Si bien los avances no han resuelto todas las brechas, sí han cambiado de manera concreta la vida de miles de mujeres y sus familias.
Hace 10 años, nuestro país tomó una decisión fundamental: crear el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Esto no fue simplemente iniciar una nueva repartición, sino el reconocimiento de que aún existían desigualdades que afectaban la vida de millones de mujeres, expresadas en barreras para acceder al trabajo y desarrollar su autonomía económica, una distribución desigual de las tareas de cuidado, brechas salariales, baja participación en espacios de liderazgo y decisión, y diversas manifestaciones de violencia.
Si miramos en retrospectiva, los avances que han existido desde 2016 son evidentes y se han construido en conjunto, manifestando un compromiso de Estado que ha traspasado las distintas gestiones.
Hoy se cuenta con legislación en diversas áreas, que buscan no solo resguardar a las mujeres sino, especialmente, avanzar hacia la igualdad y la efectiva disminución de las brechas que aún persisten.
No podemos desconocer la historia ni olvidarnos del Sernam (actual SernamEG), creado en 1991 y que dio vida al Primer Plan de Igualdad en el año 1994. Bajo el alero del Ministerio se ha expandido la red de atención especializada de SernamEG para mujeres que viven violencia, aumentando la cobertura de los Centros de las Mujeres, los Centros de Atención Especializada en Violencias de Género y los servicios de representación jurídica y apoyo psicosocial.
Del mismo modo, programas como Mujeres Jefas de Hogar, Mujer Emprende y 4 a 7 han contribuido a fortalecer la autonomía económica de miles de mujeres en todo el país.
También hemos avanzado en el fortalecimiento del marco normativo, como con la Ley Gabriela, la Ley Antonia o la ley que sanciona el acoso sexual en espacios públicos, entre tantas otras.
Pero así como reconocemos los avances, debemos asumir que aún hay tareas pendientes, tales como hacer realidad la Ley de Sala Cuna o la ley que modifica la sociedad conyugal.
Si bien los avances no han resuelto todas las brechas, sí han cambiado de manera concreta la vida de miles de mujeres y sus familias.
Hoy, diez años después, la tarea sigue vigente y los desafíos nos hacen entender que el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género sigue siendo necesario, porque las desigualdades que le dieron origen aún persisten.
El desempleo femenino continúa siendo una preocupación, las mujeres siguen enfrentando mayores dificultades para conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades de cuidado, la violencia continúa afectando a miles de familias y la seguridad sigue siendo una demanda urgente.
Por eso, más que celebrar un aniversario, renovamos el compromiso de trabajar por todas las mujeres de nuestro país. Porque cuando las mujeres avanzan, avanza también Chile.
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