TV y Espect√°culo
S√°bado 18 agosto de 2018 | Publicado a las 15:08
Periodista del ’Muy buenos días’ contó terrible experiencia: lo drogaron y le robaron
Publicado por: Fabián Barría
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Durante cinco horas, y por aceptar una cerveza de un desconocido, el periodista del matinal Muy buenos días, Matías Vera, estuvo drogado involuntariamente. No sabe qué dijo ni qué hizo. No recuerda nada. Sólo está seguro de que al incorporarse por completo, faltaban muchas cosas en su departamento de Santiago.

Vera es un periodista oriundo de Concepción que llegó hace pocos meses a Santiago para trabajar en el canal estatal. Pasó por el noticiero, para luego incorporarse al equipo del programa matutino conducido por Ignacio Gutiérrez, María Luisa Godoy y Cristián Sánchez.

Seg√ļn comenta, cay√≥ en la trampa hace un par de meses por inocente. Y es que la peor noche de Mat√≠as comenz√≥ cuando sali√≥ de fiesta con una amiga. “Hicimos una previa en su casa. Bailamos toda la noche, hasta que cerraron la disco y, cuando termin√≥, la fui a dejar a su casa”, cuenta en conversaci√≥n con BioBioChile.

La cerveza

Eran eso de las 05:00 horas y Vera pas√≥ a dejar a su compa√Īera. Estaba a unas cuatro cuadras de su departamento por lo que decidi√≥ caminar, pensando en que la luminaria p√ļblica le dar√≠a seguridad. A pesar de la hora, cerca de √©l a√ļn hab√≠a gente.

“En la Avenida Santa Mar√≠a hay feria todos los domingos. Cuando pas√© por ah√≠ hab√≠an hartas personas instalando sus puestos (…) hab√≠a mucha gente dando vueltas (…) yo no iba ebrio ni nada parecido”, recuerda.

Mientras apuraba el paso, apareci√≥ un joven. “Un compadre”, dice Mat√≠as. Le pidi√≥ plata, pero el periodista hab√≠a salido s√≥lo con tarjetas. “En ese momento empez√≥ a contarme que era de una comuna de la periferia de Santiago, y que sus amigos hab√≠an salido a carretear con √©l y lo hab√≠an dejado solo”, rememora. En tanto, Vera segu√≠a caminando, aunque ahora en compa√Ī√≠a de un desconocido.

La historia continu√≥. Que estudiaba educaci√≥n f√≠sica en alguna casa de estudios, que viv√≠a lejos, que no ten√≠a dinero. “Me cont√≥ algo tan bien contado, que le cre√≠ y me decid√≠ a acompa√Īarlo hasta que empezaran a pasar buses”, asegura el periodista.

Ambos se sentaron a esperar en una banca cercana a la feria, mirando al r√≠o Mapocho. El desconocido sigui√≥ cont√°ndole su vida, hasta que abri√≥ su mochila. “Sac√≥ una cerveza y me ofreci√≥. Yo le dije que no, porque no quer√≠a, no porque haya pensado mal. √Čl se la tom√≥ solo en unos minutos y sac√≥ otra cerveza”, cuenta Vera.

“Ya po, si me est√°s acompa√Īando, t√≥mate un sorbo. Uno no m√°s”, le dijo el joven. Mat√≠as la recibi√≥, pero reconoce que tiene problemas para abrir latas y la devolvi√≥. En cosa de segundos, y frente a √©l, el aparecido se la abri√≥ y se la pas√≥.

Eran cerca de las 06:00 horas y Mat√≠as le hizo caso. Tom√≥ un sorbo. El primer pensamiento fue “oh, la cerveza mala”. Estaba desvanecida y tibia, al menos eso fue lo que not√≥. M√°s tarde seguir√≠a conversando -y probablemente bebiendo-, pero bajo los efectos de una extra√Īa droga.

“Nos robaron”

“No recuerdo nada de nada”, dice Mat√≠as. De seguro estuvo un par de minutos m√°s con √©l. Despu√©s de ese primer sorbo la cerveza qued√≥ ah√≠ o se la devolvi√≥. No logra acordarse bien.

S√≥lo sabe con certeza que, horas m√°s tarde, despert√≥ en su casa porque su compa√Īero de departamento le golpe√≥ la puerta. “Mat√≠as, ¬Ņviste mi computador? No lo veo por ninguna parte”, lo emplaz√≥.

El periodista figuraba en su cama vestido, hasta con zapatillas puestas. “No tengo idea, ¬Ņpor qu√© yo tendr√≠a que saber?”, contest√≥. Quer√≠a seguir durmiendo. Todav√≠a no se incorporaba del todo, cuando escuch√≥ otras palabras que lo dejaron helado. Su compa√Īero le dijo que deber√≠a saber porque, seg√ļn escuch√≥ desde su pieza, lleg√≥ durante la madrugada con gente a “carretear” al departamento.

