Hoy, Israel considera a Chile un socio relevante y confiable en América Latina, y creemos firmemente que Israel puede ser un socio clave para Chile frente a los desafíos actuales.

Las relaciones entre Israel y Chile son amplias, profundas, y se proyectan mucho más allá de los marcos tradicionales de la diplomacia. Se trata de un vínculo que hunde sus raíces en la historia, incluso antes de la creación del Estado de Israel, y que hoy adquiere una relevancia renovada frente a los desafíos que enfrentan nuestras sociedades en un mundo cada vez más complejo e interdependiente.

Uno de los primeros registros formales de esta relación data de 1925, cuando el profesor José Gálvez fue enviado por la Universidad de Chile a Tel Aviv y Jerusalén, donde presentó la industria salitrera chilena y, al mismo tiempo, tomó nota de los avances que entonces ya sorprendían al mundo, particularmente un modelo innovador para la agricultura en condiciones adversas.

Tras la proclamación del Estado de Israel en 1948, Chile fue uno de los países que tempranamente reconoció nuestra soberanía, en febrero de 1949. Poco después, el 16 de mayo de 1950, ambos países establecieron relaciones diplomáticas plenas, y en 1952 Chile acreditó a su primer embajador en Israel. Estos gestos tempranos reflejan una visión estratégica y una afinidad de valores que han perdurado a lo largo de las décadas.

Hoy, Israel considera a Chile un socio relevante y confiable en América Latina, y creemos firmemente que Israel puede ser un socio clave para Chile frente a los desafíos actuales.

Israel ha demostrado cómo la necesidad puede convertirse en motor de creatividad. Nuestra sociedad, construida a partir de sucesivas olas migratorias y una constante exposición a amenazas externas, ha desarrollado una cultura de resiliencia, innovación y adaptación permanente.

Estas características, propias de nuestra realidad, no nos separan de Chile, sino, por el contrario, generan sinergias valiosas basadas en el aprendizaje mutuo.

Así, nuestra experiencia en seguridad ciudadana, control de fronteras y lucha contra el crimen organizado —forjada en un contexto de amenazas permanentes— ha impulsado soluciones tecnológicas y metodológicas que pueden adaptarse a distintas realidades, siempre desde el respeto a la institucionalidad democrática y los derechos fundamentales.

Del mismo modo, la gestión eficiente de los recursos hídricos se ha convertido en uno de los pilares de la cooperación posible entre ambos países.

Israel, con un territorio mayoritariamente árido, ha desarrollado una institucionalidad del agua eficiente y apolítica, con tecnologías de desalinización, reutilización y riego de precisión, que hoy son referencia mundial. Frente a la crisis hídrica y la desertificación que afectan a Chile, esta experiencia puede transformarse en cooperación concreta y alianzas de largo plazo.

Asimismo, el modelo de transferencia tecnológica de Israel ha permitido un recorrido fluido de los conocimientos desarrollados en las universidades hacia aplicaciones prácticas que se utilizan en el sector privado.

Esto se verifica especialmente en el mundo de la investigación médica y la digitalización de los sistemas de salud, donde Israel ha logrado consolidar un modelo de salud pública, gratuita, de calidad, que da acceso oportuno a las atenciones ambulatorias e intervenciones quirúrgicas. Naturalmente, en este ámbito también hay grandes oportunidades de cooperación.

En los últimos años, pese a contextos complejos y debates legítimos en el ámbito internacional, la relación bilateral ha continuado desarrollándose con contrapartes políticas, académicas y empresariales. Israel mantiene su disposición permanente al diálogo respetuoso y constructivo, convencido de que las relaciones sólidas se fortalecen precisamente cuando las partes son capaces de abordar las diferencias con franqueza y madurez.

Mirando hacia el futuro, Israel y Chile tienen una oportunidad concreta de profundizar su relación estratégica, y de parte de Israel existe una voluntad total de compartir experiencias exitosas en distintos ámbitos, como asimismo su institucionalidad, modelos y tecnología.

Los lazos entre Israel y Chile no son solo circunstanciales ni meramente históricos. Son el resultado de una visión compartida que reconoce el valor de la cooperación, la innovación y el respeto entre naciones.

Desde Israel, reafirmamos nuestro compromiso con seguir fortaleciendo esta relación, convencidos de que su proyección no solo beneficia a nuestros países, sino que también puede contribuir a soluciones concretas para un mundo que exige respuestas innovadoras y colaborativas.