En conversación con este medio, el jefe de bancada del PPD, Raúl Soto, aborda el escenario político en lo que marca la previa a la próxima administración. En ese sentido, advierte que una eventual llegada de Johannes Kaiser al gabinete sería un hecho sin precedentes, al implicar que el presidente electo asuma "exigencias" de un excontendor derrotado. Además, plantea que su sector debe ejercer una oposición "responsable y constructiva" durante la administración de José Antonio Kast, destacando que el tono del bloque opositor estará condicionado por la forma en que actúe el Ejecutivo.
Son los primeros días del año y con miras al nuevo ciclo político que iniciará en marzo, el jefe de bancada del Partido Por la Democracia (PPD), Raúl Soto, analiza diversos temas de contingencia en conversación con BioBioChile.
Por un lado, ante la incertidumbre por si el excandidato presidencial Johannes Kaiser integrará —o no— el futuro gabinete, Soto comenta que se trataría de una situación inédita, pues por primera vez un mandatario electo “aceptaría condiciones e imposiciones” de quien fue derrotado en la elección.
Por otro lado, para el parlamentario, el rol que cumpla su sector durante la administración de José Antonio Kast (Partido Republicano) debe ser de una “oposición responsable y constructiva”, a diferencia de lo que dice ocurrió en los últimos gobiernos: el presente de Gabriel Boric y el pasado de Sebastián Piñera.
En ese sentido, Soto destaca que la configuración de la o las oposiciones dependerá de la actitud que se tome desde La Moneda. Pese a esto, ya marca diferencias como en la discusión que se ha dado en torno a movilizaciones, que involucra al Partido Comunista (PC).
“No le corresponde a los dirigentes, ni a los partidos políticos, estar haciendo llamado a movilizaciones. Creo que esas deben ser expresiones naturales”, sostiene. Igualmente, plantea que se debe hacer un “cerco a la violencia”, pues “no hay ningún espacio para que el progresismo vuelva a tener una actitud tibia frente a hechos de delincuencia o de vandalismo”.
Finalmente, siendo crítico con el timing, el parlamentario representante de la región de O’Higgins aborda temas de contingencia como la discusión del reajuste al sector público por acusaciones como “amarre”. Lo propio hace con la polémica de la embajadora de Chile en Nueva Zelanda, Manahi Pakarati, y lo ocurrido con la operación exprés de la madre de la ministra de Salud, Ximena Aguilera.
Raúl Soto y los desafíos de la futura oposición ante la administración Kast
—A grandes rasgos, ¿cuáles cree que serán los principales desafíos, como sector, durante la administración de José Antonio Kast?
Creo que como punto de partida hay que plantearse desde una oposición responsable y constructiva. Responsable porque creo que las últimas dos oposiciones no han sido y hay que aprender las lecciones de los últimos dos gobiernos. Creo que Chile merece una oposición que sea capaz de plantear sus diferencias con respeto, con altura de miras, pensando en el bien común de los chilenos y no oponerse simplemente por una definición política a priori. Desde esa perspectiva, es lo que hemos planteado desde el PPD y yo diría desde el Socialismo Democrático. Y constructiva porque yo creo que no hay que tener complejos para dialogar, conversar y eventualmente buscar acuerdos con el futuro gobierno en aquellas cosas que puedan beneficiar a los chilenos, como por ejemplo en materia de seguridad. Y al mismo tiempo, creo que hay que estar atentos y vigilantes a posibles retrocesos en materias sociales (…) observando respecto de lo que ocurra, porque en caso de que exista algún tipo de retroceso para pensionados, para las mujeres, o en otras áreas que son sensibles para nuestro sector, por supuesto que vamos a estar también firmes para poder generar un dique de contención para que esos retrocesos no ocurran.
—¿Cree que el sector, la izquierda y centro-izquierda, aprendió y tiene esta capacidad para ser constructiva?
Yo creo que el escenario político, de forma bastante transversal, está actuando de forma irresponsable. O sea, si uno ve a la actual oposición, hasta el último día está siendo irresponsable. Hace pocos días anunciaron una acusación constitucional contra el ministro de Hacienda por el solo hecho de no compartir el contenido de un proyecto de ley de reajuste al sector público. Entonces, yo creo que hay que hacer autocrítica en ambos lados.
Yo espero que quienes vamos a ser oposición ahora demos una demostración distinta al país, de que es posible ser responsable, ser constructivo y al mismo tiempo ser firme cuando sea necesario.
