Internacional
Jueves 27 febrero de 2020 | Publicado a las 11:42
Era modelo y reina de belleza, pero lacrimógena le reventó un ojo en Ecuador: hoy cuenta su calvario
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Sonriente, con trajes de gala y bandas de reina de belleza. Así aparece en las fotos que adornan la sala familiar, pero en su dormitorio Jhajaira trata de asimilar su nueva imagen: la de una ex modelo con prótesis ocular luego que una bomba lacrimógena le sacó un ojo durante una protesta en Ecuador.

Jhajaira Urresta delinea de negro sus p√°rpados y se esmera en el cuidado de sus u√Īas. Quiere convencerse que con un buen maquillaje podr√° sobrellevar mejor lo ocurrido hace cuatro meses, cuando sali√≥ a protestar y a cacerolear.

Pero su voz se quiebra cuando le preguntan si se siente menos bella. “S√≠”, contesta sacando fuerzas. “He sido modelo profesional, tambi√©n profesora de modelaje y ya no es lo mismo. Realmente a mis 27 a√Īos me quitaron muchas plumas de mis alas”, comenta atajando el llanto.

Las violentas manifestaciones de octubre, que estallaron contra la eliminación de subsidios a los combustibles, llevaron al gobierno incluso a movilizar a los militares.

Seg√ļn la Defensor√≠a del Pueblo, una decena de civiles murieron y 1.340 heridos resultaron heridas. En Jhajaira, dejaron un “hueco” seg√ļn su propia descripci√≥n, que ahora llena una pr√≥tesis est√©tica.

El gobierno no se ha pronunciado sobre ning√ļn caso de v√≠ctimas registradas durante la crisis social, pero sostiene que 435 polic√≠as y 80 militares resultaron heridos.

Un p√°rpado casi est√°tico y el movimiento lento de la pr√≥tesis delatan la ausencia del globo ocular, que fue vaciado por los m√©dicos debido a los da√Īos causados por el fuerte golpe de la bomba que, seg√ļn la versi√≥n de la ex modelo, fue disparada por un polic√≠a.

Jhajaira confiesa que en las ma√Īanas se desespera. “Es terrible porque a√ļn no me adapto al momento de abrir los ojos y despertar. A√ļn me olvido que no tengo un ojo, entonces no entiendo por qu√© no puedo ver para el lado izquierdo”, cuenta.

Coronas y un cartucho de bomba

Jhajaira participaba en un cacerolazo en Quito en medio de un toque de queda cuando, seg√ļn denuncia, un polic√≠a dispar√≥ una bomba lacrim√≥gena que impact√≥ su ojo izquierdo. Entonces, sinti√≥ que sus dientes “bailaban” y que la sangre brotaba.

“Eran como mollejas de pollo que colgaban de mi cara y el ojo (estaba) colgando”, se√Īal√≥ la comunicadora, que actualmente est√° desempleada.

Tras el incidente, el caso finalmente llegó a la Fiscalía. En su demanda, la afectada acusó al Estado ecuatoriano de uso excesivo de la fuerza.

Junto a sus bandas y coronas de fantasía, Jhajaira guarda el cartucho de una bomba lacrimógena que su padre halló en el lugar donde fue herida. En su vivienda también hay fotografías suyas en concursos de belleza luciendo trajes de gala.

Al mirar las cintas como la de candidata a reina de la capital, sonr√≠e con nostalgia. Recuerda que desde los cinco a√Īos particip√≥ en desfiles. Ahora “caminando r√°pido, no se nota” la pr√≥tesis, bromea.

En el registro de heridos de la Defensor√≠a del Pueblo, que debe ser validado por una “comisi√≥n de la verdad”, consta que 17 civiles sufrieron lesiones permanentes en sus ojos y la p√©rdida de la audici√≥n durante las manifestaciones.

Las casi dos semanas de protestas, que dejaron da√Īos por 821 millones de d√≥lares, cesaron luego de que el presidente Len√≠n Moreno derogara las medidas econ√≥micas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Rodrigo Buendía | Agence France-Presse
Rodrigo Buendía | Agence France-Presse

“La bombardeada”

Jhajaira sostiene que la noche que sufri√≥ la p√©rdida del ojo y fracturas en la √≥rbita protestaba pac√≠ficamente contra el desabastecimiento generado por los cortes de ruta junto a sus vecinos del tradicional barrio de La Tola, en el centro de Quito. “Lo que ped√≠amos era paz y quer√≠amos comida”, se√Īala.

Su aparici√≥n en medios locales usando primero un parche la hizo presa de la curiosidad de algunas personas que en la calle la miraban “fijamente” y murmuraban sobre su apariencia.

“Dec√≠an: la se√Īora del bombazo. Ese apodo me lo gan√©. O era tan grosera la situaci√≥n e √≠bamos a la Fiscal√≠a y los polic√≠as se codeaban y dec√≠an la bombardeada”, cuenta.

Aunque le qued√≥ el apodo, ya no es la misma mujer de los d√≠as siguientes a la tragedia. La pr√≥tesis le devolvi√≥ la sonrisa.”¬°Ay qu√© hermoso volver a verme completa!, ya no ver un hueco”, se emociona cuando recuerda su primera impresi√≥n frente al espejo.

“No es que perdimos un √≥rgano. No saben la mutilaci√≥n del alma que nos dejaron”, se√Īal√≥ Jhajaira.

“No s√© si este fue un m√©todo para a todos tenernos marcados e identificarnos, no s√© si este fue un m√©todo para reprimirnos m√°s el coraz√≥n y que tengamos miedo”, reflexion√≥.

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