“Llegaste con tres o cuatro personas y se re√≠an, entraban al ba√Īo, a la cocina (…) se notaba que estabas en confianza”, le asegur√≥. Pero Vera no lograba acordarse. “En mi mente s√≥lo pensaba que eso nunca ocurri√≥”, dice el comunicador.

Se levantó apurado y miró a su velador. Su iPhone no estaba. Buscó y tampoco estaba su iPad, ni su computador. Hasta le faltaban trajes y dos pares de zapatos de su closet.

Sali√≥ de la pieza y se dirigi√≥ al lugar donde deb√≠a estar el computador de su compa√Īero. “Cuando vi, lo mir√© y al mismo tiempo dijimos ‘nos robaron’“, recuerda.

De vuelta a la pega y con tremendo program√≥n! ūüí™ @muybuenosdiastvn

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La √ļnica pista

Todos los archivos de los aparatos Apple, que est√©n conectados a una misma cuenta, van a dar a un ciberespacio en com√ļn. La “nube”, le llaman. A esa carpeta se puede acceder, tambi√©n, desde computadores. Mat√≠as hab√≠a bloqueado sus aparatos horas despu√©s de enterarse del robo pero, a√ļn as√≠, revis√≥.

Al mirar se encontró con una fotografía que aclararía la situación. Junto a todo su material, vio una imagen que no era de él. Aparecía otra persona que rápidamente logró identificar: era el mismo que le había dado la cerveza.

Vera interpreta que, luego del robo, una tercera persona le tomó la fotografía. BioBioChile tuvo acceso a la imagen (que por razones judiciales y de presunción de inocencia no publicará), y en ella se ve, de forma borrosa, a un hombre de perfil.

La denuncia en la PDI ya estaba hecha. El caso lo había tomado la Fiscalía Metropolitana Oriente. No obstante, no habían novedades.

La fotograf√≠a fue incluida en la carpeta de investigaci√≥n, pero a√ļn as√≠ no han habido resultados. “Han pasado varios meses, yo entiendo que la carpeta ya est√° a punto de archivarse”, explica el periodista.

¬°Nos gusta lo que hacemos! ūüíĖ

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La “droga” y c√≥mo no caer

Luego de darse cuenta de que varias de sus pertenencias no estaban en el departamento, Matías se puso en contacto con conocidos de la policía. En cosa de minutos le tomaron la declaración y le explicaron qué fue lo que le pasó. En ese momento recién comenzó a armar el puzle mental.

“Me detallaron que lo que tom√© fue una mezcla de benzodiazepinas que, seg√ļn me explicaron, son una mezcla de somn√≠feros y antidepresivos (…) lo que hacen es que no te vas a negro sino que producen que te vuelvas vulnerable. Le dicen la droga de la sumisi√≥n”, record√≥.

De esa forma, lograron que hiciera y dijera todo lo que le pidieron, olvidándolo todo en las horas siguientes. Las sospechas indican que de alguna forma inyectaron los químicos en el bebestible o, derechamente, los pusieron en la boquilla de la lata.

El doctor y expresidente de la AsociacioŐĀn Colombiana de Medicina FiŐĀsica y RehabilitacioŐĀn, Carlos Francisco Fern√°ndez, explic√≥ en una columna publicada en el peri√≥dico El Tiempo que gran parte de las drogas utilizadas para doblegar la voluntad provienen de las benzodiazepinas.

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“Se sabe que act√ļan en poco tiempo y a los treinta minutos pueden producir somnolencia, mareos, disminuci√≥n de la concentraci√≥n, falta de coordinaci√≥n, y a nivel cognitivo, confusi√≥n e incapacidad para discernir. Llama la atenci√≥n que producen un d√©ficit de la memoria, por lo que algunas personas no recuerdan lo que realizaron cuando estuvieron bajo sus efectos”, explica.

Por eso es que, en general, los delincuentes persiguen a sus víctimas hasta que las drogan, para luego cumplir sus cometidos: asaltar, robar casas o, incluso, abusar sexualmente.

El especialista recomienda “no recibir bebidas de extra√Īos, no perder de vista las bebidas propias, exigir que los envases sean destapados en su presencia y ante el cambio de sabor o caracter√≠stica de la bebida, simplemente abstenerse de tomarla”.

Adem√°s, se√Īala, en caso de encontrarse con una v√≠ctima, es necesario concurrir r√°pidamente a un recinto asistencial. As√≠, con el tratamiento adecuado, se evitar√≠a una absorci√≥n r√°pida de los qu√≠micos en el organismo.

De esto bien sabe Mat√≠as. √Čl, desde su experiencia, aconseja “jam√°s en la vida aceptar algo para tomar de nadie y nunca m√°s caminar de noche, aunque sean cuatro cuadras. En cuatro cuadras pueden pasar muchas cosas”.

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