—Dijo que una posible llegada de Johannes Kaiser al gabinete empujaría a Kast a un gobierno sin diálogo. ¿Por qué cree que sería así? ¿Qué tan riesgosa sería esa situación?
Yo creo que el gobierno de Kast empezaría de forma incorrecta si es que acepta imposiciones ideológicas extremas como condiciones para que Kaiser integre el gobierno. Creo que sería algo inédito, por primera vez un presidente electo por la ciudadanía aceptaría condiciones e imposiciones por parte de un candidato que perdió. Eso de partida ya sería algo inédito. Y lo que representa hoy día Kaiser es una cuestión ideológica y política extrema. Kaiser y el Partido Nacional Libertario son quienes están en el ala más extrema de la derecha y desde esa perspectiva, creo que tensionaría al gobierno internamente, llevándolo a posiciones más duras, más extremas e impidiendo que pueda desarrollar un gobierno de diálogo, de acuerdos y que actúe gobernando para todos los chilenos. Yo creo que Kast no tiene que perder de vista que tiene que gobernar para todos los chilenos y no solamente para su nicho ideológico más duro. Creo que si Kaiser ingresa, la señal sería negativa desde esa perspectiva. Yo creo que existiría un atrincheramiento político e ideológico extremo al interior del gobierno, en caso de que Kast asuma y que Kaiser lo integre. Sería un error porque muchos de quienes estamos hoy día con predisposición positiva y constructiva, por cierto que esa decisión de gobernar con Kaiser nos alejaría mucho más de una posibilidad de diálogo.
—A su juicio, ¿cómo debería ser la coalición que próximamente será oposición? ¿Mantendría a los mismos partidos que hoy son oficialismo?
Lo primero es señalar que el 11 de marzo asume el nuevo gobierno y, como consecuencia de eso, termina la coalición de gobierno que se creó para darle sustento político. Eso es un hecho de la causa.
Eso va a depender, primero, de la actitud que tome el gobierno porque es distinto tener un gobierno dialogante a tener un gobierno atrincherado (…) y desde esa perspectiva, la actitud del gobierno en cierta medida va a marcar también el carácter de las futuras oposiciones. Por ejemplo, la discusión que se ha dado ahora en torno a todas las movilizaciones sociales ha ido marcando de forma natural diferencias. Eso va a ocurrir frente a proyectos de ley, a iniciativas y creo que de esa forma tiene que estructurarse la oposición, no con diseños a priori, sino que de forma natural, en función de lo que vaya pasando en el país. Desde la oposición tenemos más libertad para actuar con identidad propia. Eso no significa que vamos a dejar de coordinarnos, de conversar o de articular acciones conjuntas con el resto del progresismo, que en muchos casos se va a requerir, pero en otros cada uno tendrá la autonomía y la independencia de poder actuar como mejor le parezca en beneficio del bien común de los chilenos.
—¿Esperar la instalación del gobierno, entonces?
Sí, exactamente porque además van a haber distintas oposiciones. Por lo pronto, tienes un PDG que está fuera del gobierno y por lo tanto va a ser oposición, el Socialismo Democrático, el Frente Amplio y el Partido Comunista, la Democracia Cristiana también va a ser oposición. El actual oficialismo es del PPD hasta el Partido Comunista, en la campaña presidencial se incorporó la Democracia Cristiana, entonces hay distintos factores que hay que ver cómo se conjugan.
Desde esa identidad y desde ese domicilio, volver a conversar y a articularnos más adelante con el resto de la izquierda y el progresismo.
—¿Esta reestructuración incluría integrar a nuevos partidos? ¿En qué sentido sería?
Por lo pronto, con los partidos que hay, pero si no se renueva la centroizquierda es muy difícil que volvamos a representar —como sector— un proyecto político que sea atractivo, que tenga adhesión y vinculación con la ciudadanía. Creo que es el principal desafío y que el objetivo final es recuperar la mayoría social y política que se ha perdido en los últimos años para el progresismo y no es posible si todos nos atrincheramos en la izquierda más dura porque eso evidentemente que nos aísla. En cambio, si nosotros nos dedicamos a recuperar, con sentido común, el espacio político de la centro izquierda, creo que eso efectivamente podría sumar a gente que se ha ido restando del proyecto político de nuestro sector de manera tal de recuperar esa mayoría social y política. Es un proceso largo, que requiere planteamientos claros, proyecto político, liderazgos nuevos. Es un conjunto de cosas que tienen que irse dando, por eso yo digo que hay que ser prudente y no hay que tener ansiedad respecto de la configuración de las futuras alianzas, porque eso tiene que darse en el tiempo.

