En entrevista con este medio, el senador Karim Bianchi analiza el escenario político tras la Cuenta Pública, abordando los desafíos del Gobierno en materia de seguridad y fijando su posición frente a la denominada "megarreforma". Además, cuestiona lo que considera una contradicción del Ejecutivo: impulsar medidas más duras para quienes cometen incivilidades, mientras no muestra la misma firmeza frente a los delitos económicos.
El senador independiente por Magallanes, Karim Bianchi, aborda con BioBioChile la actualidad nacional, repasando los primeros meses del gobierno de José Antonio Kast, su gestión en seguridad y la denominada “megarreforma” que se discute en el Senado.
“Que el ministro de Seguridad entregue seguridad, después de lo que pasó con la ministra anterior, ya es un avance”, plantea el parlamentario, valorando el cambio de gabinete. Sin embargo, advierte contradicciones en el Ejecutivo, especialmente por no avanzar en la apertura del secreto bancario vía administrativa.
En esa línea, también cuestiona el proyecto de un “Registro de Vándalos e Incivilidades“, afirmando que a quien ande borracho o consumiendo drogas se le quitarían beneficios sociales, “pero a alguien que se colude no”.
Respecto de la denominada “megarreforma”, Bianchi sostuvo que su voto estará disponible solo si el proyecto garantiza crecimiento económico. En esa línea, criticó el eventual aumento del límite de la deuda pública, asegurando que “endeudar al país para pagar este capricho que están haciendo no me parece que sea adecuado”.
Finalmente, descartó negociar aspectos particulares de la iniciativa a cambio de su apoyo, zanjando: “Eso es ponerle precio al voto, se llama cohecho, y me parece torpe”.
Bianchi evalúa al Gobierno y el cambio de gabinete
—¿Cuál es su evaluación general del Gobierno hasta ahora y en qué pie cree que queda después de la Cuenta Pública?
Bueno, yo creo que tuvo una semana muy exitosa, con el copamiento, que era de lo que se hablaba, y eso se cae a pedazos cuando pasa lo del “bencinazo”. Y, de ahí en más, el Gobierno no se ha logrado levantar de situaciones en las cuales se ha entrampado. Lo que pasa es que, luego de todo esto que ha ocurrido con la megarreforma, se ha dejado de legislar respecto de cosas que son relevantes; se ha concentrado todo en esto, en el tema económico, y se han abandonado las propuestas de la agenda.
Recién ahora se están reactivando materias de seguridad y, por tanto, yo creo que el análisis lo dicen las encuestas, que por lo menos hasta ahora no ha sido favorable. La gente esperaba otra cosa, situaciones que han sido como publicidad engañosa respecto de la seguridad y de la migración. Entonces, bueno, habrá que dar más tiempo, no lo sé, pero hasta ahora no es lo que se avizoraba y tampoco se ha concentrado la agenda en lo que hoy día uno podría esperar.
—¿Cree que le hizo bien el cambio de gabinete al Gobierno? ¿Veía necesaria la salida de Steinert y Sedini?
Los gobiernos tienen la potestad de hacer lo que consideren respecto de los nombramientos, pero efectivamente eran dos ministras que ya eran un problema, no solamente para el Gobierno, sino que también un problema político. La ministra lo que menos entregaba era seguridad; la vocera, lo que menos era capaz de entregar, era el mensaje que pretendía el Gobierno.
Entonces, eran dos cambios que ya se estaban esperando hace rato y, en ese sentido, al menos lo del ministro Arrau me parece un acierto, porque ha logrado instalarse con una agenda, plantear rápidamente cambios, no solamente de él, sino que del equipo completo, del discurso; y el ministro Alvarado, con su experiencia, ha logrado llevar ambas carteras de buena forma. La relación con los parlamentarios, en ese sentido, me parece que ha sido favorable hasta ahora.
—En particular sobre la exvocera, ¿usted cree que hay algún error en particular que le pudo costar el cargo? Por ejemplo, lo que pasó cuando evitó responder directamente si la soberanía del Estrecho de Magallanes es chilena. Usted, que es de allá, ¿cómo vio esto?
Claro, como uno es de allá, uno se siente un poco desprotegido. En ese caso, uno entiende que alguien puede desconocer algo, pero eso era noticia todo el día. Entonces, uno dice: bueno, los asesores debieron haberle hecho una inducción respecto de lo que estaba pasando, respecto del mapa de Chile, no sé. O ella tendría que haber señalado: “Mire, esto lo está viendo, en este caso, Cancillería; no me voy a pronunciar”. Pero decir “voy apurada a una comida con los senadores del oficialismo” no era la respuesta adecuada.
