Dos fuertes terremotos de magnitudes 6,7 y 6,8 sacudieron el océano Atlántico este martes 13 de octubre, con poco más de seis horas de diferencia, según los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
Ambos movimientos se localizaron en la dorsal mesoatlántica, una extensa cordillera submarina de más de 16.000 kilómetros de largo, caracterizada por una intensa actividad tectónica.
El primer sismo ocurrió a las 5:44 horas UTC (2:44 horas en el horario de Chile continental), mientras que el segundo se registró a las 12:23 horas UTC (09:23 horas en Chile).
En ambos casos, la profundidad reportada fue de apenas 10 kilómetros, por lo que se consideran terremotos superficiales.
¿Es normal que ocurran dos sismos de esta magnitud en tan poco tiempo?
Aunque la coincidencia resulta llamativa, estos eventos pueden producirse de manera natural en la región, de acuerdo a lo informado por el mismo USGS.
Resulta que la dorsal mesoatlántica corresponde al límite entre placas tectónicas que se separan lentamente, un proceso que permite el ascenso del magma y la formación de nueva corteza oceánica.
Este movimiento genera tensiones y fracturas en las rocas, capaces de desencadenar terremotos de considerable magnitud.
La cercanía temporal y geográfica de ambos movimientos plantea la posibilidad de que formen parte de una misma secuencia sísmica. Sin embargo, para establecer una relación directa se requiere analizar sus características y mecanismos de ruptura, añaden los expertos.
¿Existe riesgo de un terremoto mayor o un tsunami?
La ocurrencia de estos sismos no significa que necesariamente vaya a producirse otro de mayor magnitud. Tampoco constituye, por sí sola, una señal de amenaza extraordinaria para Chile.
El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) informó que el sismo no reúne las características necesarias para generar un tsunami en las costas del país, por lo que no existe alerta ni medidas de evacuación.