La amenaza sigue latente, el fanatismo amplifica las diferencias en el relato y los hechos. Hay sobrevivientes del fatal octubre que optaron por el suicidio debido al dolor.
No olvidemos las vidas asesinadas. El 7 de octubre de 2023, el radicalismo avanzó desde la frontera con el doble objetivo de matar y secuestrar enemigos. Fue un ataque sorpresa con cohetes en el cielo y terroristas sueltos en territorio israelí.
Esa madrugada la música se detuvo, las alarmas se activaron y el mensaje se amplificó: “todos debían evacuar la zona”.
Al sur, en la zona de Reim, un sector cercano a Gaza, se había instalado el escenario y punto de encuentro del Festival de música electrónica en Israel, con más de tres mil participantes. Hamacas y reposeras, carpas y bailes a campo abierto, en un entorno natural con árboles, nubes y paisajes propios del lugar. Una fiesta electrónica, sin prisa ni pausa, inspirada en el amor y la paz.
Un amanecer distinto. Al bajar del bus te niegas a creer lo sucedido y que el odio movilice a eliminar a otros por ser distintos.
En Nova murieron más de 300 personas inocentes, además de secuestrados y heridos. Un atentado a la humanidad que algunos relativizan desde desvaríos ideológicos inaceptables.
Al caminar por Reim comprendes, paso a paso, que el terrorismo no tiene justificación. El sector está señalizado y recrea los lugares de ese amanecer sangriento. Fue una masacre y un sonido bestial perpetrado por Hamás y una lucha fundada en el resentimiento. Los terroristas se cruzaron con el festival y el destino fatal de los asistentes. La masacre desatada no era parte del plan inicial de Hamás. Los asesinos grabaron y disfrutaron la cacería. Varios testigos recuerdan las risas y el desparpajo de los atacantes.
Más de 100 terroristas llegaron a la zona, el sonido de los disparos y el salvajismo generaron un escenario de sangre y sobrevivencia, con terroristas en camionetas y motos atrapando a sus presas. Recorrer el lugar es recordar una crónica del terror y deshumanización. Los árboles de Reim fueron testigos y refugios pasajeros del horror. Algunos huyeron al bosque y otros corrieron a sus autos.
El epicentro actual reúne las fotografías de los inocentes, distintos y diversos, cosmopolitas y cercanos, congregados por la música, la libertad y la diversión. Sus rostros y biografías están presentes. La zona es visitada por delegaciones de todo tipo y del mundo. Es un espacio de reflexión, memoria y aprendizaje.
Los familiares de las víctimas y sobrevivientes han regresado al suelo mancillado. Algunos sobrevivientes cuentan su testimonio en primera persona, es una herida personal y social que aún duele, una cicatriz indeleble. Una marca trágica tras la invasión salvaje invocando la yihad y el uso de la violencia justificada como medio y fin.
Las horas infinitas de ese 7 octubre se resumen en: sobrevivir o morir. Varios asistentes a la fiesta, instintivamente, se escondieron entre los muertos, eran sus amigos o conocidos, y lograron engañar a los terroristas.
Hoy, las piedras colocadas debajo de sus fotografías, los recuerdan y honran. Hay piedras pequeñas y medianas, apiladas y ordenadas en señal de memoria, respeto y presencia del visitante. Piedras que permanecen en el tiempo con afecto, consuelo y orgullo. Una tradición peculiar, entre la vida y la muerte, de la cultura judía.
Observar el espacio y memorial de Nova, es una experiencia única y una invitación a reflexionar sobre los peligros del radicalismo y el antisemitismo actual. La amenaza sigue latente, el fanatismo amplifica las diferencias en el relato y los hechos. Hay sobrevivientes del fatal octubre que optaron por el suicidio debido al dolor.
La salud mental en las víctimas es otra emergencia que requiere de múltiples apoyos. El chileno Matías Maldonado es un sobreviviente de la masacre. Cumplió funciones de guardia en la fiesta, ayudó a evacuar y rescató a una amiga durante la emergencia.
Su testimonio reconstruye la pesadilla en primera persona: “yo empecé a correr”, “estoy bien, pero hay muchos muertos”, le dijo a su mamá.
La tragedia de octubre se encuentra en múltiples registros audiovisuales, documentales y en las redes sociales, con testimonios y enseñanzas universales. Es imposible quedar al margen del horror. No olvidemos las vidas ausentes. “Los recordaremos hasta la eternidad”.
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