo funciona.

Los aluviones no distinguen ideologías y sus consecuencias tampoco se resuelven con individualismo. Los costos de ignorar la evidencia y postergar las soluciones colectivas los terminamos pagando todos, también con nuestros impuestos.