Codelco debe liderar una nueva etapa de desarrollo, innovación y tecnología, donde el cobre no solo salga de Chile, sino que también impulse industria, empleo y conocimiento.

Codelco ha sido durante décadas la gran “vaca lechera” de Chile. Gracias a sus excedentes, el país ha financiado políticas públicas, inversión social y parte importante de su desarrollo económico. Por eso, cuando hablamos de Codelco, no hablamos solo de una minera: hablamos de una empresa estratégica, del orgullo de Chile y de uno de los motores más importantes de nuestra economía.

Precisamente por eso preocupa el momento que vive hoy la estatal.

La salida de Máximo Pacheco cierra una etapa marcada por profundas contradicciones. Mientras públicamente se hablaba de recuperación y cifras históricas de producción, la realidad terminó mostrando otra cara: accidentes fatales, deterioro en las relaciones laborales, cuestionamientos a la conducción y denuncias por cifras de producción infladas que hoy incluso tienen a trabajadores obligados a devolver recursos asociados a bonos.

No puede normalizarse que quienes sostienen diariamente la operación terminen pagando los costos de decisiones que no tomaron. Tampoco puede ignorarse el debilitamiento del diálogo con los trabajadores contratistas y el abandono del espíritu del Acuerdo Marco, instrumento que durante años permitió estabilidad y paz social en la minería estatal.

Chile necesita que Codelco sea fuerte, moderno y eficiente. Pero la modernización no puede reducirse únicamente a aumentar producción o disminuir costos. El verdadero desafío es avanzar hacia la industrialización del cobre, dejar de limitarnos a exportar materia prima y comenzar a generar mayor valor agregado para el país. Codelco debe liderar una nueva etapa de desarrollo, innovación y tecnología, donde el cobre no solo salga de Chile, sino que también impulse industria, empleo y conocimiento.

La llegada de Bernardo Fontaine abre una nueva etapa. Y más allá de las legítimas diferencias políticas o económicas que puedan existir, lo que corresponde hoy es desearle éxito en una tarea que no será fácil. Porque si a Codelco le va bien, le va bien a Chile.

Ese desafío exige corregir errores, recuperar confianzas y entender que no habrá futuro para la estatal sin seguridad laboral, diálogo social y una mirada estratégica de largo plazo. Lo que no puede ocurrir es que, aprovechando esta crisis, algunos intenten instalar nuevamente el debate sobre la privatización de Codelco. Sería un error histórico.

Codelco debe mejorar su funcionamiento y modernizarse, sí, pero siempre fortaleciendo su carácter estatal y entendiendo que el cobre sigue siendo estratégico para el desarrollo del país y para las futuras generaciones de Chile.