—En ese mismo sentido, en entrevista con este medio, la senadora y presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, planteó que el sector debe volver a los territorios y a la calle para estar con la gente. ¿Comparte esa reflexión? ¿Al actual oficialismo le falta calle?
Yo lo veo bastante más sencillo que eso. Yo creo que más que estar en la calle, lo que se requiere primero es escuchar e interpretar de mejor manera a la ciudadanía. Si uno escucha e interpreta mejor y no está con la venda ideológica en los ojos, que a veces impide ver, se pueden tomar mejores decisiones, se puede actuar con más pragmatismo, se puede interpretar mejor los temores, los miedos de la ciudadanía y se pueden implementar políticas públicas con mayor certeza y claridad. Yo creo que eso es lo que ha faltado, es fundamental que la centro-izquierda, que el progresismo vuelva, dejando atrás complejos ideológicos, a escuchar a la ciudadanía. Si eso no ocurre, estar más o menos en los espacios de organización intermedia, o en la calle, no es tan relevante en la medida de que lo que se interprete no es lo correcto. Por lo tanto, yo partiría al revés: sí es necesario tener presencia territorial, pero hoy día, en un mundo tan tecnologizado y donde la inmediatez juega un rol fundamental, la mayoría de la población ni siquiera participa en organizaciones o espacios intermedios de la sociedad y, por lo tanto, hay que llegar también al Chile profundo y para llegar hay que escucharlos e interpretarlos con sentido común y con pragmatismo. Eso no hay que perderlo de vista.
—Cuando habla de complejos ideológicos, ¿en materia de seguridad?
Claro. O sea, es un tema que ha estado presente en los últimos cuatro años. Nosotros hemos sido muy duros en materia de seguridad. Desde el Socialismo Democrático hemos demostrado que no tenemos ningún tipo de complejo, hay una diferencia allí con el PC y el Frente Amplio que creo que han ido avanzando, pero más lento en comprender la complejidad de lo que ocurre y lo que espera la ciudadanía también. Desde esa persepctiva, yo creo que hay que ir aprendiendo.
—Ante la crisis del Partido Radical, ¿ve posible acoger esos ideales y fusionar a quienes hoy componen el Socialismo Democrático? ¿O es una alternativa más lejana?
Creo que la reconstrucción de la centroizquierda parte porque cada partido se repiense, se reconstruya, renueve su liderazgo y sus ideas internamente primero y después con el resto. Hoy día hay un espacio de incertidumbre en la centro-izquierda, a propósito del riesgo de desaparición que tienen algunos partidos como el Partido Radical u otros que no quedaron tan conformes. Yo creo que hay un espacio que en los hechos favorece a una conversación futura para ir estructurando una nueva centro-izquierda, que vuelva a recuperar la mayoría social y política para el progresismo y que vuelva a sintonizar con miras al futuro con los chilenos. Y por cierto que las puertas del PPD, del Socialismo Democrático, van a estar abiertas para los radicales y para todos aquellos que sientan que desde este espacio podemos contribuir a lo Chile requiere para adelante.
—¿Socialismo Democrático con sus partidos o ve la factible la opción de fusionarse?
Yo creo que hay que evaluar esa posibilidad y conversarla, pero estoy convencido de que el primer paso que hay que dar es la reconfiguración y la renovación interna de cada uno de los partidos para poder después, con una estructura más potente y nueva, poder conversar para ver si es posible o no configurar un nuevo espacio político donde podamos converger todos quienes nos sentimos de centro-izquierda.
—Si el gobierno de Kast retrocede en algunas materias, ¿cuál es el límite? ¿hay ciertas cosas que se deberían defender en la calle, con movilizaciones?
No le corresponde a los dirigentes, ni a los partidos políticos, estar haciendo llamado a movilizaciones. Creo que esas deben ser expresiones naturales de la ciudadanía en función de lo que vaya ocurriendo en el país y siempre deben tener un carácter pacífico. O sea, yo creo que acá por ningún motivo hay que permitir ninguna posibilidad de expresión violenta. Las movilizaciones son legítimas solo si son pacíficas y dentro del marco del ordenamiento jurídico chileno.
