La Democracia Cristiana (DC) enfrenta una profunda crisis económica y de gestión, marcada por deudas, sueldos impagos y retrasos en el pago de cotizaciones.
La falta de recursos —clave para acceder al financiamiento estatal— ha golpeado directamente a los trabajadores del partido. Algunos han sido ingresados a DICOM o en riesgo de perder su cobertura de salud.
Retrasos en pagos de contribuciones y cuestionamientos de fondos públicos
Pero la situación no termina ahí. En los últimos días, militantes han advertido que varias sedes de la colectividad presentan atrasos en el pago de contribuciones, lo que podría derivar en eventuales amenazas de embargos.
A este escenario se suman cuestionamientos por el uso de fondos públicos.
Una auditoría del Servicio Electoral detectó irregularidades en los gastos destinados a la participación política de la mujer, lo que derivó en sanciones por no cumplir con el mínimo legal exigido.
El informe da cuenta de problemas contables, pagos sin respaldo, baja ejecución de actividades y rechazo de gastos, incluyendo servicios con alto contenido generado mediante inteligencia artificial.
En este contexto, el consejero nacional Nicolás Preuss afirmó que la DC enfrenta, probablemente, su momento más crítico en términos administrativos y financieros.
Por su parte, el presidente subrogante, Óscar Ramírez, señaló que la directiva nacional trabaja para subsanar las observaciones del Servel, con el objetivo de habilitar nuevamente el ingreso de recursos al partido.
“Tenemos claro que vamos a entregar el partido en una situación financiera mucho mejor de la cual la recibimos, ya que muchas de las observaciones que está revisando el Servel son por hechos que acontecieron a administraciones anteriores”, sostuvo.
En síntesis, la Democracia Cristiana enfrenta una doble crisis: una financiera, que compromete su funcionamiento, y otra de probidad, vinculada al manejo de recursos públicos.