El último día de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que se llevó a cabo del 23 de abril al 11 de mayo en la ciudad capital de Argentina, el stand de Ediciones de la Flor era un caos ordenado: gente amontonada, tres piñatas, velas y libros a 5.000 pesos (aproximadamente cuatro dólares) apilados en mesas de liquidación. No era una celebración, era una despedida.
“Es nuestra última feria, y nuestro último año de actividad”, explicaba un cartel a los paseantes que se detenían, algunos sorprendidos, otros aliviados por haber llegado a la cita para despedir a una parte de la historia argentina. Ediciones de la Flor, la editorial independiente argentina que durante 60 años publicó la obra de Joaquín Lavado —Quino—, entre la que se destaca la historieta Mafalda, a Roberto Fontanarrosa y a Rodolfo Walsh, entre cientos de otros autores, cierra sus puertas.
“Hoy hay que disfrutarlo, después vendrá el duelo”, le dijo a BioBioChile una trabajadora del stand. “Viene gente y te abraza al corazón, al alma. Están tristes, indignados. No pueden creer. Me dicen que no quieren comprar en la nueva editorial”.
El golpe de Mafalda
La despedida, impresa en una de las paredes del stand 1509 del Pabellón Amarillo, resume seis décadas de historia y los motivos del final: “Nuestros autores más importantes han sido nuestra familia, pero sus herederos eligieron otros rumbos. Editar libros en Argentina siempre fue una carrera con vallas y hasta aquí hemos llegado a los saltos“.
El detonante más doloroso fue la pérdida de Mafalda. En 2025, los herederos de Quino decidieron mudar toda su obra al grupo multinacional Penguin Random House. Antes, la obra de Roberto Fontanarrosa había migrado a otra gran editorial, Planeta.
“Hoy la tecnología y el estado de la economía exigen nuevos y muy diferentes desafíos, que resultan determinantes para una editorial que ha mantenido su independencia como bandera”, explica el cartel.
La cofundadora de la editorial, Ana María “Kuki” Miler, de 82 años, refuerza la idea en diálogo con el diario argentino Página 12: “No hay forma de que una editorial del tamaño de la nuestra pueda mantenerse en un mercado que está perdiendo lectores y ventas”, y señala que el clima político influyó en su decisión: “El Gobierno no apoya a la cultura; insulta a todos los que componemos el grupo. Fue un motivo que influyó muchísimo para que parara en este momento”.
Identidad nacional
Todo empezó en 1966, cuando un grupo de escritores y lectores cercanos, entre los que estaba la pareja de Miller, Daniel Divinsky, se reunieron para ponerle nombre al proyecto. Al escuchar la magnitud de las intenciones, una de las participantes exclamó: “Lo que ustedes quieren hacer es una flor de editorial”. Y así nació el nombre. En 1970 comenzaron a publicar a Quino, luego llegó Fontanarrosa y, aunque nunca dejaron de editar ensayo, poesía, infantiles y literatura, fueron los libros de humor gráfico los que los llevaron a más lectores, a los kioscos de diarios y a las librerías de Argentina y el mundo.
Sus editores estuvieron presos y en el exilio en Venezuela durante la última dictadura militar. Aun así, la editorial estuvo presente en todas las ferias del libro desde 1975, sobrevivió a la hiperinflación y a la crisis de 2001. Sesenta años después, lo que no pudo ninguna de esas tormentas lo pudo 2026.
“Nos despedimos, sabiendo que nuestro legado vive en las nuevas editoriales fundadas por jóvenes que crecieron con nuestros libros, y que esos libros que editamos con convicción y amor todos estos años seguirán en las bibliotecas y la memoria de nuestros lectores”, cuenta el cartel de despedida.
Un espejo al otro lado de la cordillera
Lo que sufrió Ediciones de la Flor no es ajeno a la realidad de las editoriales independientes en Chile.
Según el Informe de Caracterización del Mercado Editorial Chileno 2019-2024, por encargo del Ministerio de las Culturas, la Corporación del Libro y la Lectura —que agrupa principalmente a empresas transnacionales— concentra el 81,4% de los ISBN registrados en el país. Las editoriales independientes, que son al menos 200 y representan al 10% del mercado, compiten con recursos incomparablemente menores.
“Para las independientes es muy difícil competir con las grandes en todo nivel: librerías, márketing, compras del Estado, que han ido también a la baja o se han estancado en los años recientes”, explica a BioBioChile Marcela Fuentealba, editora de Saposcat y miembro de Clic Editoras.
“Además, las más pequeñas competimos con los libros de afuera: aunque existe una Política del Libro que supondría que los organismos estatales debieran favorecer en sus compras, en un 60%, los libros publicados en Chile, eso no sucede. Vemos que en licitaciones públicas a veces se compran más libros extranjeros, y no por una cuestión de calidad”, añade.
El mismo informe del Ministerio de las Culturas muestra que, en las compras del programa CRA del Mineduc, el 43% de los títulos adquiridos son de origen español, frente a un 38,9% chileno.
Los recortes empeoran el panorama. “En el Ministerio de las Culturas no se recortó el 3% como en los demás ministerios, sino el 10%, lo que indica una tendencia. Cada recorte y cada fondo que no se entrega puede significar el fin de una editorial”, advierte Fuentealba.
Y agrega: “Estamos atentas y un poco cansadas también de que libros preciosos, hechos con mucho esfuerzo, caigan en saco roto, mientras los discursos políticamente correctos hablan de la importancia de la lectura”.
El mercado lector tampoco ayuda. Según datos citados por Fuentealba, aunque más del 70% de la población chilena dice que lee, solo un 16,7% afirma leer libros, y menos de un 10% lee más de diez al año.
La editorial seguirá operando hasta fin de año. A pesar de las ofertas que vinieron después del anuncio de cierre, Miler descartó vender el sello: “Es una hija para mí, no soportaría ver publicados con mi sello libros que no me gustan o que yo no quisiera”, le dijo a El País.