La verdad es que era una persona sin experiencia. Ese ministerio en sí requiere tener un dominio de muchas cosas, entonces alguien que viene absolutamente fuera de la política es muy complejo que pueda desarrollarlo, porque requiere hablar de todo. Por tanto, alguien cuya experiencia política era igual a cero, creo que sí fue un desacierto. Yo creo que, más allá de la capacidad que quizás tenía por su profesión para comunicar, no bastaba con eso. La comunicación tiene que estar también llena de contenido, si comunica de una forma, pero lo que comunica no sirve, bueno, es un fracaso. Entonces, yo creo que el caso de ella fue una apuesta, y una apuesta que le costó caro al Gobierno.
Arribo de Arrau y “contradicciones” del Ejecutivo por secreto bancario
—Pasando a seguridad. Decía que ve bien el nombramiento de Arrau. ¿Ha tenido conversaciones con él? ¿Se ha mejorado el diálogo con el Gobierno?
Mire, yo debo decir que, desde el primer momento en que asumió, tomó contacto conmigo. Ha tenido interés en conversar con parlamentarios que están en la Comisión de Seguridad, ha conversado con muchas personas, ha sostenido una serie de reuniones y hay un discurso en el cual se sostienen varias acciones que quiere llevar adelante. Yo conversé el sábado pasado con él; la reunión originalmente era el miércoles, pero yo no podía por la distancia. Y hablamos de distintos proyectos que se están llevando a cabo, de cómo vamos a priorizar la agenda, me anticipó un poco lo que iba a haber en la Cuenta Pública en materia de proyectos.
Me parece interesante lo que va a pasar con Carabineros respecto de los estipendios, de alargar la carrera funcionaria y de la bonificación. Hoy día tenemos al 20% de los carabineros con licencia médica, que no dudo que sean reales porque lo entrega el mismo hospital de la institución; han disminuido cerca de 5.000 funcionarios en los últimos años. Entonces, hay que potenciar eso, porque por más que tengas un plan, si no tienes quién lo ejecute, hay un problema.
Lo propio pasa en Gendarmería. Hay algunos proyectos de ley que estamos desarrollando; ayer estábamos viendo el “Sinaproc“, que es como la línea única que unifica los teléfonos de emergencia. Entonces, yo creo que está la motivación.
Ahora vamos a ver si eso se traduce en que podamos bajar los índices de delitos y que la gente se pueda sentir más confiada y más segura. Eso no es inmediato, pero creo que el ministro entró empoderado y eso es bueno. Que el ministro de Seguridad entregue seguridad, después de lo que pasó con la ministra anterior, ya es un avance.
—¿Y cómo vio la presentación de este Plan Operativo de Seguridad?
Me parece que está bien (…). Hay que plantearse cosas como, por ejemplo, que sigan carabineros haciendo funciones de tránsito. Hoy día, formar un carabinero tiene un costo, pero formar a alguien que no usa un arma y que esté en un control de tránsito o haciendo notificaciones es mucho más económico que formar a alguien que tenga que ir a combatir el crimen.
También hay carabineros que están diciendo: “Bueno, sáquennos a las calles, sáquennos de la labor administrativa”. Si un carabinero está dedicado a hacer notificaciones en un computador y le dicen: “Ahora va a tener que salir a la calle y sacar la pistola por el mismo sueldo”, también es un problema.
Entonces, yo espero que exista el contingente necesario para ir a combatir el crimen. También se están habilitando escuelas provisorias de formación de carabineros. Me parece que todas las medidas están bien: las carcelarias, las salidas a las calles. Pero todo se me contrapone cuando después, en la tarde, habiéndose hecho pública la Operación Tokio, en el Senado no quieran avanzar en el proyecto de inteligencia, donde se persigue la ruta del dinero, en específico la apertura del secreto bancario de forma administrativa. En estos casos, donde un banco durante tres años tuvo transacciones sospechosas y ni siquiera notificó a la UAF.
Entonces, ahí se me contrapone cuando un Gobierno quiere combatir el crimen y, además, anuncia, por ejemplo, proyectos como este Registro de Vándalos, pero Registro de Vándalos son personas que cometen incivilidades: andar borracho en la calle, consumir droga en la calle, y se les quita un beneficio social; pero a alguien que se colude no se le quita un beneficio social.
Entonces, pareciera que el castigado es el más pobre. Cuando se trata de ver delitos económicos, también se abstienen. Entonces, es como si tuvieran una agenda de seguridad para combatir al delincuente de barrio. Y acá el delincuente tiene que estar, en todos sus aspectos, bajo la misma lupa. No me parece que haya privilegiados en el ámbito delictual.
—¿Le falta mano dura para el delincuente de “cuello y corbata”?
Claro, ahí había una oportunidad en el proyecto que vimos de inteligencia económica, y demostraron que para ellos es importante quizás el migrante, el delincuente común, y no así el delincuente que puede coludirse, que puede sacar fondos de un banco al extranjero. Entonces, ahí se me contrapone el Gobierno. Es fácil decirle a una persona, no sé, alcohólica, que está botada en la calle, que le vamos a sacar la PGU, pero parece que es difícil decirle a un empresario que le vamos a quitar su devolución de impuestos, por ejemplo, si comete un delito de colusión. Entonces, yo creo que la vara es muy diferente.
