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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La construcción de la Línea 9 del Metro en La Pintana desde 2025 traerá transformaciones económicas y urbanas al sur de Santiago. Representa una justicia territorial para una comuna que requiere desarrollo equilibrado. La urbanización inducida por la nueva accesibilidad debe ser planificada cuidadosamente, concentrándose en las estaciones y áreas urbanizadas. La plusvalía generada debe reinvertirse en equipamientos y vivienda accesible.

En Santiago, las nuevas líneas de Metro suelen anunciarse en kilómetros, estaciones y minutos ahorrados. En La Pintana, sin embargo, la Línea 9 también debería medirse en hectáreas, canales de riego y suelo agrícola.

Por Filipe Temtem

Las primeras obras comenzaron en la comuna durante 2025, donde se construirán el taller y las cocheras. El proyecto contempla cerca de 27 kilómetros y 19 estaciones, con una puesta en marcha gradual entre 2030 y 2033. Más que una mejora en el transporte, representa una intervención capaz de transformar la geografía económica y urbana del sur de Santiago.

Justicia territorial

Que el Metro llegue a La Pintana constituye un acto de justicia territorial. Durante décadas, el Estado trasladó población hacia el sur mucho más rápido de lo que llevó empleos, servicios e infraestructura. La comuna no quedó al margen por accidente: fue construida como periferia mediante políticas que resolvieron el déficit habitacional sobre suelo barato. Pero pocas veces construyeron ciudad con la misma intensidad con que levantaron viviendas.

Por eso, La Pintana no es un territorio vacío esperando urbanizarse. En ella conviven barrios densos, antiguas parcelas, infraestructura agrícola, canales de riego y grandes predios que mantienen viva la relación entre Santiago y la cuenca del Maipo. Esa condición urbano-rural no es un rezago del pasado, sino un activo territorial que la ciudad debería aprender a integrar a su desarrollo.

La llegada de la Línea 9 creará una nueva centralidad y elevará el valor del suelo. Incluso antes de que circule el primer tren, los terrenos cercanos a las estaciones comenzarán a atraer interés inmobiliario. Una mayor accesibilidad puede impulsar comercio, empleo y vivienda bien localizada. El problema aparece cuando la única respuesta consiste en extender la ciudad sobre terrenos agrícolas o repetir conjuntos residenciales desconectados de la economía local.

Fac. de Arquitectura, Arte y Diseño, USS.

La Pintana cambiará pero…

La discusión ya dejó de ser hipotética. El Plan Urbano Habitacional La Platina avanza con más de 4.500 viviendas y un parque urbano de 42 hectáreas. Responde a una necesidad habitacional evidente, pero confirma que la transformación de los antiguos fundos ya comenzó. La pregunta no es si La Pintana cambiará, sino bajo qué reglas.

El dilema no es elegir entre Metro o agricultura. El túnel no amenaza los campos; lo hace la urbanización inducida por la nueva accesibilidad cuando carece de planificación. Metro construye movilidad, pero no decide dónde se edificará, qué suelos se protegerán ni quién capturará la plusvalía generada por la inversión pública. Esas decisiones pertenecen a la planificación urbana.

Por ello, el crecimiento debería concentrarse alrededor de las estaciones y sobre áreas ya urbanizadas, acompañado de escuelas, centros de salud, espacios públicos, empleo y comercio.

Densificar no significa solo sumar habitantes, sino construir ciudad. Al mismo tiempo, los suelos agrícolas no pueden seguir tratándose como reservas para futuras urbanizaciones. Forman parte de un sistema territorial integrado por producción, infraestructura hídrica, parques y patrimonio paisajístico que también cumple funciones ambientales y económicas para la metrópolis.

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Plusvalía y reparación

La valorización del suelo abre otra discusión ineludible. Cuando una inversión pública crea nuevas centralidades, parte de esa plusvalía debiera retornar al territorio mediante equipamientos, vivienda accesible, espacio público y fortalecimiento de las economías locales. De lo contrario, el Estado financia la accesibilidad mientras los beneficios quedan concentrados en unos pocos propietarios.

La urgencia es evidente. En mayo de 2026, el nuevo Plan Regulador Comunal aún se encontraba en su tercera etapa participativa. La infraestructura avanza más rápido que el instrumento destinado a orientar sus efectos urbanos, abriendo espacio para que las decisiones terminen respondiendo más a presiones inmobiliarias que a un proyecto territorial compartido.

La Línea 9 puede convertirse en una infraestructura de reparación urbana, capaz de acercar oportunidades sin destruir la identidad territorial de La Pintana. O puede repetir un patrón conocido: expandir la ciudad sobre suelos valiosos y concentrar viviendas sin producir verdadera urbanidad.

Su éxito no debería medirse únicamente por los minutos que reduzca el viaje al centro. También por el empleo que genere dentro de la comuna, los servicios que incorpore, la calidad de sus espacios públicos y la capacidad de preservar aquello que hace única a La Pintana. Porque conectar un territorio no debería significar borrar aquello que le da sentido.

Filipe Temtem, director de Extensión de la Fac. de Arquitectura, Arte y Diseño, USS

Filipe Temtem
Director de Extensión Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño
USS (Universidad San Sebastián)