Los manifestante acusan "el abandono" por parte de las autoridades de los más de cien rehenes que siguen en Gaza, y también señalaron "el daño fatal a la reputación de Israel".

Docenas de manifestantes se sumaron la mañana de este lunes a una protesta ante el Parlamento de Israel (Knéset) en Jerusalén, donde exigieron la renuncia de la coalición de gobierno de Benjamín Netanyahu y la convocatoria de elecciones, mientras la tensión sigue alta en el país en medio de la guerra en Gaza.

Los movilizados bloquearon los accesos al recinto parlamentario exigiendo “elecciones ahora”, y acabaron siendo desalojados por agentes de la Policía israelí, que arrestaron a uno de ellos, según medios locales.

Las protestas en Israel contra el Gobierno -el más derechista de la historia del país- y su gestión desde el inicio de la guerra en Gaza el 7 de octubre -cuando no anticipó el ataque de Hamás que se saldó con unos 1.200 muertos y 240 rehenes- llevó de nuevo a miles de israelíes a manifestarse en la calle en los últimos meses, donde piden también la dimisión del primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Este se encuentra también en sus horas más bajas de popularidad, y según detractores, decide ante la ofensiva militar en Gaza y la escalada regional según sus intereses personales, actuando de tal forma que pueda mantenerse en el poder a medida que sigue la guerra.

Los organizadores de la protesta denunciaron “acciones fallidas” del Ejecutivo y “su disfunción”, así como “el abandono” por parte de las autoridades de los más de cien rehenes que siguen en Gaza, y también señalaron “el daño fatal a la reputación de Israel”.

A su vez, los manifestantes protestaron por “la continua incitación y división” que fomentan tanto Netanyahu como otros ministros de la coalición en Israel, “y el desvío de presupuestos en favor de intereses personales a expensas del público general”.

La cuestión de los rehenes aún retenidos en la Franja -algo más de un centenar de ellos están vivos y en torno a 25 muertos-, que las autoridades aún no han sabido resolver tras más de tres meses de guerra, es un asunto que ha ido erosionando la confianza ante el Gobierno, sobre todo entre las familias de los cautivos.