—La semana pasada el fiscal regional de Magallanes alertó por la expansión del crimen organizado y comentaba que están pasando por el Estrecho. ¿Qué información maneja sobre esto y qué cree que hace falta en este territorio?
El delito va moviéndose y va utilizando rutas inexploradas, rutas que pueden parecer, digamos, contraintuitivas. Entonces, claro, y dada también la situación del Canal de Panamá, el Estrecho de Magallanes toma relevancia; sacan droga del norte, la pasan por nuestro territorio para mandarla hacia Argentina.
El fiscal regional hace esta denuncia; nosotros tenemos una policía marítima que hoy día cumple una función importante, pero que hay que potenciar. Yo conversé respecto de este punto con el ministro de Seguridad, pero además tuve una reunión con el ministro de Defensa y, lamentablemente, ahí veo una contradicción cuando el ministro Arrau me dice: “Tenemos que sacar más policía marítima”, y el ministro de Defensa me dice: “No tengo cómo sacar más policía marítima porque no hay contingente ni tenemos la infraestructura”.
Entonces, creo que hay que dilucidar cómo lo vamos a trabajar, porque, en mi caso, por ejemplo, hay proyectos relevantes que se han impulsado para que, como somos una “zona isla”, ojalá transformarla en la más segura. Y para eso hemos avanzado en iniciativas como el control biométrico con escáneres, que son movibles y pueden estar en puertos, aeropuertos y fronteras, como también el registro de pasajeros. Entonces, se ha avanzado en estas materias para evitar que el crimen organizado se vaya desplazando, pero para eso se requiere necesariamente que la policía marítima tenga un mayor contingente. Además, la policía marítima cumple funciones en horario de oficina y, cuando el despliegue ocurre fuera de ese horario, donde no está con todo su contingente, efectivamente se abre un flanco.
Es un territorio muy amplio, donde es complejo desplegar todo el contingente. Pero si en el norte colocan una zanja, nosotros tendremos que colocar los barcos, las barreras que nos permitan defendernos. Creo que tenemos el mismo legítimo derecho a no permitir que entre el crimen y a mantenernos como una zona más tranquila.
Los cuestionamientos de Bianchi a la “megarreforma”
—Pasemos a la megarreforma. ¿Está disponible su voto para la idea de legislar?
Mire, lo que pasa es que yo tengo que ver primero qué es lo que voy a votar. Ayer se hizo una presentación, hay una apertura, entiendo, para que se presenten las indicaciones, y mi voto va a estar disponible en la medida en que se incorporen ciertos cambios que a mí me permitan pensar que ese proyecto va a producir el efecto de crecimiento económico. El proyecto que emana de la Cámara de Diputados no cumple ese efecto.
También me produce contradicciones, porque cuando se armó este proyecto no teníamos la proyección de que podemos llegar al 45% de endeudamiento del PIB. Por tanto, tienen que argumentarme técnicamente que el proyecto es viable bajo esa perspectiva.
Y también pareciera que entre la Cuenta Pública y el día siguiente pasó un hecho que no se le comunicó al país ni al Parlamento: que se iban a endeudar en 6.200 millones de dólares. Entonces, en 24 horas se dieron cuenta de que había que endeudarse y no se le comunica una noticia de esa magnitud al Parlamento.
Entonces, me pasan contradicciones y digo: mire, quieren bajar en 6.000 millones el gasto público haciendo recortes, pero quieren pedir un crédito de 6.200 millones y, además, quieren hacer una reforma que hace que se recauden entre 4.500 y 5.000 millones de dólares menos. Entonces, todo me parece que está enredado.
Lo primero que yo quiero saber es cuál es la verdad. Porque en la Cámara de Diputados había dos versiones, que yo creo que eran proyecciones absolutamente sobreestimadas de la economía: una que decía que esto era un profundo fracaso y otra que era un profundo éxito liberar la economía y hacer economía de “chorreo”. Y yo creo que entre las dos posturas debe existir la verdad, y ojalá se pueda iniciar un proceso donde se escuche a los expertos en la materia, que nos digan cuál es primero la situación económica del país y luego si esto va a tener la proyección adecuada.
Además, si nos plantean que estamos en un gobierno de emergencia, uno entendería que la emergencia es algo inmediato. Y esta política del “chorreo”, bajándole los impuestos corporativos a un sector de la economía que no llega al 2%, en definitiva hace que esto lo avizoremos en 2031, con un futuro incierto. Por tanto, no responde a una política de emergencia.