Eso como punto de partida. Ahora, respecto de los eventuales retrocesos sociales, yo creo que el rol de los partidos, de los dirigentes políticos, es hacer oposición por las vías institucionales y democráticas, en este caso el Parlamento, los partidos, las discusiones legislativas. Esos son los espacios donde nosotros podemos hacer una oposición que impida esos retrocesos y si eso permea la sociedad de forma espontánea y natural, bueno, habrán expresiones que nosotros nos dedicaremos a señalar con claridad que tienen que ser siempre pacíficas y respetuosas. Pero nosotros vamos a hacer una oposición firme en materias sociales, si es que se abre una posibilidad de retroceso —por ejemplo— para los jubilados, para las mujeres y las diversidades. Yo creo que son avances importantes que no se puede permitir retroceder ni un paso atrás.
Ahora en enero se dan tres cosas que son muy relevantes como legados del actual gobierno: el aumento del salario mínimo, el aumento de las pensiones de los jubilados con un enfoque de género importante y un avance también en la disminución de la jornada laboral. Yo diría que son tres elementos muy importantes, de cambios significativos que se han producido en este gobierno y sobre los cuales no solo no debiese haber retroceso, sino que debiesen profundizar y debiésemos avanzar más allá de lo que se ha planteado.
—¿Cómo va la negociación por la presidencia de la Cámara de Diputadas y Diputados? Como sector, ¿apostarán por Pamela Jiles?
Nosotros no partimos de la base de nombres, sino de una conversación que se da entre bancadas. Yo diría que va bien encaminado. Hoy la derecha está apostando a dos hechos futuros e inciertos que le den la mayoría. Uno es el eventual desafuero del diputado (Daniel) Manouchehri, que podría hacernos perder un voto, y lo otro es una reclamación administrativa ante el Tricel que está llevando adelante el diputado (Felipe) Donoso, que se perdió por pocos votos. Esos dos elementos podrían a ellos otorgarle una una mayoría frágil, pero son hechos futuros e inciertos. Y la otra estrategia que han tratado de llevar adelante es el “pirquineo” de votos, pero han fracasado rotundamente en esa misión. En cambio, por nuestro lado, dependemos de nosotros mismos porque con los votos del progresismo, más los independientes progresistas, más el PDG, hacemos los 79 votos que nos dan una mayoría absoluta para la gobernancia de la Cámara de Diputadas y Diputados, y no solamente de la Mesa, también de las comisiones. Por lo tanto, desde esa perspectiva yo estoy tranquilo, creo que tenemos más posibilidades de lograr un acuerdo que la derecha (…) hemos tenido varias reuniones formales e informales con la gente del PDG y ya tenemos una coordinación del progresismo desde la DC hasta el PC, para actuar en conjunto en esta materia, incluyendo por cierto a los independientes, que son votos muy relevantes y que vamos a tener mucha consideración con ellos (…).
Ese es nuestro plan A, se ha planteado un plan B que es la posibilidad de un acuerdo más transversal, pero ahí la carga de la prueba la tiene el futuro oficialismo, el futuro gobierno, y por ahora me parece que no han habido señales suficientes para poder ahondar más en esa posibilidad.
—¿No se ha hablado de nombres, entonces?
No porque lo que se hace en un acuerdo administrativo es acordar los cupos para cada bancada y después cada bancada, de manera democrática, elige quién de sus miembros representa esa bancada en el cupo que le corresponde.
Contingencia política
—La discusión del reajuste al sector público se ha convertido en polémica, por lo que acusan desde la oposición como una “norma de amarre”. ¿Qué opina usted? ¿Es correcto el timing en que se hace?
No, el timing es malísimo, creo hay un error garrafal en la oportunidad y la forma en la cual esto se presenta. Sin embargo, creo que respecto del fondo, la discusión es legítima respecto de la estabilidad de los funcionarios públicos y cómo permitimos que aquellos que cumplen una mala labor puedan ser desvinculados y aquellos que cumplen una buena labor puedan tener continuidad. Yo creo que eso el fondo, el tema es que esto se debió haber planteado hace uno o dos o tres años en el contexto de una reforma y modernización del Estado, como una modificación al estatuto administrativo y no en las postrimerías del gobierno, en la última ley del sector público, porque hay que ser cuidadoso con las formas. De lo contrario, obviamente que la señal que se manda hacia afuera no es la adecuada, no es la correcta. Además, me parece torper entregarle a la derecha, al futuro oficialismo, un relato perfecto para poder irse contra el gobierno al final de su periodo y terminar dejando una mala imagen. Yo creo que las cosas se pudieron hacer mejor, esa crítica la hicimos internamente, lo conversamos con el ministro de Hacienda y creo que hay un reconocimiento de que esto se abordó mal política y comunicacionalmente desde un comienzo, y espero que exista el espacio para corregirlo, creo que todavía hay días por delante que nos puede permitir llegar a un acuerdo para una norma que sea más razonable, que sea comprendida transversalmente y aceptada socialmente también. Pero eso está por verse.
