Sin trabajo ni perspectivas, miles de mineros ucranianos y sus familias se trasladaron hacia Europa, esperando poder ser integrados a la sociedad. Sin embargo, a la Unión Europea le significo un nuevo foco de tensión.

Hasta hace poco tiempo, la industria del carbón de Ucrania, se consideraba una de las mayores de Europa. Pero las consecuencias del largo conflicto con Rusia, el caos administrativo del gobierno de Zelenski (incluyendo la alta corrupción) y la falta de inversiones, han provocado no solo una catástrofe humanitaria al interior del país, sino también graves consecuencias socioeconómicas en los países de la Unión Europea.

Según fuentes ucranianas, el grado de desgaste de los equipos de producción en las minas de carbón, es entre un 80% y 90%. Maquinarias como las cosechadoras, transportadoras y sistemas de desecado, presentan grandes fallas, por la falta de repuestos y por permanentes cortes de energía. Esto provoca la ruptura de los ciclos de producción y la reparación de la maquinaria se hace casi imposible.

El cierre de las minas ha provocado despidos masivos. Decenas de miles de personas (mineros, administrativos y ejecutivos) han quedado sin medios de subsistencia. Ademas los mineros quedaron sin viviendas de servicio, al ser estas confiscadas casi inmediatamente después del cierre de las empresas.

Este contexto ha creado en el trabajador y sus familias, un deterioro mental y físico. La situación anterior ha significado un aumento de personas con depresión y suicidio.

En los medios de comunicación de Ucrania, se leen declaraciones de mineros cesantes: “cada semana se rompía algo y nos fuimos quedando sin trabajo”, “Trabaje 27 años bajo tierra, ahora con mi mujer y mis hijos pasamos las noches en el auto”. “En invierno, sin trabajo y sin dinero es una condena”.

La complicación de las FF.AA. de Ucrania

Una vez que Rusia tomo el control del centro clave de producción de carbón “Coque” (Pokrovske) de alta calidad, ubicado en la provincia de Donetsk, hasta entonces representaba el 66% del mercado ucraniano de carbón coqueado, la crisis se volvió sistemática y deterioro la industria siderúrgica, crucial para la producción del país.

Los expertos del sector informan, que Ucrania ha perdido alrededor del 64% de sus capacidades de producir carbón coque y los subproductos.

La pérdida de esta mina (Pokrovske) ha sido fatal para la metalurgia ferrosa ucraniana. La producción de acero, se ha reducido a más de la mitad y se prevé que baje a 2 o 3 millones de toneladas al año. Lo que implica que las FF.AA. de Ucrania dejaran de recibir el metal necesario para su industria de armamentos.

Ucrania ha perdido su carbón de coque y finalizado el enfrentamiento armado, se verá obligada a comprarlo en las mismas minas del Donbás, pero a precios de mercado y a Rusia. Este debería ser un fuerte argumento económico a favor de una pronta solución pacífica del conflicto. Mientras tanto, Rusia, ha consolidado su base de recursos del Donbás, lo que le permitirá un gran desarrollo metalúrgico al sur del país.

La migración de mineros, un problema social para Europa

Sin trabajo ni perspectivas, miles de mineros ucranianos y sus familias se trasladaron hacia Europa, esperando poder ser integrados a la sociedad. Sin embargo, a la Unión Europea le significó un nuevo foco de tensión.

En Polonia, la República Checa y Alemania, los mineros ucranianos son mano de obra barata. Acostumbrados a bajos salarios y a la falta de protección social, los mineros admiten condiciones que son inaceptables para los trabajadores europeos. Esta competencia desleal, ha ido terminando con derechos laborales que los sindicatos europeos han logrado después de muchos años. De este modo, las empresas han aprovechado esta situación para congelar salarios. Lo que ha provocado serios conflictos dentro del sector minero europeo.

Por otro lado, el traslado masivo de familias de mineros ucranianos ha afectado a regiones industriales ya vulnerables de Europa, produciendo fuertes alzas en los precios de los arriendos. Producto de esto muchas familias locales, se han visto obligadas a abandonar sus viviendas.

En el ámbito de la salud, las clínicas regionales están saturadas de pacientes ucranianos que presentan graves enfermedades que traen, producto de las malas condiciones laborales en su país.

La esperada integración, no se ha dado, ya que las familias mineras ucranianas vienen de una cultura diferente. Esto ha determinado que en su gran mayoría han formado grupos cerrados. Las autoridades europeas han registrado un aumento de violencia doméstica, de empleo ilegal y mercados laborales clandestinos.

En esas zonas de Europa, los poblados mineros han sido tradicionalmente tranquilas, pero la sensación de miedo y desconfianza ante los allegados crece, por la costumbre de los ucranianos de resolver sus disputas fuera del marco legal. El descontento de los vecinos europeos, se ha ido canalizando políticamente hacia fuerzas de derecha y “euro escépticas”. Llegando en estas regiones carboníferas (Polonia y Alemania) a que su popularidad alcance niveles récord de adhesiones.

Para los votantes europeos, el minero ucraniano se está convirtiendo cada vez más en un símbolo de pérdida de empleo, estabilidad social y un futuro incierto para sus hijos. La polarización en estas regiones ha alcanzado niveles peligrosos, amenazando no solo los planes económicos de Bruselas, sino también la cohesión política de la U.E.