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Sábado 02 febrero de 2019 | Publicado a las 07:25 · Actualizado a las 09:05
"¬ŅPor qu√© no te matas?": 3 testimonios que revelan la crudeza del ciberbullying en Chile
Por Periodismo UCSC
La información es de Javiera Albornoz Figueroa
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En Chile, las cifras por ciberacoso (ciberbullying) van al alza. El pasado 2018, la Superintendencia de Educaci√≥n revel√≥ que las denuncias de este tipo aumentaron un 84%, en comparaci√≥n a a√Īos pasados. Los adolescentes son las v√≠ctimas propicias de esta violencia, que generalmente acecha en el anonimato.

‚ÄúMe afect√≥ caleta‚ÄĚ, dice Pedro. El hostigamiento lleg√≥ a su vida cuando cursaba octavo b√°sico en un colegio de la comuna de Concepci√≥n. Sus compa√Īeros no dejaron nunca de molestarlo en la sala de clases, y luego, esos insultos tambi√©n aparecieron en sus redes sociales.

El caso de Pedro coincide con las estad√≠sticas que entreg√≥ la Superintendencia de Educaci√≥n el pasado 2018. Es decir, que m√°s del 80% de las denuncias por ciberbullying o ciberacoso se concentran entre alumnos de 7¬ļ, 8¬ļ b√°sico y 1¬ļ de ense√Īanza media.

Pedro hoy tiene 21 a√Īos. Es de contextura gruesa, cabello extremadamente corto y ojos negros. El joven cuenta que las burlas del pasado apuntaron casi siempre a su peso, pues mientras estuvo en el colegio lleg√≥ a pesar 100 kilos con su metro setenta de estatura. En 2011, tambi√©n decidi√≥ contar abiertamente que era homosexual. Ese fue otro motivo que usaron sus victimarios para hablar mal de √©l.

Los acosadores de Pedro comenzaron a insultarlo a través de Ask.fm, una plataforma con sede en Letonia, creada en 2010, y que permite a los usuarios enviar preguntas y comentarios a otras personas, de forma anónima si quieren.

En 2013, Ask.fm fue duramente cuestionada por organizaciones y activistas de seguridad infantil, luego que cuatro adolescentes en Reino Unido se suicidaran después de ser víctimas de bullying o matonaje a través de esta popular red social.

‚ÄúMe llegaban mensajes an√≥nimos por esa red social como ‚Äėmaric√≥n‚Äô, que me matara, que nadie me quer√≠a y que era un pobre hue√≥n (sic)‚ÄĚ, cuenta Pedro, que siempre ha sospechado en esos mismos compa√Īeros de octavo b√°sico que lo empujaban e insultaban en los pasillos de su colegio.

Si bien Pedro pudo resistir el acoso que experimentó en las redes sociales, durante la etapa escolar sufrió de anorexia y hasta el día de hoy padece de problemas psicológicos. De a poco, está tratando de superar el dolor que le causaron sus victimarios.

Sufrir en silencio

Nicolás Martínez Ramírez
Nicolás Martínez Ramírez

Nicol fue una v√≠ctima silenciosa por varios a√Īos. El acoso parti√≥ cuando cursaba cuarto b√°sico y perdur√≥ hasta segundo medio. En esa √©poca, la joven asist√≠a a un colegio cat√≥lico, tambi√©n de Concepci√≥n.

‚ÄúYo ten√≠a una compa√Īera que, adem√°s, era mi vecina. Nuestros pap√°s se conoc√≠an de hace a√Īos, pero ella era una de las que me molestaba en el colegio y yo nunca dije nada‚ÄĚ, confiesa.

Esa vecina ‚ąíjunto con otra compa√Īera‚ąí excluy√≥ a Nicol de casi todas las actividades extraprogram√°ticas de su curso, como aniversarios, reuniones y bailes. M√°s tarde, aparecieron tambi√©n los comentarios odiosos.

‚ÄúMe dec√≠an que era fea. Creo que eso me jodi√≥ la cabeza (…) La autoestima nunca se levant√≥. Despu√©s vinieron m√°s insultos y me ofrecieron golpes. Aunque nunca me pegaron, s√≠ se juntaban entre varias para destacar en lo que yo estaba mal‚ÄĚ, recuerda.

En 2012, cuando la joven cursaba segundo de ense√Īanza media, su acosadora estableci√≥, a escondidas, una relaci√≥n amorosa con otra compa√Īera del mismo curso. Muy pronto los pap√°s de la acosadora se enteraron del ‚Äúpololeo‚ÄĚ de su hija. Desde ese momento, la vida de Nicol dio un giro, pues r√°pidamente se difundi√≥ el rumor de que ella era quien hab√≠a destapado el secreto.

