El actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos. Eso nos hacía esperar que este gobierno fuera distinto, pero no ha sido así.

Asumo las críticas

He recibido muchos comentarios sobre mis artículos en este medio. La mayor parte de ellos dicen que les gustan, pero que son muy largos. Eso tiene fácil solución y la empiezo a aplicar de inmediato. Un amigo lector me dice que tengo poca paciencia con el nuevo gobierno de Chile y que debería darle tiempo para el proceso de instalación y adaptación. Otro agrega, curiosamente, que mis críticas pretenden reivindicar, justificar y defender al gobierno de Boric.

No fui partidario del gobierno recién saliente y formulé muchas críticas a sus acciones e inacciones. Mal podría pretender ahora justificarlo, defenderlo y reivindicarlo. Por el contrario, no me desdigo de mis críticas, aunque sí celebro con alegría el cambio que experimentó el presidente Gabriel Boric en sus posturas personales, al entender, como él mismo lo dijo más de una vez, que las cosas desde el gobierno se ven distintas que desde la oposición. Él cambió sus apreciaciones y sus juicios, modificó posturas y suavizó un programa que era imposible de cumplir. Boric supo cambiar, se explicó bien, tuvo el mérito de reconocer sus falencias. Eso no hace un buen gobierno, pero sí muestra a un gobernante razonable.

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Cuando se me critica de “falta de paciencia”, entiendo que el lector pide clemencia para con el gobierno en su primer tiempo, denominado “período de instalación y adaptación”.

La explicación

Lo que sucede, querido lector, es que el actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos.

Entonces, cuando sostenían ese discurso, agregaban que ellos estarían preparados para actuar desde el primer día, que no improvisarían, que llegarían con gente con conocimientos y experiencia, con sus proyectos listos, que tendrían todo preparado. Incluso más, dijeron que en los primeros noventa días estarían encaminados a todas la soluciones.

El país podría responder a la petición de clemencia que hacen algunos de sus partidarios si acaso hubiese humildad de parte de los gobernantes, pero no es así. Por el contrario, el tono es soberbio, autosuficiente, voluntarista, pues tanto el presidente como sus ministros están convencidos que pueden conseguirlo todo.

La realidad es de otro modo

Pero resulta que no es así. La señora Ministra de Seguridad pide tiempo: ahora se dio cuenta que la delincuencia actúa independientemente de la voluntad del gobierno y por muchas ganas que tenga ella de que no haya más delitos en Chile, que se terminen portonazos y asaltos, asesinatos y venganzas, no basta con ello.

Tampoco es suficiente que cada vez que se comete un delito sonado al cual los medios de comunicación le dan mucha difusión, ella tenga que ir con un general de Carabineros a mirar el lugar de los acontecimientos. Eso es más propio de un fiscal que de un Ministro.

Entonces algunos esperaríamos que ella y el Presidente o alguien en su nombre al menos, dijera que recién se está estudiando qué hacer y que la tarea asumida por el gobierno anterior de la mano de las policías estaba en la línea correcta para combatir al “crimen organizado” y al “crimen espontáneo”, pero que nada se logra ni con declaraciones ni la mera voluntad.

¿Caminos de solución?

Es verdad que ella ha conseguido que la comunicación escrita y algo la televisiva den menos espacios a los delitos, pero como éstos se siguen cometiendo es necesario tomar medidas de fondo. Una de ellas, propongo, sería separar las funciones policiales en preventivas (a cargo de Carabineros) e investigativas (responsable la PDI), para no duplicar esfuerzos o entorpecer unos lo que hacen los otros, como sucede.

“Meter mano” en Carabineros puede ser una medida interesante, especialmente para que los policías hagan sólo labores policiales preventivas y las administrativas estén en manos de civiles a su disposición. Eso entre muchas otras que van desde revisar la selección del personal hasta las normas relativas a retiro y jubilaciones.
Pero parece que el actual gobierno no estaba preparado para ello.

Jóvenes inexpertos

Muchos jóvenes inexpertos –muy inteligentes es probable– se han hecho cargo de tareas de gobierno sin entender cabalmente cuál es su responsabilidad. Por eso una subsecretaria que debe trabajar por la prevención del delito dice que la prevención del delito no es su tema.

O que la ministra que oficia de vocera sólo sea una repetidora de los comunicados que otra persona elabora, pero que no puede de contestar preguntas ni aclarar nada sin equivocarse.

No es que yo no tenga paciencia –el rechazo al gobierno va en aumento por parte de la ciudadanía– sino que lo que se esperaba de ellos al asumir es que tuvieran ya todo claro. Pero no lo tienen y van mordiéndose la cola con sus proclamas.

La inflación es mayor que en el gobierno anterior, el crecimiento menor, la cesantía en ciertas áreas aumenta, la ciencia y la cultura les son marginales y sobre la educación, salvo la idea de reprimir actos de violencia e indisciplina, no hay otras indicaciones. Con la salud no pasa nada significativo.

Si la promesa era hacer las cosas bien, no parece que eso estuviese sucediendo.

¡Que lo hagan mejor!

Las críticas, entonces, no son para que se vayan: el pueblo los eligió y deben actuar con responsabilidad y no huir. Las críticas que algunos formulamos son para que hagan las cosas mejor, trabajen con espíritu democrático, dejen de justificar sus errores con las acciones y omisiones de Boric y su gobierno, y generen soluciones para los problemas concretos tal como lo prometieron.

Ya sabemos que no estaban preparados y que no dijeron la verdad cuando afirmaban tener los proyectos listos y las medidas claras para combatir la delincuencia, asegurar soluciones de crecimiento, empleo, bienestar.

Les seguiremos teniendo paciencia, pero sus ilusiones dejan de ser tales y lo que interesa ahora es que no olviden que Chile va más allá de las familias de mayores ingresos, que los habitantes del país esperamos una propuesta de justicia, libertad, desarrollo integral y progreso, con satisfacción de las necesidades básicas y espacio para incrementar logros en las necesidades superiores.

Clemencia para los que se equivocan y paciencia con los que no saben hacer las cosas. ¿No será mucho pedir?