“No hay espera en este trayecto /
solo la ruta del arrebato y la convicción”

Fragmento del libro.

Por Francisco Marín Naritelli

El poeta, editor y actor, Rodrigo Peralta (Santiago, 1973), testimonia su pasado, no desde la complacencia del progresismo nostálgico, sino desde la extrañeza de un presente hinchado de interrogantes. Como si el hoy no fuera tan diferente del ayer. Como si las traiciones pervivieran a pesar del paso de las décadas. Hablamos de Una luz imprudente, editado por Buenos Aires Poetry (2021).

“Mis reflexiones aclaran el tiempo /para convertirlo en presente continuo” (De-claro, pág. 14).

“Yo era el niño que iba junto a ese hombre la mañana del 76 caminando por el centro de la ciudad” (Trizado, pág. 66).

Recorridos, zigzagueo en la geografía urbana con “bototos y jeans arremangados y poleras marineras”. Peralta es un caminante, un callejero, pero de una ciudad distinta. Santiago de Chile, claro. Pero no Lastarria o el barrio Italia. Ni Plaza Ñuñoa. La otra cara de la ciudad, digamos, nos dice el poeta. Cumming, Villa Portales. Porque la otra cara de la ciudad ya es otra ciudad. Otra ciudad que huele a vino y a ceniza de cigarro en el suelo. Lleno de detalles: edificios viejos y carcomidos, un adornado paisaje como decoración, “como la mierda de perro o las ratas muertas afuera de los contenedores”. La suciedad, el asfalto. Otra ciudad que es un caldero: represión, pólvora, barricadas. El ruido, mucho ruido.

“Estallan las voces como truenos implacables, las vidrieras mitigan el daño de los inocentes que ruegan desde el silencio la absolución de la condena” (Expreso, pág. 61).

“Oigo nítido el ruido / que detona incertidumbre allá afuera. / Por medio de aquel ruido, la ciudad / versa / prosa / narra/ dramatiza” (El ruido, pág. 28).

“(…) Huele a pólvora / la ciudad, / husmea bajo cero y la sangre se estancó en la escarcha” (Lo, pág. 33).

Otra ciudad que es también la de la gente sencilla, la de a pie, la de las micros. No la de los cafés literarios, ni de los procrastinadores de salón.

“Prefiero entablar una charla con el verdulero / y la dueña del almacén de mitad de cuadra” (Contrapicado, pág. 22).

Heidegger decía que “construir es habitar”. Habitar es construir. Eso se destila en Una luz imprudente. El ser es territorio: habitar la vida de una manera “abismal”, advirtiendo la “interrupción”, percibiendo los “tropiezos”, las “lesiones al borde del quebranto”. Porque la “humanidad asedia”. Más todavía para los exiliados, que es un retorno cargado de fantasmas.

“El habitante sale a la ciudad con una libreta donde escribió algunas direcciones que recordaba. Es irreconocible el paisaje, el rio sigue su curso, sus aguas son pesadas y oscuras. Hay memorias inexistentes en el mapa. No encontró a nadie, ni siquiera algún vestigio” (El habitante, pág. 38).

“La tierra es el soporte de todo testimonio y confesión” (Reparación, pág. 59).

Hay un ajuste de cuentas. Con la historia. La sospecha inmisericorde hacia los convertidos. Hacia aquel “ícono de la resistencia cultural, un rezagado digno y legítimo de la década. Algo barrigón por el whisky y la cerveza. Amigo del librero, del cantinero, del partner hoy convertido en delincuente de estado, de los cultos e intelectuales amnésicos, del dealer de la plaza, del peluquero y del vagabundo de zapatos pulcros y bigote amarillo por el alquitrán” (De-claro 4, pág. 11).

Peralta asume lo ominoso, algo demasiado peligroso para los censores de la moralina cultural. Entiende que hay “claros en la umbra”, que la mirada “se vuelve aguacero oscuro”, recusando la Patria ensangrentada.

“La luz temprana del domingo / deja escapar el peso del hastío / simulando promesas” (Desvanecer (El rímel), pág. 17).

“Son los mismos días. El hastío. / Este vivir la fractura” (Fragmentos de jardín (Jacaranda), pág. 31).

Peralta, en definitiva, no nos escribe desde la hipócrita pose del divo literario. No. Él sabe que todo poeta es tributario de su época, sin pretender representar el canto de sirena de toda generación, y aún más, sin el ansia patética del reconocimiento de la multitud; ahí colinda “entre la quietud y la irritación”, cruzado por voces y memorias, ensayos y premoniciones, poéticas en estado alterado.

Y con rabia. Mucha rabia.

Editorial Buenos Aires Poetry (c)

Una luz imprudente

Rodrigo Peralta
Editorial Buenos Aires Poetry, 2021
87 páginas