—Desde Cancillería se dejó en suspenso el futuro de la embajadora de Chile en Nueva Zelanda, Manahi Pakarati, aunque se dijo que se está evaluando, ¿cree que se debió pedir su renuncia? (…) ¿Llega tarde el gobierno? / ¿Sería una señal tardía?
La situación de la embajadora es compleja. El debate respecto de su posición política de fondo es legítimo, absolutamente legítimo, pero lo que no es legítimo es que se use una investidura de Estado de un cargo diplomático para emitir opiniones personales. Y, desde esa perspectiva, me parece que lo cuestionable no es tanto lo que dijo, sino que lo hizo siendo embajadora de Chile. Por lo tanto, teniendo una representación de Estado, hay protocolos y normas que cumplir en la diplomacia y en este caso evidentemente que no se cumplió. Me parece que hay un incumplimiento que es grave y que debe ser sancionado proporcionalmente. Acá, además, se ha señalado que hay un elemento adicional, que es una entrevista que dio en septiembre, donde todavía el gobierno no aclara si se cumplió o no se cumplió el protocolo de la Cancillería. Si no se cumplió, este sería un hecho agravante y, por lo tanto, una eventual doble falta que ameritaría evaluar nuevas sanciones disciplinarias y escalar la respuesta de la Cancillería y el gobierno porque hay que cuidar la diplomacia chilena y la política exterior de nuestro país. Espero que en las próximas horas, en las próximas horas, la Cancillería y el Presidente de la República, sobre todo, tome la decisión que le parezca proporcional y justa ante un error tan grave como esto (…) es una situación que todavía está en desarrollo, hay que evaluarlo, pero hay que hacerlo rápido porque cuando se dejan pasar muchos días sin tomar decisiones, las crisis tienden a agravarse y a profundizarse. Eso ya lo hemos vivido en varias oportunidades en los últimos años.

—Generó polémica la operación exprés de la madre de ministra Ximena Aguilera, pues luego se supo que la persona que quedó en espera murió. Y, por otro lado, la Contraloría rechazó un intento del Ministerio de Salud por otorgarle un aumento de sueldo. ¿Cree que hay ahí un nuevo error no forzado del gobierno?
Aquí hay una situación particular que le corresponde exclusivamente a la ministra de Salud, Ximena Aguilera, aclarar. La situación se ve compleja y yo lo que espero es que exista absoluta transparencia, que se investigue a fondo lo que ocurrió en términos administrativos, que se hagan públicos los documentos que correspondan, que existan sumarios o auditorías si es necesario. Pero lo que no puede ocurrir es que quede ante la opinión pública una duda razonable respecto de que acá se utilizó una influencia política para saltarse la fila, porque eso es inaceptable. Entonces, yo creo que hay que tener mayor claridad por parte del gobierno para que esto se pueda esclarecer. Y bueno, si efectivamente la investigación arroja que hay algún tipo de responsabilidad que debe ser asumida, por supuesto que eso deberá evaluarse en su momento.
—En el contexto de la protesta del movimiento Ukamau, hay quienes acusan que tendría motivaciones políticas, pues reaparece el nombre de la dirigenta Doris González, quien estaría ligada al Frente Amplio y desempeña funciones en el Minvu. ¿Qué opina al respecto? ¿Lo ve con algún tipo de intención?
Yo creo que hay que ser responsable también en las interpretaciones que se puedan dar. Si existen movilizaciones respecto de temas puntuales, como puede ser vivienda, son movilizaciones que hoy día se están dando en contra del actual gobierno, por lo tanto, estarlo haciendo extensivo al próximo gobierno o que acá hay una especie de maquinación para dejar instalado un escenario, me parece absolutamente irreal. Me parece que es llevar la discusión demasiado, demasiado lejos y no le veo el hilo conductor o la causalidad. Entonces, yo creo que hay que ser prudente, no hay que estar viendo fantasmas en todos lados. Nosotros vamos a ser una oposición responsable, vamos a aislar la violencia, no hacer llamados anticipados a movilizaciones, sino que ser una oposición institucional y democrática, pero le pido al futuro oficialismo que también sea responsable, que no andemos viendo fantasmas o inventando cosas de cada situación que ocurre en el país.
Enviando corrección, espere un momento...