Yo creo que hay que abrir el naipe hacia otros sectores de la economía, como las pequeñas y medianas empresas. Creo que el 12,5% hoy día es insuficiente. Se puede mantener, pero es insuficiente porque les hemos colocado más cargas, con la reforma de pensiones, ahora se habla del postnatal de emergencia, las 40 horas, la Ley Karin. Todo esto ha hecho que a las pymes les cueste más sostenerse. Entonces, el 12,5% hoy día puede ser insuficiente.
Y el impuesto corporativo, del 27% al 23%, a mí no me hace tanto ruido bajar los impuestos. No tengo un problema dogmático con que los ricos ganen más plata, pero sí me parece que lo que hay que garantizar es la reinversión. Y para mí es importante presentar una indicación que permita que, si quieren hacer retiros, porque uno puede entender que una empresa retira para reinvertir, pero no necesariamente va a reinvertir acá, puede llevarse la plata al Congo y ahí se pierde el control, entonces, lo que hay que hacer es decirle: “Mire, usted retire sus platas, perfecto, pero paga impuestos. Y si las reinvierte, contrata a más gente, abre más sucursales, bueno, entonces se acoge al beneficio tributario”.
Me parece que pasa por ahí, no por pedir proyectitos individuales o cosas para la región de uno. Creo que hay que pensar en el bien del país y ojalá tener una reforma que sea transversal. No que se gane por un voto, como han dicho ellos, sino que sea una reforma contundente, porque eso le va a dar peso en el tiempo, más allá de establecer una invariabilidad, que en el fondo es una farsa jurídica, porque nada es invariable en política. ¿Quién puede obligar a que, en 10 años más, si esto es un fracaso, un gobierno tenga que mantenerlo porque a nosotros se nos ocurrió que era invariable?
Entonces, yo creo que la variabilidad siempre va a estar presente en política, y me parece que ese es el punto que van a negociar políticamente, porque es una farsa jurídica y una farsa política. El corazón de esto es que se garantice la reinversión.
—Mencionaba el proyecto para aumentar el límite de deuda. ¿Comparte la visión del Partido Socialista de que la medida busca “pagar la megarreforma”?
Claro, eso hay que transparentarlo, porque, en el fondo, seamos malintencionados: si nos dicen que van a dejar de percibir cerca de 5.000 millones de dólares y, por otra parte, nos hablan de recortes, pero nos piden un crédito, entonces uno está en el legítimo derecho de dudar y pensar que no tienen de dónde sacar esa plata y que, como no la tienen, van a endeudar al país. Ahí hay que ver bien. Endeudar al país para pagar este capricho que están haciendo no me parece que sea adecuado.
Tendrán que ver si la megarreforma es o no el momento para realizarla y si se condice con este límite de la deuda pública. Yo tengo mis legítimas dudas. Efectivamente, no había escuchado que el Partido Socialista lo hubiera planteado, pero tengo la certeza de que esto hay que pagarlo. Si estás sacándole a la caja 4.500 millones de dólares, ¿cuándo los vas a reponer? ¿En 2031? No.
Entonces, me parece que esto va a llenar el vacío que deja esa menor recaudación. Pero también tengo la certeza de que el gobierno anterior fue un fracaso en materia económica, tengo la certeza de que la reforma de la presidenta Bachelet, del ministro Arenas, no funcionó como se esperaba. Entonces, no se trata de la postura ni del Partido Socialista ni del Gobierno, se trata de asumir la realidad. Yo creo que están llenando ese vacío, sí, y también creo que este país, el presidente Boric, lo dejó sobreendeudado.
—Ahora, ¿está dispuesto a negociar aspectos particulares del proyecto a cambio de su apoyo? Hace poco tuvo una polémica con el senador Kusanovic. Él ha abogado por esto, pero usted, ¿cómo se plantea frente a esta idea?
No, eso es poco serio. Eso no se hace. Uno no puede anteponer su ambición individual. Yo voy a plantear cosas que me parecen importantes, que tienen que ver, por ejemplo, con materias de zona extrema, de zona franca, tratando de mejorar la parte impositiva, pero yo no puedo decir: “Mire, pásenme algo a cambio y yo les doy mi voto”. Eso es ponerle precio al voto, se llama cohecho, y me parece torpe.
Uno, si va a hacer una reforma de esta magnitud, tiene que pensar en el bien del país. Yo no puedo, por beneficiar a mi región o a un grupo particular, hipotecar el beneficio de la mayoría. Eso no me parece correcto. O canjear proyectos porque, no sé, en la Cámara de Diputados dijeron que había que bajar el impuesto a los pañales y a los medicamentos; yo podría decir acá que bajemos el de los pañuelos desechables y el de las toallas higiénicas, y después seguir con otra cosa, con el plato de lentejas… no es así. Este es un proyecto que se tiene que sostener por sus méritos y no porque me pasen algo a cambio.
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