Cada 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno en el hemisferio sur, Chile conmemora el Día Nacional de los Pueblos Indígenas, fecha instaurada mediante la Ley N° 21.357 con el propósito de reconocer y valorar la riqueza cultural, histórica y espiritual de los pueblos originarios que han habitado este territorio desde tiempos ancestrales.
Más que un feriado, esta conmemoración representa una invitación colectiva a reflexionar sobre nuestra identidad como país y sobre el lugar que ocupan los conocimientos, las lenguas, las tradiciones y las cosmovisiones indígenas en la construcción de una sociedad más inclusiva, respetuosa y consciente de su diversidad.
Según datos del último Censo de Población y Vivienda, más de dos millones de personas en Chile se identifican como pertenecientes a algún pueblo originario, lo que equivale a cerca del 12% de la población nacional. Esta realidad nos recuerda que la presencia indígena no forma parte únicamente del pasado, sino que constituye una expresión viva y dinámica del Chile contemporáneo.
En un contexto global marcado por la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y los desafíos asociados al desarrollo sostenible, la sabiduría ancestral adquiere una renovada relevancia. La relación armónica con la naturaleza, la comprensión integral del territorio, el sentido comunitario y la transmisión intergeneracional del conocimiento son valores que hoy dialogan con muchas de las preguntas que la humanidad intenta responder.
Bajo esta premisa, las universidades regionales tenemos una responsabilidad especial en esta tarea. Nuestra vocación pública y nuestro arraigo territorial nos sitúan en una posición privilegiada para contribuir al reconocimiento, la preservación y la proyección de los pueblos originarios y sus culturas. No se trata únicamente de estudiar estos conocimientos desde una perspectiva académica, sino también de generar espacios de encuentro y aprendizaje mutuo que permitan valorar otras formas de comprender el mundo.
Desde la formación de profesionales comprometidos con la diversidad cultural; la investigación interdisciplinaria sobre patrimonio, historia, medio ambiente y desarrollo territorial; la vinculación con comunidades indígenas; y la extensión artística y cultural, las universidades regionales hemos impulsado múltiples iniciativas orientadas a fortalecer el diálogo intercultural y el reconocimiento de los saberes ancestrales.
La experiencia demuestra que cuando la educación superior incorpora la diversidad cultural como un valor, se enriquecen tanto la generación de conocimiento como la formación ciudadana. La inclusión no consiste solamente en abrir espacios de participación, sino también en reconocer que existen distintas formas de conocimiento que pueden contribuir al bienestar colectivo y al desarrollo de nuestras regiones.
Las universidades agrupadas en la AUR desarrollan una labor permanente en esta materia, promoviendo investigaciones que rescatan memorias, tradiciones y lenguas; impulsando programas de acceso y acompañamiento para estudiantes indígenas; y generando instancias de colaboración con comunidades locales para abordar desafíos compartidos desde una perspectiva intercultural.
La conmemoración de este Día de los Pueblos Originarios nos ofrece la oportunidad de avanzar desde el reconocimiento simbólico hacia una valoración más profunda y permanente. Significa comprender que la diversidad cultural no es una barrera, sino una fortaleza; que la memoria histórica es una herramienta para construir futuro; y que la convivencia democrática se fortalece cuando somos capaces de escuchar y aprender de quienes han custodiado durante siglos conocimientos esenciales para la vida en comunidad.
Como universidades regionales, reafirmamos nuestro compromiso con una educación que promueva el respeto, la inclusión y el diálogo entre culturas. Porque reconocer la sabiduría de nuestros pueblos originarios no es solo un acto de justicia histórica: es también una decisión estratégica para construir un país más humano, más sostenible y consciente de la riqueza que habita en sus propios orígenes.
En tiempos en que el mundo busca respuestas a desafíos cada vez más complejos y desafiantes, volver la mirada hacia nuestros saberes ancestrales no significa retroceder, por el contrario, representa la posibilidad de avanzar con mayor profundidad, entendiendo que el futuro también puede construirse desde la memoria, las experiencias, el respeto y la valoración de quienes habitaron el territorio mucho antes que nosotros.
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