Internacional
Lanata y la Izquierda en Latinoamérica: Cuando la ideología y la moral no conectan
Publicado por: Patricia Acu√Īa
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Varios son los hechos que han opacado a los l√≠deres de izquierda en Am√©rica Latina. A m√°s de un a√Īo de su destape, el caso Caval, en el que se vio involucrado el hijo de la presidenta Michelle Bachelet, a√ļn sigue dando de qu√© hablar.

Por otro lado, persiste la polémica por el supuesto hijo secreto de Evo Morales en Bolivia mientras que el exmandatario Lula da Silva, de Brasil, está siendo cuestionado por el caso Petrobrás y las coimas que recibió.

Cristina Fern√°ndez en Argentina y Nicol√°s Maduro en Venezuela tampoco quedan fuera.

¬ŅHay diferencias que roben de la derecha o de la izquierda? Probablemente que “el que nos roba por izquierda nos roba tambi√©n la √ļnica esperanza de que esto sea distinto”. As√≠ lo expone el periodista argentino, Jorge Lanata, en el diario Clar√≠n.

A continuación te dejamos el texto íntegro de esta columna de opinión.

Robar desde la izquierda tiene charme. Ahora resulta que hay un complot continental que ‚Äúoblig√≥‚ÄĚ a distintos l√≠deres regionales a volcarse al bolsillo ajeno. No habr√≠an podido evitarlo. Sebasti√°n D√°valos, el hijo de Bachelet, fue llevado por la fuerza a una reuni√≥n con su esposa y el vicepresidente del Banco de Chile para pedir un cr√©dito de 10 millones en plena campa√Īa electoral. Con el cr√©dito express el matrimonio compr√≥ unos terrenos que al poco tiempo fueron reevaluados por el fisco y gan√≥ una amplia diferencia.

Evo Morales fue arrastrado por agentes de la CIA hasta la cama de Gabriela Zapata Monta√Īo, tuvo un hijo no reconocido con ella, y reci√©n ahora -que Zapata maneja la empresa CAMC, con millonarios contratos con su gobierno- recuerda vagamente el v√≠nculo.

Lula se tropez√≥ con el Petrolao porque el imperialismo lo puso all√≠. Petrolao -as√≠ lo llama la prensa brasile√Īa- refiere a un negocio de coimas con Petrobras por m√°s de dos mil millones de d√≥lares, b√°sicamente con constructoras. A Lula se le acusa de haber comprado un triplex en Guaruja, San Pablo, con coimas de la empresa OAS, y de haber reformado su casa de fin de semana de la zona de Atibaia con dinero de Odebrecht -est√° probado judicialmente-, cuyo presidente est√° detenido hace meses por esta investigaci√≥n.

En los casos de Maduro y Cristina Kirchner, son tantos los negocios que valdr√≠a la pena decir como resumen que fue inevitable para ellos robarse Venezuela y la Argentina. Estas denuncias -seg√ļn afirm√≥ un art√≠culo aparecido en P√°gina/12- ‚Äúforman parte de una ofensiva coordinada a escala continental contra los gobernantes populistas que en la √ļltima d√©cada transformaron el panorama econ√≥mico, pol√≠tico y social de Sudam√©rica, y contra los l√≠deres de los movimientos sociales que los impulsaron y sostuvieron‚ÄĚ. Lula y Dilma hoy recurren a la misma excusa a la que recurri√≥ Cristina cuando se conocieron los bolsos de L√°zaro B√°ez y la empresa de Seychelles: ‚ÄúIntentan dar un golpe‚ÄĚ, dicen. El propio N√©stor lo hubiera justificado a√Īos atr√°s: ‚ÄúHay que hacer plata para hacer pol√≠tica‚ÄĚ.

El problema son los sastres: el bolsillo no divide un dinero del otro, y es habitual que parte de la pol√≠tica vaya a un triplex en Guaruja. Le pas√≥, sin ir m√°s lejos, al setentismo expl√≠cito m√°s all√° de su fundamentalismo: ¬Ņalguien cree que hab√≠a asientos del dinero de los secuestros? ¬ŅPodr√≠a responderlo el propio Verbitsky, autor del p√°rrafo citado, si tuviera el coraje para hacerlo? Tambi√©n ser√≠a bueno recordar que los secuestros ‚Äúpol√≠ticos‚ÄĚ derivaron durante la dictadura a secuestros comunes en Brasil y Espa√Īa, para dar s√≥lo un par de ejemplos.

El bolsillo mezcla, y es dif√≠cil volver a pasar de business a turista. Pero ahora el panorama es la imagen de unos peque√Īos y tiernos ciervitos bien intencionados acorralados por las fauces de la prensa conservadora. Pero cuando el ciervito le afana el tr√≠plex a los que lo votaron, ¬Ņqu√© deber√≠amos hacer? La discusi√≥n es en verdad muy vieja y tiene que ver con los medios, los fines, la laxitud, los supuestos due√Īos de la moral y los l√≠mites que se imponen en el poder aquellos que creen tener siempre la raz√≥n.

¬ŅHay alguna diferencia entre que nos roben por derecha o por izquierda? Tal vez haya una: que el que nos roba por izquierda nos roba tambi√©n la √ļnica esperanza de que esto sea distinto. Es lo que la d√©cada de populismo nos mostr√≥. La √ļnica esperanza, otra vez, es una democracia quiza gris pero plagada de controles, donde los bolsillos tengan las divisiones del caso. La idea del complot no hace diferencias pol√≠ticas: siempre es mejor adjudicar el presente a un plan externo para perjudicarnos que a responsabilidades propias.

Tal vez sea ingenuo, de nuestro lado, pensar que izquierda o derecha hacen diferencias a la hora de abusar del poder. El sentido de la divisi√≥n de poderes atiende justamente a eso desde hace siglos:cualquiera puede verse tentado, nadie est√° santificado por su ideolog√≠a sino por su conducta. Dijo hace unos d√≠as Marcos Pe√Īa, el jefe de Gabinete, que el kirchnerismo le parec√≠a ‚Äúinfantil‚ÄĚ. Lo es: hay pobres buenos, ricos malos, empresas codiciosas, militantes generosos, l√≠deres clarividentes.

El kirchnerismo es un inmenso estereotipo: una novela berreta de las dos de la tarde, la historia de la mucama enamorada del millonario. Pero no es eso lo asombroso, lo asombroso es que haya dominado durante doce a√Īos la escena pol√≠tica argentina. ¬ŅD√≥nde estaban los que ten√≠an que decir que no? A la hora de gobernar hemos visto que la supuesta izquierda ocupa el poder como la peor de las derechas. La ideolog√≠a y la moral no conectan necesariamente. Si fuera as√≠, ser√≠a todo m√°s f√°cil.

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