Nacional
Miércoles 12 junio de 2019 | Publicado a las 08:56 · Actualizado a las 09:04
La cara oscura de Rappi, la startup que cosecha éxitos y siembra inquietudes en América Latina
Por Emilio Lara
La información es de Agence France-Presse
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El celular de Ramiro Cayola siguió encendido y recibiendo notificaciones de nuevos pedidos tras ser embestido en su bicicleta por un camión que lo mató al instante el 12 de abril en Buenos Aires.

El boliviano de 20 a√Īos llevaba en su espalda una caja de la empresa colombiana de delivery Rappi, que ha tenido un espectacular crecimiento en Sudam√©rica en sus pocos a√Īos de vida.

Una marea de ciclistas y motociclistas naranja, el color que identifica a la plataforma, ya circula por las calles de Chile, Argentina, Brasil, Colombia, M√©xico, Per√ļ y Uruguay, en 50 ciudades de la regi√≥n.

La muerte del joven migrante alimentó el creciente malestar de los miles de miembros de otras aplicaciones de entrega a domicilio como Glovo, Pedidos Ya y Uber Eats, quienes han denunciado la falta de derechos laborales básicos y la exposición a distintos riesgos.

“S√© tu propio jefe”

En varios pa√≠ses se han o√≠do quejas sobre la llamada “Amazon de Colombia” por parte de los repartidores, los “rappitenderos”.

Rappi evita calificarlos de trabajadores. Son “personas independientes” que buscan “ingresos extra para hacer realidad sus proyectos personales y profesionales”, dijo a la agencia internacional Agence France-Presse (AFP) una portavoz de la empresa, cuyo lema es “s√© tu propio jefe”.

Pero a ojos de algunos de ellos esta “independencia” esconde una precariedad laboral alarmante.

“Para Rappi no somos empleados, no firmamos ning√ļn tipo de contrato. No tenemos prestaciones, no tenemos ni salud, ni pensiones. Nada”, asegur√≥ Kevin Ardila, vocero de los “rappitenderos” en Colombia, que realizan tareas como entrega de comida o medicamentos a domicilio, pago de facturas o hasta compras en el supermercado.

Los repartidores tienen un seguro que los cubre √ļnicamente mientras realizan entregas y una p√≥liza de responsabilidad frente a terceros.

Y como las demás empresas del sector, a excepción de la uruguaya Pedidos Ya, Rappi no les da casco, luces o indumentaria reflectante.

Buenos Aires fue una de las primeras ciudades en abordar este problema. Días antes de la muerte de Cayola, un juez ordenó suspender estos servicios de entrega a domicilio hasta que las empresas cumplieran con las normas de seguridad para los trabajadores que se desplazan en bicicleta.

La decisión se basó en un informe policial que arrojó cifras alarmantes: un 77% de los trabajadores de estos servicios se traslada con mochila (en forma de caja) en la espalda, en vez de llevarla asegurada en la bicicleta, un 67% no usa casco y 70% no cuenta con seguro.

Hans Scott | Agencia UNO
Hans Scott | Agencia UNO

Alivio y pesadilla de inmigrantes

Estudiantes, j√≥venes profesionales, personas que buscan ingresos extra y, sobre todo, libertad. Ese es el perfil de los “rappitenderos” seg√ļn la empresa. “No hay ninguna relaci√≥n de subordinaci√≥n, no cumplen horario, no tienen exclusividad”, dijeron desde Rappi.

El periodista chileno Sebasti√°n Palma vivi√≥ en carne propia lo que es ser un “rappitendero” para un reportaje publicado en la revista S√°bado de El Mercurio. El perfil que encontr√≥ entre sus “colegas” distaba del que describe la compa√Ī√≠a.

“Hay muchos venezolanos, son la mayor√≠a”, detall√≥ Palma a la AFP. La empresa no da, sin embargo, ninguna cifra sobre qu√© porcentaje de los 100.000 repartidores que circulan por la regi√≥n son inmigrantes.

Los “rappitenderos” obtienen sus ganancias del valor de la entrega de cada pedido -que depender√° de la distancia y otras variables- y de las propinas, seg√ļn dijo la empresa.

Pero para esos migrantes el costo de trabajar para la compa√Ī√≠a puede ser alto. “Un inmigrante tiene que invertir en una bicicleta, en ropa deportivo, en un celular y en un plan de datos”, explic√≥ Palma. A esto se suma el coste de la mochila en la que transportan la comida.

Algunos, en cambio, s√≠ valoran la flexibilidad que les proporciona la compa√Ī√≠a a la hora de trabajar.

“La verdad es que estoy bien, estoy sin empleo y no he tenido ning√ļn problema. Empec√© hace poco y me permite hacer otras cosas”, asegur√≥ a AFP √Ālvaro, un uruguayo de 50 a√Īos que pedalea llevando pedidos en Montevideo.

Adri√°n Manzol | Agencia UNO
Adri√°n Manzol | Agencia UNO

“Explotaci√≥n encubierta”

En Colombia, la empresa fundada en 2015 causa orgullo pero también preocupación.

En abril, Rappi recibió una inversión por 1.000 millones de dólares del fondo Softbank y su valor superó los 3.000 millones de dólares. Es la mayor apuesta que jamás se ha hecho por un emprendimiento latinoamericano.

“La popularidad de estas aplicaciones en la regi√≥n se basa en la convergencia de varios factores entre los que se incluyen la desigualdad econ√≥mica, una deficiente infraestructura de transporte y tecnolog√≠a mejorada”, explic√≥ a la AFP Jonathan Moed, colaborador de Forbes y experto en startups.

Pero el Ministerio del Trabajo de Colombia tiene el tema bajo lupa. Los repartidores “est√°n desprotegidos”, asegur√≥ a la AFP el viceministro de esta cartera, Carlos Alberto Baena.

“Nos parece que hay que buscar mecanismos para protegerlos” frente a riesgos y accidentes y luego “extender la protecci√≥n a los temas de salud, a las pensiones, que puedan ir ahorrando para la vejez”, a√Īadi√≥.

En Chile, los diputados de Revoluci√≥n Democr√°tica, Giorgio Jackson y Maite Orsini, realizaron una encuesta a m√°s de 900 trabajadores de aplicaciones de entrega de servicios y plataformas digitales y los resultados arrojaron una “explotaci√≥n encubierta” con urgencia de regular.

“Muchas personas respondieron espont√°neamente que se sent√≠an ‘esclavos’ de estas aplicaciones al trabajar sin ning√ļn tipo de regulaci√≥n”, indic√≥ el ex l√≠der estudiantil a la AFP.

Los parlamentarios presentaron un proyecto de Ley para regular las jornadas laborales, la seguridad, el trato y el pago a este tipo de trabajadores bajo el nombre #MiJefeEsUnaApp.

Adri√°n Manzol | Agencia UNO
Adri√°n Manzol | Agencia UNO
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