Señor Director:

Una semana después del terremoto…Venezuela sigue buscando sobrevivientes entre los escombros.

Y resulta inevitable recordar que, hace apenas unos meses, su petróleo ocupaba titulares, debates y análisis internacionales.

Hoy, ese mismo recurso que podría traducirse en maquinaria operativa, ambulancias en movimiento y combustible para acelerar los rescates, vuelve a evidenciar la contradicción más dolorosa de todas.

A una semana de la catástrofe, muchas vidas han podido ser rescatadas gracias al trabajo incansable de voluntarios venezolanos y de los equipos internacionales que reforzaron las labores de búsqueda y asistencia humanitaria.

Los terremotos no distinguen gobiernos ni ideologías. Pero la capacidad de respuesta sí distingue a los Estados. Cuando la falta de planificación, la precariedad institucional y la inacción agravan una tragedia, deja de ser solo un desastre natural.

La historia preguntará cómo un país con una de las mayores reservas de petróleo del mundo no pudo garantizar el combustible para mover una excavadora cuando cada minuto significaba una vida. Preguntará por qué tantas familias tuvieron que remover escombros con sus propias manos mientras la ayuda llegaba desde otros países.

Lo que está a simple vista no necesita anteojos. Porque los terremotos no pueden evitarse. El abandono del Estado, sí.

Ni perdón. Ni olvido.

Cristina Rivas Botero
Periodista venezolana en Chile