No se trata de promover acusaciones irresponsables. Se trata de proteger a quienes actúan de buena fe para resguardar el interés público.

Cada vez que conocemos un nuevo caso de corrupción o uso indebido de recursos públicos surge la misma pregunta: ¿cómo nadie lo vio antes?

La respuesta suele ser más simple de lo que parece. Muchas veces alguien sí lo vio. Muchas veces alguien intentó advertirlo.

El problema es que en Chile denunciar sigue implicando riesgos importantes para muchas personas. Quien alerta sobre posibles irregularidades puede enfrentar incertidumbre laboral, presiones o temor a represalias.

Cuando los mecanismos de protección son insuficientes, se genera un incentivo al silencio que dificulta la detección temprana de hechos que afectan el interés público. Esa realidad debilita la transparencia y termina afectando la confianza ciudadana en las instituciones.

El reciente caso de Codelco demuestra la importancia de esta discusión. Los primeros antecedentes que motivaron nuestra labor fiscalizadora surgieron tras conocerse información vinculada a una denuncia anónima que advertía una serie de posibles irregularidades al interior de la estatal. A partir de esos antecedentes iniciamos oficios y solicitudes de información para esclarecer hechos que, en ese momento, aún no formaban parte del debate público.

Con el paso de las semanas, parte de esos antecedentes comenzaron a confirmarse. Hoy conocemos la existencia de una sobreestimación de producción que derivó en investigaciones, auditorías y sanciones. Sin embargo, persisten preguntas legítimas respecto de otros antecedentes contenidos en aquella denuncia y sobre la forma en que fueron abordados cuando se conocieron por primera vez.

La lección es clara. Muchas veces las irregularidades no aparecen de la nada. Alguien las detecta antes. Alguien decide asumir riesgos personales para alertar sobre situaciones que pueden afectar el patrimonio de todos los chilenos.

Por eso presentaré un proyecto de ley destinado a fortalecer la protección de los denunciantes de corrupción y faltas graves a la probidad administrativa. La iniciativa buscará establecer mecanismos de reserva de identidad, protección frente a represalias y canales seguros para denunciar irregularidades en organismos públicos y entidades que administren recursos fiscales.

No se trata de promover acusaciones irresponsables. Se trata de proteger a quienes actúan de buena fe para resguardar el interés público.

Una democracia fuerte no es aquella que oculta sus problemas, sino aquella que cuenta con instituciones capaces de escuchar, investigar y proteger a quienes tienen el coraje de denunciarlos.