El presidente francés, Emmanuel Macron, intentaba este jueves apaciguar las tensiones con Italia, afirmando que nunca tuvo la intención de ofender a Roma al criticar su decisión de rechazar al barco de rescate de migrantes “Aquarius”.

Macron provocó la ira del país vecino tras acusar al gobierno de Italia de “cinismo e irresponsabilidad” por haberse negado a permitir la entrada en sus puertos del “Aquarius”, una embarcación de rescate con 629 migrantes a bordo, que actualmente navega hacia España.

La cancillería italiana convocó el miércoles al embajador de Francia y amenazó con anular un encuentro previsto entre Macron y el jefe del gobierno transalpino, Giuseppe Conte, en París el viernes, al menos que Francia emitiera una “disculpa oficial”.

“Italia no puede aceptar lecciones hipócritas de países que prefirieron mirar hacia otro lado en materia de inmigración”, declaró Conte.

Pero las tensiones parecían apaciguarse el jueves después de una conversación telefónica en la víspera entre ambos dirigentes.

“El presidente afirmó que no hizo ningún comentario con el objetivo de ofender a Italia y al pueblo italiano”, señaló en un comunicado la presidencia francesa.

Ambos dirigentes se reunirán el viernes en el Elíseo, como estaba previsto. Tras el encuentro darán una conferencia de prensa, señala la nota, que también fue transmitida por los servicios de prensa del gobierno italiano.

“Sí, absolutamente”, el litigio está cerrado, confirmó el jueves Conte a la prensa al entrar en el palacio Madama, sede del senado italiano.

Difícil gestión de la crisis migratoria

Pero más allá de la crisis franco-italiana, la situación de los 629 migrantes del “Aquarius”, forzados a errar desde hace casi una semana en el Mediterráneo, ha puesto el foco en la incapacidad de la Unión Europea (UE) de gestionar la actual crisis migratoria que sacude al Viejo Continente.

Según las normativas comunitarias, los inmigrantes que quieran solicitar el asilo deben hacerlo en el primer país del bloque europeo al que llegaron, lo que supone una importante carga para Italia y Grecia, dos de los principales puntos de entrada de los migrantes que buscan entrar a Europa por el Mediterráneo.

Un plan de la UE para repartir de forma equitativa la oleada de inmigrantes que llegan a Europa ha fracasado, con algunos países, sobre todo del este, que han rechazado rotundamente la imposición de cuotas y otros, como Francia, que están por debajo de la cifra asignada.

Por lo que Italia, que desde 2013 vio desembarcar en sus costas a unos 700.000 migrantes, siente que sus socios europeos la han dejado sola en el manejo de esta situación.

Esta crisis se produce además antes de un Consejo europeo crucial el 28 y 29 de junio, en el que los líderes europeos abordarán la cuestión migratoria.

El miércoles, el canciller austriaco, Sebastian Kurz, anunció “un eje de voluntarios en la lucha contra la inmigración ilegal” con Roma y Berlín.

“Creo que es importante no esperar a la catástrofe, como en 2015, y actuar a tiempo”, añadió, haciendo referencia al flujo migratorio de 2015, cuando centenares de miles de solicitantes de asilo atravesaron Europa a pie.

Entonces, la canciller alemana Angela Merkel y su homólogo austriaco de la época abrieron las puertas de sus países a aquellos migrantes, en su mayoría originarios de Siria, Irak y Afganistán.