Mientras filtros y frascos esperan su viaje congelado, hay señales que no pueden guardarse. Medir metano en la Antártica implica hacerlo en el instante justo, con instrumentos que también “sienten” el viaje.

No todo el océano puede esperar…

Mientras los microorganismos quedan atrapados en filtros, que viajarán congelados durante semanas, hay señales que solo existen en el instante en que el agua se recolecta. Una de ellas es el metano.

El metano es un gas que se encuentra en el océano en cantidades ínfimas, pero con un impacto enorme sobre el clima.

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En el océano Austral, pequeñas variaciones en su concentración pueden revelar procesos microbianos, el intercambio con la atmósfera y reacciones químicas que no se observan a simple vista. Por eso lo medimos con tanto cuidado.

En el laboratorio del buque usamos un analizador óptico de alta precisión para medir el metano disuelto en el agua.

Las muestras se toman en botellas herméticas, donde el gas disuelto se equilibra con una pequeña fase gaseosa. A partir de ese equilibrio, y usando gases de referencia como línea base, es posible calcular cuántas moléculas de metano había originalmente en el agua.

En Chile, antes de partir, el equipo marcaba valores perfectamente razonables. Durante el viaje lo llevamos como equipaje de mano, protegido del frío extremo y de los golpes. Aun así, en el océano Austral empezó a comportarse de manera extraña.

Las concentraciones de metano parecían demasiado bajas, a veces incluso negativas después de aplicar las correcciones de línea base. No se trataba de una pequeña deriva: era una “señal” que no tenía sentido físico.

Sistema de recuperación del metano montado en uno de los laboratorios del buque. Y Científica midiendo el metano en una de las muestras con el analizador óptico.
Instituto Milenio BASE

En el intento de entender qué estaba pasando, sometimos el analizador a una serie de pruebas con gases de referencia. En una de ellas, una mezcla con una concentración muy alta de metano ingresó al sistema y lo saturó. De pronto, el instrumento dejó de responder de forma estable…Había quedado temporalmente fuera de rango.

Eso no es un detalle menor. Un sensor óptico saturado puede tardar horas —a veces días— en recuperar su sensibilidad. Tuvimos que activar un procedimiento de purga: llevar el equipo a una sala con circulación mínima de personas y baja humedad, y hacer pasar aire limpio por el sistema hasta que las cámaras internas volvieran a funcionar.

Mientras tanto, el océano seguía pasando bajo el barco. No dejamos de muestrear: almacenamos el gas extraído del agua en bolsas especiales, una solución de contingencia pensada precisamente para estos escenarios. Pero esas bolsas son limitadas y no están diseñadas para guardar muestras durante mucho tiempo, así que cada hora contaba. Afortunadamente, una noche completa de purga fue suficiente. El instrumento recuperó su estabilidad y pudimos retomar las mediciones.

Cuando el sistema volvió a estar operativo, comenzamos de nuevo, esta vez de forma más sistemática.

Científica recuperando la fase gaseosa en una de las muestras. | Científica operando el analizador de gases.
Instituto Milenio BASE

Usamos botellas reutilizadas, bolsas especiales con gases de concentración conocida y el principio de desplazamiento de agua para preparar una serie de mezclas controladas. Inyectamos volúmenes precisos de metano en aire de referencia y construimos así una curva de respuesta bajo condiciones antárticas.

Cada punto de esa curva era una pequeña ancla de confianza: una concentración conocida frente a una señal medida.

El resultado fue claro: El analizador seguía siendo lineal, pero su línea base se había desplazado durante el viaje. No era el océano el que estaba produciendo valores imposibles. Era el instrumento el que ya no estaba calibrado en el mismo punto.

Con esa nueva curva pudimos corregir los datos y volver a interpretar las mediciones con fundamento.

Ajustar un instrumento en la Antártica no es lo mismo que hacerlo en un laboratorio. Hay que trabajar con lo que se tiene, documentar cada paso y ser explícitos sobre qué se puede corregir y qué no. La confianza en los números no proviene de que todo opere perfectamente, sino de saber exactamente cómo funciona.

Paisaje Antártico
Instituto Milenio BASE

Al final, el metano volvió a ser medible…Y con él, una dimensión más del océano Austral pudo ser interpretada.

Pero en algunos frascos, esa historia no había terminado: recién estaba comenzando.