Lo que vivimos en esta nueva versión no es un hecho aislado ni una postal costumbrista. Es una manifestación profunda de vida en comunidad.

El pasado 12 de abril, en la jornada inaugural del Cuasimodo más grande de Chile, cerca de 2.000 jinetes recorrieron nuestra comuna desde las primeras horas de la mañana, dando vida a una tradición que no solo emociona, sino que también une.

No se trató únicamente de un despliegue masivo, sino de una expresión viva de identidad, donde Colina se reconoció a sí misma en cada familia, en cada altar y en cada gesto de respeto.

Cada año, cuando amanece temprano y los primeros caballos avanzan por nuestras calles, ocurre algo que va más allá de una tradición religiosa. El Cuasimodo convoca comunidad. Nos recuerda, en lo esencial, quiénes somos y qué valores queremos transmitir.

Lo que vivimos en esta nueva versión no es un hecho aislado ni una postal costumbrista. Es una manifestación profunda de vida en comunidad. Familias completas saliendo a las calles, niños observando con asombro, adultos mayores emocionados por décadas de participación, y vecinos que, desde sus casas, levantan altares o simplemente abren sus puertas con respeto. Esa escena, repetida a lo largo de kilómetros, tiene un valor que no siempre logramos dimensionar.

Las palabras del cardenal Fernando Chomalí durante la jornada apuntan justamente a ese corazón invisible que sostiene a nuestra sociedad: la familia. No como concepto abstracto, sino como espacio real de cuidado, de contención y de responsabilidad compartida. Cuando él señala que la familia es la principal política pública, interpela no solo a las autoridades, sino a todos nosotros.

Porque es en la familia donde se cuida a los enfermos, donde se sostiene al que pierde el trabajo y donde se aprende a convivir. Y lo que vimos en Cuasimodo es precisamente eso: una comunidad que, desde la fe y la tradición, pone en práctica esos valores de manera concreta, visible y profundamente humana.

En tiempos donde muchas veces predomina la distancia o la desconfianza, estas instancias nos devuelven a lo esencial. Nos muestran que aún existe una red invisible que une a las personas, que se expresa en gestos simples: madrugar para acompañar, compartir un momento de recogimiento y enseñar a los más pequeños el sentido de pertenencia.

Este espíritu no se agota en una sola jornada. El Cuasimodo continuará el domingo 19 de abril en Las Canteras, desde las 9:00 horas, y culminará el domingo 26 en los sectores de Quilapilún, El Colorado y Chacabuco, desde las 8:00 horas, extendiéndose a lo largo y ancho de toda la comuna. Es, en definitiva, una celebración que recorre territorios, pero sobre todo conecta personas.

Como alcaldesa, pero también como vecina, tengo la convicción de que nuestro rol no es solo administrar, sino resguardar aquello que le da sentido a la vida en comunidad. Tradiciones como el Cuasimodo se sostienen porque hay personas que creen en ellas, que las viven y que las transmiten de generación en generación.

El Cuasimodo no solo pasa por nuestras calles. Pasa por nuestra historia, por nuestras familias y por nuestra forma de entender la vida en comunidad. Y en ese recorrido, nos recuerda que cuando una comuna se une desde la fe, el respeto y la tradición, no solo preserva su identidad: construye futuro.