Cuando escuchamos o leemos sus obras maestras, nos enriquecemos con ese tesoro inmaterial, que al mismo tiempo nos une y demuestra que el arte, la música y la cultura no tienen fronteras

La famosa definición bíblica nos habla de las necesidades humanas en el plano inmaterial, es decir, de aquello que se refiere a nuestra fe y cultura, que a diario nos alimenta y nos une a todos. Lamentablemente, estos espacios intangibles llegaron a formar parte de la turbulencia global que vivimos.

Conocemos bien los ejemplos. Se trata tanto de los intentos de crear un monopolio cultural dentro de la fallida globalización unilateral, que pretendía reemplazar las tradiciones ancestrales y los valores familiares por agendas “políticamente correctas”, ajenas a nuestras sociedades, como de la prohibición de iglesias e idiomas, y de la cancelación de la cultura y el deporte.

Son cosas que notoriamente se han visto en la actual crisis de Ucrania, entre otras. Allí se llega, incluso, a extremos que recuerdan tiempos de barbarie: quema de libros y templos, agresiones a sacerdotes, artistas y atletas.

En el afán de “castigar” a Rusia —sin entrar a entender los detalles y las causas de lo que está pasando en esas tierras lejanas después del sangriento golpe de Estado de 2014 en Kiev—, muchos políticos irresponsables intentaron cancelar la cultura rusa en sus países. Y cuando fracasaron en ello, trataron de separarla de la propia Rusia como Estado.

Por supuesto, también fracasaron en esto, ya que Tchaikovsky, Chéjov, Dostoyevsky, Tolstói y muchos otros nombres son parte inalienable no solo de la nación rusa, sino también del patrimonio cultural mundial.

Cuando escuchamos o leemos sus obras maestras, nos enriquecemos con ese tesoro inmaterial, que al mismo tiempo nos une y demuestra que el arte, la música y la cultura no tienen fronteras.

En este sentido, es muy grato ver en las librerías de Chile la presencia de la literatura rusa y asistir a brillantes iniciativas culturales con participación de artistas de Rusia interpretando a nuestros clásicos. Ni hablar del amistoso en Sochi, que nos dejó una deuda de 2:0.

Por nuestra parte, aportamos todo lo posible a través de eventos culturales, deportivos y gastronómicos, manteniendo las puertas abiertas a gestos recíprocos de nuestros amigos en este ámbito.