Entonces, comenz√≥ ser hostigada casi a diario por Facebook. ‚ÄúMe escrib√≠an que todos sab√≠an que yo estaba mintiendo, que me hac√≠a la mosquita muerta, que era una maricona (sic). Yo colaps√©‚Ķ Me puse a llorar y mi mam√° me pill√≥‚ÄĚ, relata.

Nicol decidi√≥ contar de la situaci√≥n a sus padres y ellos determinaron cambiarla de establecimiento, pues vieron que su hija tem√≠a ser golpeada por sus compa√Īeros, que adem√°s ya ten√≠an antecedentes de violencia hacia ella. ‚ÄúMe imagin√© que al otro d√≠a me iban a sacar la ‚Äėcresta‚Äô entre todos y me asust√©‚ÄĚ, cuenta.

Hace un a√Īo, Nicol inici√≥ una terapia sicol√≥gica a ra√≠z del ciberacoso que recibi√≥ en la ense√Īanza b√°sica y media. Dice que hablar de la situaci√≥n le ha hecho muy bien. Hoy no siente culpa hacia sus compa√Īeros e incluso es capaz de perdonar, pese a que finalmente descubri√≥ que su hostigadora y vecina fue la que esparci√≥ el rumor en su contra y que la termin√≥ alejando de su primer colegio.

No solo en la ciudad

Nicolás Martínez Ramírez
Nicolás Martínez Ramírez

El fenómeno de ciberacoso preocupa especialmente a profesionales de la educación, que deben enfrentar y dar solución a este tipo de casos en sus aulas o incluso fuera de estas.

Las denuncias por ciberacoso aumentaron en un 84% el pasado 2018, comparado a las cifras de 2016 y 2017, de acuerdo a la Superintendencia de Educación. Dentro del grupo denunciante, las mujeres son las más afectadas, casi siempre receptoras de esta violencia anónima.

La historia de Rocío es relatada por Consuelo Garay Bahamondes, sicóloga infantil de la Universidad del Desarrollo, quien además ha trabajado en distintos colegios de la Región del Bío Bío.

‚ÄúFue un caso que parti√≥ como bullying y luego se convirti√≥ en cyberbullying. Rocio, una menor de 10 a√Īos, lleg√≥ a estudiar a una escuela rural de Cabrero y fue acosada por otras tres compa√Īeras‚ÄĚ, explica.

La profesional dice que dentro de los establecimientos rurales el ciberacoso o simplemente acoso es m√°s com√ļn de lo que se cree. Por eso, cuando Roc√≠o lleg√≥ a su nuevo curso, de inmediato capt√≥ la atenci√≥n de un grupo de tres ni√Īas de 12 a√Īos.

‚ÄúComenzaron a molestarla; le enviaban mensajes que dec√≠an que era fea, que ten√≠a dientes de caballo. Roc√≠o es un poco diferente al resto de su clase. Tiene ojos azules y el pelo rubio‚ÄĚ, detalla la sic√≥loga. ¬†

Rocío experimentó el hostigamiento desde su propia silla y mesa, más tarde, esa violencia se trasladó a la red. En Facebook aparecieron fotos de la menor con comentarios insultantes hacia su persona.

‚ÄúAl descubrir esa situaci√≥n tuve que intervenir y entrevist√© a las involucradas. En paralelo, realic√© talleres personalizados para todos los estudiantes del colegio enfocados en la afectividad y sexualidad. (…) La situaci√≥n se fren√≥ y hoy las cuatro son amigas‚ÄĚ, cuenta la especialista.

Un delito

Nicolás Martínez Ramírez
Nicolás Martínez Ramírez

En algo concluyen los expertos: el hostigamiento siempre ha existido. El problema y el peligro para esta generación radica en que hoy en día existen más medios de propagación, como por ejemplo las redes sociales.

Seg√ļn la encuesta Casen 2015, dos de cada tres ni√Īos, menores de 12 a√Īos, poseen un celular. Otro estudio, realizado por la ONG Datos Protegidos, detall√≥ que dos de cada tres menores poseen una cuenta de Facebook, una red social que sirve, en algunos casos, para canalizar este tipo de agresiones.

Actualmente se tramita en el Congreso un proyecto que modifica la Ley General de Educación y que buscar tipificar el ciberacoso como un delito. La iniciativa define esta forma de violencia como cualquier tipo de agresión psicológica, intimidación, hostigamiento, difamación y amenaza a través de cualquier red social, medios tecnológicos e internet, de manera reiterada y de forma insidiosa.

Asimismo, el proyecto permite a los padres y apoderados de la víctima, así como también al establecimiento educacional poder iniciar acciones civiles o penales en contra del responsable o de los padres de aquellos alumnos que hostigan en la red.

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