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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Perry Samson, de la Universidad de Michigan, contó cómo quedó atrapado en un tornado en 2008, convirtiéndose en una de las pocas personas que sobrevivió a esto. En un reciente artículo en The Conversation, relata la aterradora experiencia y cómo decisiones rápidas y suerte lo salvaron.

Perry Samson, profesor emérito de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Michigan, relató cómo quedó atrapado en medio de un tornado y se convirtió en una de las pocas personas en el mundo que vivió para contarlo.

La anécdota le ocurrió en 2008, pero recientemente publicó un artículo en The Conversation donde contó la aterradora experiencia.

Allí dijo que “hoy estoy vivo solo gracias a decisiones tomadas en fracciones de segundo y a una enorme dosis de suerte. Créanme, no quiero volver a estar jamás en esa situación“.

Dentro de un tornado

Todo ocurrió en mayo del 2008, cuando Samson y un grupo de estudiantes de la Universidad de Michigan se encontraban cerca de una tormenta estudiando las “superceldas”, que son precisamente las tormentas eléctricas que producen los tornados.

El científico atmosférico dijo que la tormenta era tan oscura que, incluso en pleno día, tuvieron que encender las luces de los vehículos. En un momento, se formó un tornado que comenzó a avanzar peligrosamente hacia ellos.

“Los estudiantes iban en otros vehículos y lograron escapar, pero mi coche quedó rápidamente engullido por una nube de escombros tan densa que ni siquiera podía ver el capó”, contó.

Fue entonces que Samson pensó rápido y movió su auto en una posición que pensó que lo ayudaría. “Tomé una medida desesperada: giré el coche directamente hacia el viento, con la esperanza de que la aerodinámica del vehículo nos mantuviera pegados al suelo en lugar de volcar como un juguete”, explicó.

Una vez engullido, sintió los efectos en el cuerpo. “Un tornado es una zona localizada de presión que cambia rápidamente. No solo te destapan los oídos, sino que te duelen, como si unas manos gigantes te estuvieran apretando la cabeza“, recordó.

Mientras estuvo allí, dijo que todo a su alrededor era “una sopa de oscuridad” y que el viento era “sólido” y posiblemente más rápido que las velocidades de casi 241 km/h que habían medido en las cercanías de la tormenta.

“Mientras los escombros golpeaban mi parabrisas, me aterrorizaba la idea de ser aplastado por ellos; los tornados pueden levantar cercas, madera y metal de los edificios, ramas de árboles e incluso vacas. Los manuales recomiendan meterse en una zanja para tumbarse y estar más protegido de los escombros. Pero el viento era tan violento que ni siquiera podía abrir la puerta del coche. Me quedé agachado y recé“, confesó.

Finalmente, no le quedó más que esperar que pasara, y cuando terminó “el silencio fue ensordecedor”, aseguró, “mi coche de alquiler estaba atascado en el barro, la antena estaba doblada por la mitad y había trozos de paja incrustados en cada una de las juntas de la carrocería”.

Samson aclaró que cuando los científicos persiguen tormentas, lo hacen prudentemente, ya que no buscan experimentar los tornados, sino que los observan desde afuera. “Ver un tornado y los daños que causa es un poderoso recordatorio de que no podemos controlarlo todo”, concluyó.