La secretaria general del Partido Comunista, Bárbara Figueroa, analizó la campaña presidencial de Jeanette Jara. La dirigenta acusó que en el oficialismo “hubo dolo” respecto a sus promesas y anticipó el rol de su partido ante la administración de José Antonio Kast: “No hay una política de obstrucción”, aseguró, afirmando que estarán disponibles al diálogo, pero sin aceptar retrocesos que afecten a trabajadores.
La secretaria general del Partido Comunista, Bárbara Figueroa, participó en el programa “Más de 100 días” de BioBioTV, donde analizó el resultado de la campaña presidencial de Jeanette Jara, reflexionó sobre los desafíos que enfrentó una candidatura que buscó unir al mundo progresista desde la socialdemocracia hasta la izquierda tradicional, y advierte que más de cinco millones de votos representan un mandato que no puede ser ignorado. En su evaluación, reconoce que, pese a construir un arco amplio de actores sociales y políticos, no fue suficiente para convencer a la ciudadanía.
Desde su rol como una de las principales figuras del Partido Comunista, Figueroa traza una línea clara respecto al gobierno de José Antonio Kast: acusa un engaño deliberado a los chilenos durante la campaña y anticipa una oposición firme pero no obstruccionista. La dirigenta descarta la imagen de un partido inflexible y reafirma que su bancada estará disponible al diálogo, pero no a costa de retroceder en derechos sociales ni de beneficiar a las grandes fortunas del país.
La campaña presidencial
—¿Cómo fue estar dentro de una campaña donde el Partido Comunista representaba a todo el arco de la izquierda?
Fue intenso, muy intenso, sobre todo para la candidata. Una muy buena experiencia. Tuvimos una posibilidad probablemente bien inédita desde el retorno a la democracia hasta ahora: una candidatura que no solo representaba los intereses del mundo progresista como de la izquierda más tradicional, sino también del mundo progresista de centro y con alianza con la unidad social. Por lo tanto, fue un desafío muy bonito en términos de tratar de generar confluencias amplias. Quizás hubiésemos deseado que eso se transformara en otra expresión, en consolidación electoral en votos, pero creo que fue una experiencia muy necesaria para nosotros como partido y sobre todas las cosas para el mundo progresista desde la perspectiva de esta unidad social y política.
—Más de cinco millones de personas votaron por una candidata identificada con el Partido Comunista. ¿Eso marca una diferencia respecto a la imagen histórica del partido como un extremo que no dialoga ni llega a acuerdos?
Siempre fuimos muy genuinamente francos en decir que en el minuto que Jeanette Jara gana la primaria, dejó de ser un patrimonio del partido. Entonces uno tiene mucha conciencia de que trascendía las fronteras del mundo de la izquierda y del Partido Comunista. No cabe duda de que el hecho de que más de 5 millones de personas votaran por una candidata que tenía una identificación con el Partido Comunista no es algo que para nosotros sea irrelevante; tiene un peso específico. Ahora entendemos que es una expresión mucho más allá de nuestra frontera y eso lo medimos con la correcta humildad con que uno tiene que medir estos procesos.
—Se hablaba de la unidad del progresismo mientras veíamos a la derecha dividida, pero también hubo disputas internas. Vimos problemas entre la candidata Jara y el propio partido, con Carola Tohá en la primaria criticando al Partido Comunista como empobrecedor. ¿Había un tema de fondo, no solo de forma?
No diría que iguales porque lo que uno no puede pretender es que haya uniformidad. Los procesos que son de alianzas, cuando uno dice que tenemos que construir en unidad, estás partiendo de una base: no somos todos iguales, ese es el principio y va a dar cuenta de diversidad. Tuvimos más bien una atención pública legítima o no; puede uno no compartirla porque conoce el día a día. Pero más allá de eso, lo que nos unía era claro: enfrentar una amenaza que era un proyecto regresivo, la amenaza de retroceder en derechos. (…) Siempre va a ser con diferencia, porque sería mentiroso ante la ciudadanía suponer que los actores políticos o los actores sociales con los políticos tenemos exacto acuerdo. Vamos a tener matices. ¿Es bueno o malo? Es bueno para el ejercicio de una democracia.
Engaño del gobierno
—¿Cómo toman los dichos del ministro de Seguridad cuando valora el plan de seguridad del gobierno de Gabriel Boric, siendo que en campaña fue la principal crítica que recibió Jeanette Jara?
Claramente da cuenta de lo que dijimos siempre en campaña. Fuimos muy enfáticos en señalar que aquí no bastaba con tener anuncios, con tener eslóganes. Teníamos que dar cuenta de una agenda, de una prioridad, una estrategia. Eso no se ha reflejado. Más que medirlo respecto de la campaña, pareciera ser que lo que tenemos hoy día da cuenta de una mirada que fue más bien, al menos, engañosa ante la ciudadanía. Una lógica de hacer compromisos, hacer promesas, como si esto fuera llegar y abrazar. Nosotros siempre fuimos críticos de eso y lo señalamos en campaña respecto de las medidas que estaban planteadas en el programa del actual presidente. (…) Aquí hubo un discurso hecho para la ciudadanía que no fue un discurso real.
—¿Cree que hay dolo ahí, que habría existido un engaño deliberado?
Sin duda. Tú le preguntabas al candidato si iba a retroceder en medidas, por ejemplo, como las 40 horas, el candidato te decía ‘no’. (Le preguntabas si) vamos a retroceder en derecho si usted recorta 6 mil millones de dólares, te decía ‘no’. Lo que estamos viendo hoy día es que tenemos un gobierno que está retrocediendo en derechos, recortando programas, haciendo efectos concretos en las condiciones de atención de servicios públicos como la salud y que están afectando a la ciudadanía. Él señaló frente a emplazamientos públicos que no se iba a retroceder en derechos, que no se iban a hacer políticas de recorte. Y lo que estamos viendo es que eso sí está ocurriendo. Si tú revisas el programa del presidente Kast, estas cosas estaban ahí, no es que no estuviesen. Hoy día las está implementando, sobre todo en materia económica. Esas materias estaban explícitas en el programa. Lo que pasa es que cuando uno le consultaba sobre estas materias al candidato, nunca las explicitó de manera así clara, precisa. Entonces, efectivamente, lo que estamos viendo es que hubo dolo. No podemos decir que había desconocimiento.
—El gobierno plantea que recortar gasto no es sinónimo de recortar derechos. Por ejemplo, ponen el caso de la Junaeb. ¿Es posible recortar gasto social sin perjudicar derechos sociales?
En el caso de la Junaeb, lo que tenemos es un proceso que no es de ahora, es un proceso que ya fue llevado a revisión de la Contraloría. Por lo tanto, no estamos frente a una situación extremadamente nueva.
—¿Y en los otros casos?
Lo llamativo es que estamos en cada una de las cosas: en el caso de la Junaeb, en el caso de Codelco, en el caso de Enap, que nadie dice, por ejemplo, que hay una empresa estatal que está generando recursos y que hoy día le están entregando el 70% de sus ganancias al Estado. Y ahí no hay ninguna valoración del rol de la empresa pública. Cuando uno mira esas cosas, es pareciera ser que esto más bien responde a una estrategia del gobierno de deslegitimar el rol de políticas públicas para poder avanzar con su política, más que a una convicción a partir de los datos que están conociendo. Uno esperaría que haya un debate franco sobre cifras. Las proyecciones siempre pueden variar, por algo son proyecciones. Uno tiende naturalmente a preguntarse qué es lo que motiva este cuestionamiento. ¿Lo motiva realmente el dato de realidad, o estamos construyendo el dato de realidad, estamos transformando el dato de realidad en un argumento?
—¿Quieren manipular la información?
No diría que es manipulación, pero al menos podría decir que hay un interés por transformar esos datos en un elemento que sea sustento para posteriores cuestionamientos sobre el rol de empresas públicas como Codelco, o sobre el rol del Estado en materias como la Junaeb. ¿Cuál es el riesgo mayor ahí? Que el problema se termine transformando en algo entre privados, que la Junaeb tengamos que discutirla en clave de voucher. ¿Eso es lo que queremos? ¿Y no garantizar la alimentación para los estudiantes? Lo digo pensando también, por ejemplo, en el debate de la sala cuna universal que vamos a tener, donde ya el gobierno anunció que va a haber indicaciones.
El rol del PC como oposición
—¿Cuál va a ser el rol del Partido Comunista en este gobierno?
Lo que es importante en términos de la ciudadanía es que se comprenda que acá no hay una política de obstrucción. Nosotros tenemos un mandato ciudadano. (…) Ser oposición implica muchas veces asumir el costo de rechazar propuestas y de poner el punto sobre temas complejos en materias que evidentemente el gobierno va a cuestionar. Nos importa que la ciudadanía entienda que nosotros no estamos siendo obstruccionistas por una cuestión ideológica. Lo que estamos planteando es convicción sobre materias que son proteger a las familias trabajadoras y su bolsillo, y eso lo vamos a poner en el centro siempre. La ciudadanía votó por nosotros sabiendo que íbamos a hacer potencialmente oposición.
— Y las críticas que ustedes no dialogan…
Nosotros siempre vamos a estar disponibles al diálogo. Si hoy día el gobierno separa el proyecto de reconstrucción de la mega reforma y de la reforma tributaria encubierta, nuestros votos para la reconstrucción van a estar aquí y ahora. ¿Entonces somos obstruccionistas? No. Somos defensores de un proyecto y nuestra idea principal es que la ciudadanía, las familias trabajadoras, no paguen el costo de retrocesos en políticas públicas con un único objetivo: sostener la ganancia de las 1.500 familias más ricas de nuestro país y las ganancias de las empresas, o garantizar la repatriación a nacionales que tienen sus fondos en el extranjero con el solo objetivo de no pagar impuestos en Chile. (…) ¿Eso significa que no hay voluntad de diálogo? No, toda la voluntad de diálogo, pero desde lo que siempre dijimos, que lamentablemente no es lo que escuchamos del presidente de la República siendo candidato.
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